“La vanidad hizo la Revolución; la libertad fue solo un pretexto” es una cita comúnmente atribuida a Napoleón Bonaparte, y muy pertinente para la persistente fijación del presidente Trump con el Premio Nobel de la Paz y sus consecuencias políticas para Venezuela.
Como es bien sabido, el Premio Nobel de la Paz 2025 fue otorgado a María Corina Machado, líder del movimiento por la libertad de Venezuela. ¿Sus méritos? Ha luchado contra la dictadura chavista desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999 y comenzó a desmantelar las instituciones del país. Al principio lo hizo a través de una ONG dedicada a supervisar los procesos electorales, y luego mediante la participación política. En lugar de exiliarse, esta mujer, que proviene de una familia reconocida y se formó como ingeniera industrial, eligió arriesgarlo todo en la búsqueda de la libertad.
Fue golpeada, hostigada, secuestrada, procesada en los tribunales irregulares de Chávez y Nicolás Maduro (su igualmente despreciable sucesor), se le prohibió salir del país y se le impidió ver a sus hijos, quienes tuvieron que establecerse en el extranjero, graduarse, iniciar sus propias carreras, casarse y tener hijos, y fue inhabilitada para ejercer cargos públicos, primero expulsándola de la Asamblea Nacional y luego impidiéndole participar en cualquier elección. Por ser mujer, por ser intransigente y por tener convicciones liberales clásicas, fue menospreciada incluso por la propia oposición, que no la tomó en serio. Poco a poco, a paso de hormiga, se ganó el respeto de los votantes. Un cuarto de siglo después, se convirtió en una figura nacional ampliamente admirada y en la única esperanza de su país.
En las primarias de 2023, organizadas sin la participación de las autoridades, obtuvo el 92 % de los votos para representar a la oposición unificada en los comicios presidenciales del año siguiente, en los que el dictador Nicolás Maduro buscaría su tercer mandato. Por supuesto, fue inhabilitada. Pero encontró un sustituto en Edmundo González, un diplomático de trato afable, en sus setenta y tantos años, de quien muy pocos venezolanos habían oído hablar, pero que tuvo el valor de aceptar el reto.
El respaldo de María Corina hizo posible que él ganara las elecciones de julio de 2024 con casi el 70 % de los votos. ¿Cómo lo sabemos? Porque Machado montó una de las operaciones más brillantes jamás organizadas por un movimiento por la libertad bajo un régimen totalitario brutal. Con la ayuda, o la aceptación pasiva, de las fuerzas de seguridad del gobierno que custodiaban muchos de los centros de votación, y de miles de votantes independientes bien entrenados, obtuvo las actas de escrutinio que reflejaban el voto real y las transmitió electrónicamente al mundo exterior.
A pesar de una represión que alcanzó niveles horrendos (miles de personas fueron encarceladas y muchas asesinadas), González y Machado organizaron varias manifestaciones de protesta. Finalmente, González se exilió; su yerno fue secuestrado por el régimen en un intento de silenciar al ganador. Machado permaneció en el país, pasó a la clandestinidad y siguió presionando para que se reconocieran los resultados electorales y llamando a la caída del régimen, apelando a los militares para que le dieran la espalda a Maduro. Prometió una transición pacífica y una amnistía para los hombres y mujeres uniformados, así como para los civiles del gobierno, con excepción de aquellos personalmente culpables de crímenes atroces.
Esta es la heroica mujer que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2025, un símbolo de la resistencia de su pueblo ante una de las historias más trágicas del siglo XXI. Ella dijo que pertenecía al pueblo venezolano y prometió llevarles la medalla.
Hasta que Trump intervino y prácticamente la obligó a “compartirlo” con él, como hizo recientemente durante su visita a la Casa Blanca. Pasa por alto que el Premio Nobel no puede ser transferido ni compartido, como ha declarado recientemente el Comité Noruego del Nobel. ¿Qué tipo de líder le quitaría el Premio Nobel a una mujer como Machado y al pueblo venezolano? El tipo de líder que es Donald Trump.
El presidente estadounidense le ha apuntado con un arma a la cabeza de Machado desde el día en que ella lo recibió, utilizando todo tipo de tácticas: menospreciando su papel, ignorándola, insultándola y, finalmente, dejándola fuera del proceso de transición que se está llevando a cabo en Venezuela bajo el liderazgo de todo el aparato chavista, excepto Maduro, que fue capturado y trasladado a una prisión estadounidense. Un hombre que preside un presupuesto militar de un billón de dólares, controla más de tres mil ojivas nucleares, se ha autoproclamado gobernante de Venezuela y propietario de su petróleo, y mantiene doce buques de guerra y el grupo del portaaviones USS Gerald R. Ford en el Caribe, colocó a Machado en una posición imposible. O bien “compartía” el premio con él, o bien ella y la abrumadora mayoría de los venezolanos que la ven como la verdadera líder del país serían ignorados indefinidamente hasta que Trump decidiera que deberían celebrarse elecciones con otros candidatos “más aceptables”.
Mientras tanto, ella se tragó su orgullo, mantuvo la vista puesta en el objetivo final, lo aduló y jugó con su ego “compartiendo” el Premio Nobel con él, a pesar de las críticas de muchos venezolanos y otros, con la esperanza de que, al halagar la vanidad del presidente estadounidense, lograría el objetivo de toda su vida: la liberación del pueblo venezolano. Porque, al fin y al cabo, estas pequeñas humillaciones no son nada comparadas con las que ha sufrido en Venezuela por la causa de la libertad.
Traducido por Gabriel Gasave
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