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La encriptación en Internet y la Segunda Enmienda
13/8/1999
Alexander T. Tabarrok

Parece que todo el mundo está utilizando Internet para volverse más eficiente, incluso el Congreso. En el mes de julio, por primera vez, el Congreso empleó Internet para enviarle un proyecto de ley al presidente. Por razones de seguridad, los legisladores encriptaron el proyecto usando PGP (siglas en inglés para “pretty good privacy” o privacidad bastante buena.) PGP es el mismo tipo de software que en caso de que usted intente distribuirlo a través de internet, puede ser enviado a la cárcel como si se tratase de un traficante internacional de armas.

La CIA, la NSA (siglas en inglés para la Agencia de Seguridad Nacional), el Departamento de Comercio y otras agencias han luchado en los tribunales para evitar que el público estadounidense tuviese acceso a esta clase de avanzadas técnicas de encriptación. Aparentemente, existe un conjunto de reglas para el gobierno y otras para los simples ciudadanos.

Si la administración Clinton continúa tratando las técnicas de encriptación como a las armas, entonces quizás debamos recordarles acerca de la segunda enmienda. Los padres fundadores nos bendijeron con el derecho de poseer y portar armas de modo tal que los individuos tendrían siempre una salvaguardia contra la tiranía. Las técnicas de encriptación son un baluarte similar que protege a la libertad.

El muro de Berlín jamás hubiese permanecido en pie por tanto tiempo sí la Stasi de Alemania Oriental no hubiese sido capaz de monitorear las conversaciones telefónicas y de abrir la correspondencia de todos los ciudadanos germano orientales. A diferencia de los ex alemanes del este, los ciudadanos estadounidenses no precisan volverse paranoicos respecto del potencial abuso del poder gubernamental. Pero sería tonto ignorar el hecho de que en el pasado el FBI ha espiado con micrófonos ocultos a pacíficos líderes de los derechos civiles, como Martin Luther King, así como también a miembros del Congreso y de la Corte Suprema.

Tampoco el monitoreo de las conversaciones telefónicas por parte del gobierno es algo del pasado. ¿Ha llamado usted alguna vez a alguien sito fuera de los Estados Unidos? Su llamada telefónica fue probablemente escuchada y grabada. La NSA utiliza supercomputadoras para interceptar millones de llamadas internacionales, faxes, mensajes de correo electrónico y otras transmisiones de información. El nombre de cualquier ciudadano estadounidense se supone que es borrado toda vez que un humano analiza las grabaciones capturadas. Pero la red de vigilancia Echelon es manejada en conjunto por las agencias espías estadounidenses, británicas, canadienses, australianas y neocelandesas y ninguna ley prohíbe que las agencias de otros países espíen a los ciudadanos estadounidenses. De acuerdo con Mike Frost, un ex empleado de la contraparte canadiense de la NSA, esa y otras agencias de inteligencia burlan a las leyes que les prohíben espiar a sus propios ciudadanos, al pedirle a sus contrapartes internacionales que lo hagan por ellas.

La encriptación es útil para algo más que para proteger nuestra privacidad de intromisiones del Gran Hermano. Todo aquel que ha usado Internet para comprar libros, música, o suministros de computación aprecia la necesidad de encriptar la información financiera como los números de tarjeta de crédito. En la medida que más y más gente utiliza la red para solicitar prestamos hipotecarios, adquirir automóviles, o hacer sus trámites bancarios, la seguridad financiera se vuelve más importante.

Pero no es solamente la información financiera la que precisa ser encriptada, la privacidad es importante cuando se investiga y se transmite información medica o cuando se escriben cartas a un amante. ¿Dejaría usted abiertas sus cartas de amor para que las vea el público? Las empresas también están usando internet para agilizar la comunicación de ideas y de documentos entre las divisiones corporativas en diferentes partes del país y del mundo. La encriptación es necesaria para mantener a toda esta información privada, segura y confidencial.

Afortunadamente, los tribunales han sido más respetuosos de los derechos individuales que el Congreso y la administración Clinton. El Noveno Circuito recientemente demolió la orden ejecutiva de Clinton que prohibía la publicación de las técnicas de encriptación en Internet. No obstante, la administración es casi seguro que apelará y el Congreso no se está rindiendo tampoco.

Dos años atrás, el congresista Porter Goss (Republicano-Florida) trató de convertir en crimen al acto de distribuir PGP y otro software de encriptación, tal como el que se incluye en las últimas versiones del Netscape Navigator y del Internet Explorer. Ahora que el plan ha fracasado, desea pagarle un soborno a los desarrolladores de software cuando ayuden al gobierno a fisgonear en nuestras vidas privadas. Goss está promoviendo una legislación que le otorgará a los desarrolladores de software de encriptación un exención impositiva del 15% pero solamente si los desarrolladores le dan al gobierno una llave para abrir cualquier archivo “seguro.” El proyecto de ley de Goss es improbable que sea sancionado, pero el mismo es un buen indicio de cuan ansioso está el gobierno de escuchar nuestras conversaciones privadas y cuan cuidadosos debemos ser para que esto no ocurra.

Traducido por Gabriel Gasave


Alexander Tabarrok es Senior Fellow en The Independent Institute, Profesor Asociado de Economía en la George Mason University, director de los libros del Instituto, Entrepreneurial Economics, The Voluntary City (con D. Beito y P. Gordon), y Changing the Guard: Private Prisons and the Control of Crime.




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