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Las leyes contra los aumentos abusivos de precios no benefician a los consumidores
13/9/2017
Abigail R. Hall, Michael Coon

El gobernador de Florida, Rick Scott, ha declarado el estado de emergencia anticipándose al huracán Irma. La Fiscal General Pam Bondi ha activado la línea directa sobre los incrementos de precios abusivos de Florida. Los consumidores de Florida deben llamar e informar sobre casos de “abusos” o aumentos de precios extremos en bienes como alimentos, agua, hielo, gasolina, madera, hoteles y otros artículos. Los infractores de las leyes de Florida contra los aumentos abusivos pueden estar sujetos a multas de 1.000 dólares por cada infracción.

Aunque pueda parecer una buena idea, estas leyes contra los precios abusivos perjudicarán a las mismas personas a las que están destinadas a proteger—los consumidores de Florida. Al no permitir que los vendedores de bienes esenciales aumenten sus precios considerablemente, la Fiscal General probablemente impedirá que miles de personas obtengan los recursos que necesitarían después de un huracán y, en última instancia, desacelerará la recuperación.

Puede sonar poco intuitivo, pero es simple economía.

Cuando un desastre como un huracán azota un área, uno esperaría que la demanda de muchos artículos aumente. Este aumento de la demanda provoca que los precios de estos bienes también suban. Estas variaciones de precios cumplen dos funciones muy importantes en el sistema económico.

En primer lugar, estos precios envían señales a los actores del mercado. Si el precio de la madera sube, los productores y los consumidores verán que la madera es más valiosa.

En segundo lugar, los precios ofrecen fuertes incentivos. Si el precio de la madera sube, los consumidores economizarán y comprarán sólo lo que realmente necesitan. Si la madera no es realmente una necesidad, el consumidor puede elegir abstenerse de realizar del todo su compra, liberando estos recursos para alguien que esté dispuesto a pagar ese precio más alto. Por el lado del productor, el precio más alto proporciona a los vendedores el incentivo para producir y vender más de un bien en particular. El hecho de que puedan vender un bien por un precio más alto significa que ganarán más dinero si pueden suministrar unidades adicionales en el mercado. Esto incrementa la oferta de bienes, lo que ayuda a reducir los precios.

Las leyes contra los precios abusivos perturban estos importantes mecanismos y provocan consecuencias adversas.

Considere un ejemplo sencillo.

Digamos que usted vende generadores en Georgia. Después de que un huracán impacta más al sur, usted nota que el precio de los generadores en la Florida es el doble de aquel al que usted puede vender. ¿Qué podría hacer? Es razonable que algunos proveedores carguen autos y camiones con generadores y los lleven a Florida, ofreciéndoles a los habitantes de ese estado la oportunidad de adquirir el tan codiciado producto. Aquellos consumidores que realmente valoran los generadores se ofrecen a pagar el precio más alto, mientras que aquellos que no, se abstienen de comprarlos. Además, a medida que más vendedores lleguen al mercado con generadores, tendrán que competir con otros proveedores, bajando así el precio de los generadores.

Sin embargo, cuando las leyes contra los aumentos abusivos de precios están en vigencia, los compradores y vendedores no reciben el mensaje importante que los precios envían. Como resultado de ello, la oferta no se eleva para satisfacer la demanda. Cuando esto sucede, ocurren varias cosas.

Primero, los consumidores saben que los suministros serán limitados, de modo tal que se apresuran a obtener lo que puedan antes de que desaparezca. Esto a menudo resulta en largas colas y un tiempo de espera que podría haber sido utilizado para prepararse o recuperarse de un desastre.

Segundo, los que se encuentran primero en la fila probablemente comprarán más de lo que necesitan, temiendo una escasez futura. Los que quedan atrapados al final de la cola pierden estos recursos, mientras que los mismos permanecen sin usar en la casa de alguna otra persona.

Tercero, aparecen los mercados ilegales. Las personas que están al frente de la línea pueden vender los productos a quienes están en la parte de atrás con un gran sobreprecio. Los consumidores seguirán pagando precios más altos, pero los productores no aumentarán la oferta.

Este escenario se ha reproducido una y otra vez. Tomemos los efectos recientes del huracán Harvey en Texas. Al igual que en Florida, las leyes de Texas prohíben el incremento abusivo de precios. El reciente huracán ha atestiguado la subsiguiente escasez de alimentos e incluso a personas luchando por el suministro limitado de gasolina. Muchas de estas escaseces, riñas y otras transacciones posiblemente desagradables podrían haberse evitado si al sistema de precios se le hubiera permitido hacer su trabajo.

Cuando se trata de desastres naturales, la gente se apresura a desear ayudar a los afectados. Esto es ciertamente admirable. Sin embargo, es importante asegurarse que las políticas sean realmente beneficiosas. Mantener los precios bajos es inútil si no queda nada para comprar. En el caso de las leyes contra los aumentos abusivos de precios, estos mandatos no sólo son ineficaces, sino que son contraproducentes. Perjudican a las mismas personas a las que están destinadas a ayudar.

Traducido por Gabriel Gasave




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