“No estamos apañando a ningún funcionario del gobierno como parte de esto”

12 de agosto, 2010

El siguiente texto fue publicado para un simposio patrocinado por el Center of the American Experiment, intitulado How Can We Better Encourage and Reinforce the Most Entrepreneurial and Talented Among Us?

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“La innovación es el instrumento específico de la iniciativa empresarial. El acto que dota a los recursos de una nueva capacidad para crear riqueza”. —Peter Drucker

“La tarea del empresario es seleccionar entre la multitud de proyectos tecnológicamente factibles aquellos que satisfarán las más urgentes de las necesidades aún no satisfechas del público”. —Ludwig von Mises

Fiel al mito del benévolo gobierno grande de la era progresista, en la reciente “Cumbre Presidencial del Empresariado” de Barack Obama los emprendedores se sentaron detrás de los funcionarios gubernamentales senior. El portavoz de la Cumbre Ben Rhodes, asesor adjunto sobre seguridad nacional del Departamento de Estado, señaló inicialmente que “el espíritu empresarial es un valor estadounidense fundamental, y es también una fuerza que tiene la capacidad de liberar las oportunidades para las personas de todo el mundo. . . . No estamos apañando a ningún [énfasis añadido] funcionario del gobierno como parte de esto. Esta es una Cumbre que va a reunir a los emprendedores—emprendedores sociales. . . en torno a esta cuestión de cómo podemos galvanizar el espíritu empresarial en nombre del crecimiento económico.”

En verdad, el programa no estuvo conducido por emprendedores, sino por el Secretario de Comercio, el administrador de la Agencia Federal para el Desarrollo de la Pequeña Empresa, el Director de la Oficina de Innovación Social y Participación Ciudadana de la Casa Blanca, y un director senior para el compromiso global del personal de seguridad nacional de la Casa Blanca, además de otros funcionarios, con palabras de clausura por parte de la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

Anteriormente, en un discurso pronunciado el 3 de marzo de 2008, en el Constitution Center de Filadelfia, Obama describió a la libre empresa privada como “una cultura corporativa plagada de abusos de información privilegiada; prácticas contables cuestionables y codicia cortoplacista. . . el verdadero problema no es que alguien que no luzca como usted pueda quedarse con su empleo; es que la corporación para la que usted trabaja lo enviará al extranjero nada más que por lucro”.

Las actuales políticas de Washington reflejan la creencia de Obama de que la dirección del gobierno (cartelización) de las empresas e instituciones civiles es esencial para resolver la mayor parte de los problemas económicos y sociales. Por otra parte, esta visión “progresista” ha considerado a los programas gubernamentales, incluyendo los préstamos, subsidios y programas de capacitación del gobierno, como algo esencial para fomentar la única clase de espíritu empresarial que resulta beneficiosa e incluso posible para la mayoría de la gente, la del tipo económicamente dependiente y controlado. Mientras tanto, esta clase de programas en Maine, Minnesota, Nueva York, Iowa y California han demostrado ser fracasos, al drenar hacia despilfarradoras agencias gubernamentales los recursos empresariales que de otro modo serían utilizados productivamente para servir a los consumidores.

Exactamente de manera contraria a la opinión de Obama, el factor crucial para mejorar la vida en todas las sociedades ha sido la libre empresa privada en la que los individuos buscan adaptarse a las cambiantes condiciones y elevar sus vidas y las de los demás. Como tal, el espíritu emprendedor no es ni creado ni nutrido por el gobierno, ni se encuentra reservado a los privilegiados—de hecho, se lo encuentra en las comunidades más pobres de países de todo el mundo. En su reciente libro Lecciones de los Pobres: El triunfo del espíritu emprendedor, Alvaro Vargas Llosa pone de manifiesto que incontables millones de emprendedores a pequeña escala en Africa, Asia, América Latina, y en otras partes trabajan afanosamente para producir una amplia gama de bienes y servicios, a pesar de las enormes cargas creadas por la burocracia gubernamental y la corrupción.

