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El sector tecnológico estadounidense está demasiado deseoso de ceder ante un gobierno entrometido
1/11/2013
Mary L. G. Theroux

Los estadounidenses todavía están tratando de tener una idea acabada de la magnitud de las actividades de espionaje interno del gobierno, incluida la reciente revelación de que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por su sigla en inglés) ha estado recogiendo y almacenando las libretas de direcciones de los correos electrónicos de estadounidenses comunes y corrientes que utilizan servicios de mensajería en línea. Muchos usuarios de estos servicios están recurriendo a los ejecutivos del sector tecnológico en busca de respuestas.

Pero los ejecutivos del sector tecnológico afirman que no tienen más remedio que obedecer. Como explicó la CEO de Yahoo, Marissa Mayer en la reciente conferencia TechCrunch Disrupt en San Francisco, es una “traición” desobedecer a la NSA. “Generalmente te encarcelan”.

Aquellos que piensan que está exagerando sólo precisan observar al caso del ex CEO de Qwest Joseph Nacchio.

Recientemente liberado de una prisión federal, Nacchio afirma que le tendieron una trampa por cargos de uso ilícito de información privilegiada cuando rechazó los intentos de la NSA de acceder a los registros de sus clientes. Un informe de 2006 en el periódico USA Today confirmó que Qwest fue el único que no colaboró con el programa de la NSA en 2001. Hoy en día, aparentemente no hay quienes se nieguen a colaborar: Información filtrada sobre el actual programa “PRISM” de la NSA muestra que Google, Facebook, Microsoft, Yahoo y otros entregaron prácticamente todos los datos sobre todos sus usuarios a la NSA a pedido.

Los CEOs están preocupados por el posible castigo por algo más que el incumplimiento; las ordenes también conllevan la prohibición de que las empresas revelen incluso que se les realizó una petición.

En efecto, Nacchio explicó que dado que fue acusado de uso ilícito de información privilegiada, en lugar de traición, se le impidió presentar pruebas en su defensa de que el incumplimiento con la NSA yacía detrás de su procesamiento. Incluso si se le hubiera permitido el uso de dicha defensa, la información que solicitó para apoyar su defensa propuesta era considerada “reservada”. Como lo expresó Mayer, tratando de explicar porqué Yahoo no puede protestar contra el espionaje de la NSA a sus usuarios: “No podemos hablar de ello porque es reservado”.

Que el gobierno pueda imponer una orden mordaza sobre tales prominentes líderes empresariales—y que casi todos los dirigentes de empresas a los que se les ordenara fuesen intimidados a cumplir—hubiese sido impensable para las generaciones anteriores de empresarios estadounidenses, que veían al gobierno como un servidor que debía ser atentamente vigilado, y no al revés.

Tomemos el ejemplo de mi padre, el fallecido Willard Garvey.

Como la ganadora del Premio Pulitzer Maura McEnaney relata en el nuevo libro, Willard Garvey: En Epic Life, mucho antes de la actual Guerra contra el Terror, mi padre era un capitalista que operaba en los frentes de la Guerra Fría: en América Latina, Asia y África.

América Latina entre la década de 1950 y la 1970 rebosaba de intrigas de la Guerra Fría, desde el guerrillero marxista-leninista Ché Guevara, a las juntas militares de derechas, los golpes de Estado asistidos por la CIA y las activas facciones pro-cubanas, pro-soviéticas y pro-chinas compitiendo por el control. No obstante ello, mi padre siguió adelante con sus planes de construir viviendas de bajo costo para las nacientes clases trabajadora y media en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Lo mismo ocurrió en la India, Marruecos y Tailandia. “Cada hombre un propietario de casa”, era su lema, “Cada hombre un capitalista”.

Trabajando con socios locales, y lidiando sólo con los altos dirigentes de los países, mi padre se hizo muy visible en la pantalla del radar de la CIA. Como recordaba más tarde, “El tipo de la CIA venía a visitarme tras regresar de mis viajes. Le dije: ‘Estoy encantado de hablar con usted y le diré todo lo que sé, pero ni se le ocurra contarme algo que usted no desee que alguien en el mundo sepa porque si alguien me pregunta se lo contaré’”.

Dadas las actuales sanciones draconianas para una política de “boca abierta” de este tipo, ¿es sorprendente que los titanes de la tecnología sean reacios a oponerse públicamente al uso de sus empresas como agentes de la NSA?

Sin embargo, muchos profesan que no desean cumplir. ¿Hay algo más en juego?

Seguro que lo hay: negocios, contratos, dinero. Nacchio afirma que fue advertido de que la negativa de Qwest para cumplir con las solicitudes de escuchas telefónicas sin orden judicial “podría afectar su capacidad de conseguir futuros trabajos clasificados con el gobierno”, lo que aconteció.

La íntima relación de Silicon Valley con el gobierno es profunda y mutuamente beneficiosa: desde Oracle tomando su nombre de un contrato de la CIA, y la génesis de Google Earth como el “detallista” software de cartografía por satélite financiado por la CIA a los contratos altamente lucrativos en curso para suministrar tecnología al gobierno—tan lucrativos que Google presentó una demanda para poder pujar contra Microsoft por un contrato de 5 años.

Así que tal vez sea menos sorprendente que los líderes de la tecnología presenten un frente unido en el cumplimiento con el espionaje gubernamental.

El co-fundador de Google, Larry Page, ofreció esta defensa de la recopilación de datos por parte de la NSA en el blog de Google: “Entendemos que el gobierno de los Estados Unidos y otros deben tomar medidas para proteger la seguridad de sus ciudadanos—incluido a veces el uso de la vigilancia”. El co-fundador y CEO de Oracle Larry Ellison defendió la práctica en la cadena CBS: “Es muy buena . ... Es esencial”.

Es difícil imaginar que el gobierno enjuiciará o podría enjuiciar a todos los CEOs de empresas tan influyentes si todos ellos se negasen a cooperar con la amplia red de recolección de datos del gobierno.

Los estadounidenses preocupados por la extralimitación del gobierno no encontrarán defensores entre los actuales líderes de la alta tecnología. Qué lejos de las generaciones anteriores de emprendedores individualistas como mi papá, Willard Garvey, quien declaró con audacia: “No seré cooptado o subordinado a ninguna oficina gubernamental de cualquier nivel. El patriotismo y el gobierno son dos temas no relacionados”.

Traducido por Gabriel Gasave


Mary L. G. Theroux es Vicepresidenta Senior de The Independent Institute.




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