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¿Existe la caridad después de la muerte?
28/2/2001
Randall G. Holcombe

Los Impuestos a la herencia y las fundaciones en los Estados Unidos

El impuesto a la herencia está en la picota por estos días, debido en gran medida a su impacto sobre las granjas familiares y las pequeñas empresas. Pero sus efectos van mucho más lejos. Un área rara vez considerada en la cual los impuestos a la herencia tienen un impacto importante es el sector sin fines de lucro de los Estados Unidos. Indudablemente, el efecto del impuesto a la herencia sobre el sector sin fines de lucro de los EE .UU. es comparativamente menor, pero el mismo ofrece incluso otro argumento para abrogar al impuesto.

Una forma de eludir el impuesto a la herencia es crear una fundación sin fines de lucro. La fundación se puede involucrar en una amplia gama de actividades, siguiendo las directivas de su fundador, y puede continuar con las mismas mucho después de que la persona que la creara haya fallecido. Un inconveniente con esta clase de caridad es que tras la muerte del fundador, la fundación será manejada por los fideicomisarios, quienes pueden tener motivaciones muy distintas a las del fundador, y que no son responsables ante nadie.

Henry Ford, por ejemplo, fue muy poco caritativo durante su vida, y consideraba (probablemente de manera correcta) que lo mejor que podía hacer con las ganancias de su Ford Motor Company era reinvertirlas en la empresa para brindarles a los esforzados trabajadores estadounidenses buenos empleos. Después de su muerte, la mayor parte de su riqueza pasó a la Fundación Ford, como una forma para que él evitase el impuesto a la herencia. En las décadas posteriores a su creación, la Fundación Ford fue notoria por financiar a grupos y causas anticapitalistas. Seguramente, Henry lo hubiese desaprobado.

Las empresas deben satisfacer a sus clientes o fracasarán. Los políticos deben obtener la aprobación de los votantes a fin de ser reelegidos. Incluso las organizaciones más caritativas deben satisfacer a sus donantes o sus donaciones se agotarán. Las fundaciones, sin embargo, están financiadas con las ganancias provenientes de los legados dejados por sus fundadores, razón por la cual poseen una fuente de ingresos perpetua. Además, los fideicomisarios de la fundación pueden financiar cualquier causa que les agrade sin tener que responder ante nadie.

Durante su vida, las caridades favoritas de John D. Rockefeller estaban relacionadas con la salud, porque él podía ver los beneficios inmediatos de los programas de salud. Andrew Carnegie construía bibliotecas públicas como una actividad filantrópica, y donaba órganos a las iglesias. Los resultados de estas actividades eran tangibles y visibles inmediatamente.

Tras sus decesos, las fundaciones que llevan los nombres de Rockefeller y Carnegie se apartaron de estas actividades y de manera creciente financiaron programas sociales y políticos. Se involucraron en relaciones raciales y en asuntos internacionales, y no solamente los resultados de sus actividades fueron menos obvios y menos tangibles, muchos sostendrían que los mismos fueron incluso contraproducentes.

Con los impuestos a la herencia de la actualidad, uno de los grandes motivos para crear tal clase de fundaciones es el de la evasión tributaria. Así, más dinero va a parar a fundaciones donde el mismo es asignado por personas que no intervinieron en la creación de ese dinero, quienes entonces lo emplean para intentar promover su visión de una buena sociedad. El derogar al impuesto a la herencia eliminará este prejuicio en favor de establecer fundaciones.

Ciertamente no pretendo cuestionar las intenciones de aquellos que conducen las fundaciones, sino que deseo en cambio sugerir que remover el incentivo impositivo para crear fundaciones produciría una caridad mejor, con más responsabilidad.

Una alternativa para la creación de fundaciones es hacer que las personas ricas otorguen más de su dinero durante el transcurso de sus propias vidas. Esto les brinda más control, de modo tal que la intención del donante tiene más probabilidades de ser cumplida. El dinero no entregado durante la vida del donante podría ser dejado a sus herederos. Los herederos pueden entonces elegir entre varias actividades caritativas o gastar el dinero en ellos mismos.

Esto es preferible a obligarlos a desprenderse del dinero, como las fundaciones deben hacerlo, debido a que los herederos pueden ser capaces de ver el valor de la actividad para preferir la caridad a su propio gasto. Incluso si ellos malgastan parte del dinero en sus propios lujos, la actividad caritativa remanente es probable que esté más dirigida al bien común.

Algunos herederos con seguridad derrocharán egoístamente su riqueza, pero los descendientes de los grandes capitalistas de los Estados Unidos han tendido a ser más filantrópicos que aquellos que, después de todo, tenían que concentrar sus actividades en sus empresas a fin de adquirir sus fortunas.

Sus herederos, quienes típicamente han crecido ricos y privilegiados, han tendido a ser bien educados, previsores, y caritativamente inclinados. Y si están desprendiéndose de su propia riqueza heredada, soportan el costo total de sus acciones, por lo que estarán aún más atentos en su filantropía.

Si la gente desea establecer fundaciones con su riqueza, y pasarles el control sobre sus fortunas a individuos que no le responden a nadie por sus acciones, eso debería depender de ellos. Pero no deberíamos alentarlos a hacerlo mediante nuestras leyes tributarias. Esta es aún otra razón para rechazar el impuesto a la herencia.

Traducido por Gabriel Gasave




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