El espíritu emprendedor puede ser plenamente beneficioso para cualquier sociedad solamente en la medida en que las personas sean libres de canalizar sus esfuerzos hacia actividades voluntarias y de cooperación que creen riqueza. Cuando los gobiernos dominan a una sociedad, los individuos emprendedores son asfixiados y con demasiada frecuencia encaminados equivocadamente hacia el clientelismo político a fin de utilizar el poder del gobierno para perseguir dudosos emprendimientos a través de la protección arancelaria, los subsidios y las regulaciones, todo lo cual sirve para inhibir, desviar y destruir la creación de riqueza.

Como analiza Benjamin Powell en su libro Making Poor Nations Rich: Entrepreneurship and the Process of Economic Development, el enorme progreso económico reciente de China, India, Estonia, Irlanda, Nueva Zelanda, y Botsuana demuestra vívidamente el poder del espíritu emprendedor resultante de la liberalización económica. En tales casos, el dinámico proceso de innovación y productividad se encuentra desatado en la medida en que los valores civiles de los derechos y las responsabilidades individuales sean respetados en el marco de un Estado de Derecho, con derechos de propiedad definidos y contratos que se hagan cumplir, bajos impuestos, sistema monetario sólido, y una interferencia del gobierno estrictamente limitada.

Diversos economistas han demostrado que sin la libertad de aprender, descubrir, y actuar, el proceso de la iniciativa empresarial se ve obstaculizado, y el progreso económico no es posible. Por ejemplo, el premio Nobel F.A. Hayek hizo hincapié en que debido a que los detalles de tiempo y lugar son excepcionalmente percibidos en determinados momentos por algunas personas y no por otras, el descubrimiento empresarial se encuentra descentralizado para los individuos en un proceso espontáneo y dinámico. En La Riqueza de las Naciones, Adam Smith comprendió que el hecho de tener acceso a este conocimiento del tiempo y lugar de la oportunidad conduce al descubrimiento empresarial. Se refería a cómo el descubrimiento empresarial es necesario para que cualquier empresa sobreviva, y que cuando dicho proceso es ignorado u obstaculizado por edictos del gobierno, los métodos de producción de la empresa pueden fácilmente tornarse obsoletos y quedar la empresa con pérdidas crecientes.

Como resultado, el afán de lucro del espíritu emprendedor es esencial para toda clase de progreso económico y social. Todo este afán de lucro consiste en una combinación de los rendimientos pecuniarios y no pecuniarios y la magnitud o ausencia de cada forma de rendimiento varia, dependiendo del tipo y las circunstancias de la empresa. Ni el poeta, ni el trabajador social, ni el físico pueden volverse financieramente ricos por su trabajo, a pesar del mérito intrínseco, pero cada uno de ellos es un emprendedor. Las consideraciones financieras están a menudo presentes en el espíritu emprendedor social, pero pueden no factorizar tan alto como lo harían para los emprendedores comerciales que negocian en la Junta de Comercio de Chicago, por ejemplo. Esta es la razón por la cual el gurú del espíritu emprendedor Peter Drucker asevera lo siguiente respecto de una firma privada, basada en la fe y con iniciativa empresarial, el Ejército de Salvación: «El Ejército de Salvación es por lejos la organización más efectiva en los EE.UU.. Nada siquiera se le acerca con relación a la claridad de su misión, capacidad de innovar, resultados mensurables, dedicación y maximización en la utilización del dinero”.

De manera similar, en su libro The Voluntary City: Choice, Community, and Civil Society, David Beito, Peter Gordon, y Alexander Tabarrok demuestran que la empresa privada y el espíritu emprendedor social forman la base para la mayor parte de los progresos en el tratamiento de cuestiones como el comercio, la educación, el empleo, la seguridad, el bienestar social, el transporte, etc. En síntesis, el desarrollo basado en el mercado y en el derecho de propiedad, y el espíritu emprendedor basado en la comunidad, no el gobierno de comando y control, es lo que posibilita el progreso del bienestar humano.

Traducido por Gabriel Gasave

  • (1949-2022) fue el fundador, presidente y director general del Instituto Independiente.

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