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Una Junta Monetaria le gana a la radiografía del FMI
18/2/1998
Kurt A. Schuler

El 14 de agosto, el día que Indonesia inició la flotación de la cotización de la rupia, Stanley Fischer, subdirector del Fondo Monetario Internacional, anunció que “la administración del FMI le da la bienvenida a la oportuna decisión de las autoridades indonesas. La flotación de la rupia, en combinación con las sólidas variables fundamentales de Indonesia, apoyadas por políticas fiscales y monetarias prudentes, permitirán que su economía continúe con su impresionante desempeño económico de los últimos años.”

Lo que ha acontecido es lo opuesto al escenario optimista del Sr. Fischer. La rupia en flotación se desplomó en caída libre, lanzando a la economía de Indonesia en una recesión. Y sin embargo, el FMI se encuentra actualmente utilizando su considerable fuerza política y financiera a fin de evitar que Jakarta establezca una junta monetaria, la cual despejaría la confusión al ligar a la rupia con el dólar estadounidense.

Oposición Mal Aconsejada

Esta presión proviene de los niveles más altos. Michel Camdessus, el director administrativo del FMI, le envió la semana pasada al gobierno indonés una carta enérgicamente redactada, en la que amenazaba con suspender la asistencia del organismo si Indonesia establece una junta monetaria. El Presidente Clinton, cuya administración pareciera tener una confianza ciega en el FMI, llamó personalmente por teléfono el viernes pasado al Presidente Suharto, apoyando la posición del FMI.

Tal oposición a una junta monetaria se encuentra mal aconsejada. Una junta monetaria es el único sistema bajo consideración que conseguiría tanto lo que Indonesia como el FMI desean -una moneda sana para apoyar un retorno al alto crecimiento económico.

Después de que Indonesia hiciera flotar a la rupia contra el dólar estadounidense en agosto, con la bendición del FMI, la rupia inició una depreciación que alcanzó el 85% antes de la recuperación de las últimas tres semanas. Entonces el FMI empeoró aún más las cosas. Su primer intento de ayudar a los bancos generó pánico debido a que el FMI propuso otorgar solamente un seguro a los depósitos en los bancos que fuesen propiedad del gobierno. Los depositantes comenzaron a retirar su dinero de varias instituciones bancarias privadas, lo que amenazaba con hacerlas quebrar, hasta que el seguro fue extendido a todos los bancos. Y en enero el FMI tuvo que corregir su paquete de ayuda, anunciado el 31 de octubre, para que reflejase que en sólo dos meses la moneda y la economía habían empeorado mucho.

Para ser justos con el FMI, casi todos los otros observadores también pronosticaron erróneamente a la situación de Indonesia. Pero la institución debería aprender del pasado. Su posición respecto de Indonesia simplemente no ha terminado con la crisis monetaria ni con la pronunciada declinación de la economía.

La posición del FMI no ha funcionado debido a que la misma no se ha ocupado de la crisis monetaria. El actual programa del FMI con Indonesia (sintetizado en el website del organismo) tiene siete partes: mantener a la inflación por debajo del 20% mientras se evita una recesión; mantener el déficit presupuestario del gobierno en el 1% del producto bruto interno; colocar dentro del presupuesto al gasto gubernamental que se encuentra fuera del mismo; cancelar varios proyectos de gastos gubernamentales ruinosos; concederle al banco central “autonomía plena” en materia de la política monetaria, en particular permitirle cobrar altas tasas de interés; reestructurar a los bancos y a las empresas; y terminar con las restricciones comerciales que benefician a intereses empresarios privilegiados a expensas del público.

Adviértase que ninguno de estos puntos intenta estabilizar el tipo de cambio. Indonesia podría cumplir con todos los aspectos del programa del FMI, y sin embargo seguir teniendo una rupia que se deprecie rápidamente. No se conocen aún todas las malas noticias respecto de la economía indonesa, pero la crisis monetaria no parece ser la culpable del sospechoso habitual, el excesivo gasto deficitario por parte del gobierno. En cambio, la crisis resulta de la falta de certidumbre respecto del sudeste asiático en general y del gobierno indonés en particular, y acerca de cuánto más le permitirán el gobierno y el banco central depreciarse a la rupia.

La banca central en Indonesia, como en otras partes, carece de restricciones incorporadas. El Banco de Indonesia es libre de emitir tanto dinero como lo desee. La provisión de una moneda estable a través del Banco de Indonesia es de esta manera algo tramposa. Durante los casi 50 años de existencia del Banco de Indonesia, la rupia ha caído a menos de una millonésima parte de su valor original respecto del dólar estadounidense. La gente ha tenido pocos motivos para conservar rupias, incluso a tasas de interés del 40% o del 50% anual, en lugar de los confiables dólares estadounidenses.

Una crisis monetaria de esta magnitud amenaza con volver irrelevante al programa del FMI, debido a que las olas de la crisis están hundiendo a la economía indonesa. Los precios de las importaciones se han elevado, la inflación sigue y las empresas que tienen deudas denominadas en dólares no pueden saldarlas. Una cadena de bancarrotas se ha iniciado. Las empresas quebradas no pueden repagar sus préstamos bancarios, de modo tal que el sistema bancario enfrenta el colapso. El gobierno estará tentado de socializar sus pérdidas empleando dinero fresco emitido por el Banco de Indonesia para compensar a los perdedores. El resultado probable es el de una inflación incluso más alta y el de una recesión más profunda que aquella a la que Indonesia se encuentra ya ingresando.

La manera de terminar con la crisis monetaria es la de tratarla de manera directa, y eso implica estabilizar al tipo de cambio. Una junta monetaria hará justamente eso. Un tipo de cambio estable al nivel que ha sido discutido -entre 5.000 y 5.500 rupias por dólar-le permitirá a muchas empresas indonesas que actualmente no pueden repagar su deuda externa a empezar a hacerlo. Limitará la inflación nueva, y a pesar de que algo de inflación ha ya tenido lugar, la misma debe abrirse paso a través del sistema.

En virtud de que una junta monetaria ortodoxa mantiene solamente reservas en moneda extranjera, la misma no puede financiar directamente a los déficit presupuestarios del gobierno o, como puede hacerlo el Banco de Indonesia, ni aún de manera indirecta. Eso genera una presión en favor de restringir el gasto fuera del presupuesto y los proyectos de gastos gravosos. Una junta monetaria, a diferencia de un típico banco central, posee una verdadera “autonomía plena” respecto de las presiones políticas sobre la política monetaria, porque la misma está completamente gobernada por reglas y carece de discreción para emplear sus recursos para fines políticos.

El FMI Entiende las Cosas al Revés

El FMI ha sostenido que Indonesia aún no cumple con algunas de las condiciones necesarias para establecer una junta monetaria, en particular un sistema bancario sano. El FMI entiende las cosas al revés. El sistema bancario en su totalidad, no apenas unos pocos bancos, es el que se encuentra en problemas debido a que la crisis monetaria ha generado inconvenientes en toda la economía. Estabilizar el tipo de cambio es esencial para enmendar al sistema bancario. Es posible reestructurar al sistema bancario sin un banco central. Argentina lo hizo durante su crisis bancaria del año 1995.

El fondo de reestructuración bancaria que Indonesia ha establecido recientemente podría funcionar como el similar fondo argentino. El FMI apoyó por entonces a la Argentina, y los resultados fueron buenos. Debería apoyar ahora a Indonesia.

Traducido por Gabriel Gasave




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