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La defensa hitleriana de Lincoln de Jaffa
10/5/2002
Thomas J. DiLorenzo

En su libro, A New Birth of Freedom, Harry Jaffa comienza el segundo capítulo con una cita de Adolph Hitler tomada de un libro escrito por Hermann Rauschning en el cual Hitler supuestamente afirmaba que después que los estados sureños fueron conquistados en los Estados Unidos “los comienzos de un nuevo gran orden social basado en el principio de la esclavitud y la desigualdad fueron destruidos. . .” Más adelante (página 503, nota 10) efectúa el comentario increíblemente vulgar y falto de gusto de que su viejo rival intelectual, el difunto Mel Bradford, estaba de acuerdo con Hitler. Qué encantador para la familia y los amigos de la quintaesencia del caballero y académico sureño, el fallecido Profesor Bradford, observar que Jaffa pusiese tal cosa en la imprenta.

Jaffa se encuentra dichosamente inconsciente de que existe una gran duda acerca de que Hitler dijera alguna vez esto, y formuló la misma observación mezquina en un reciente debate que tuve con él en The Independent Institute en Oakland, California. En esa ocasión, no pensé que tal lenguaje sensacionalista mereciese otro comentario que el de decir: “Bien, creo que ahora sabemos de donde Harry saca todas estas locas ideas sobre la filosofía política.” Además, el comentario provocó burlas y abucheos de parte de la audiencia y fue una bofetada a su credibilidad. ¿Por qué interferir con el hombre cuando él mismo se encuentra ocupado colocándose su propio pie en la boca?

Pero en una segunda opinión, recordé que el propio Hitler era más bien un fanático del gobierno altamente centralizado y un feroz oponente de la soberanía estadual, al igual que Jaffa. Esto no es por supuesto a fin de comparar a estos hombres; Hitler fue el diablo venido a la tierra. Estoy tan sólo sugiriendo que el comentario botarate de Jaffa es históricamente al revés: Hitler era un consolidacionista, al igual que Jaffa. Hitler comprendía demasiado bien que la manera más segura de establecer un gobierno dictatorial era la de concentrar el poder en el centro; Jaffa nunca ha aprendido esta lección.

Jaffa ha pasado una vida exponiendo sobre la versión de Lincoln de la historia constitucional que fue inventada por vez primera por Joseph Story y Daniel Webster—que la Unión precedió a los estados, como opuesta a la visión (la correcta, en mi opinión) de que los estados soberanos constituyeron el gobierno como su agente al adoptar la Constitución. (La obra View of the Constitution of the United States de St. George Tucker es la mejor exposición de esta segunda posición; el libro de Jaffa es la mejor de la primera opinión).

En la página 566 de la edición de 1999 por Mariner/Houghton Mifflin de Mein Kampf Hitler expresa claramente la opinión de Lincoln/Jaffa: “Los estados individuales de la Unión Estadounidense . . . no pudiesen haber poseído alguna soberanía estadual por sí mismos. Porque no fueron estos estados los que formaron la Unión, por el contrario fue la Unión la que formó a una gran parte de los supuestos estados.”

Esto es consistente con el argumento vertido en el Primer Discurso Inaugural de Lincoln (4 de marzo, 1861) en el cual dijo: “La Unión es mucho más antigua que la Constitución. Fue formada de hecho, por los Artículos de la Asociación en 1774. Fue madurada y continuada por la Declaración de la Independencia . . . por los Artículos de la Confederación en 1778 . . . y establecida en la Constitución. . . . Se sigue de estas opiniones que ningún estado, bajo su mera moción propia, puede legítimamente retirarse de la Unión . . .” Jaffa se ha pasado una vida repitiendo esta teoría.

Hitler (p. 567) se burló de las que llamó “supuestas soberanías estaduales” en Alemania porque ellas se paraban en el camino de un Reich centralizado con su “impotencia” y “fragmentación.” Tal impotencia y fragmentación del gobierno fue concientemente diseñada por varios de los fundadores estadounidenses precisamente porque ellos deseaban limitar las facultades del gobierno central.

Hitler ensalza a Otto von Bismarck por probar “la grandeza de sus habilidades como estadista” al disminuir gradualmente la soberanía de los estados alemanes y centralizar el poder gubernamental en Alemania. Este fue un desarrollo mayormente bienvenido, escribió Hitler, dado que el poder del estado central en Alemania se encontraba supuestamente amenazado por “la lucha entre el federalismo y la centralización tan sagazmente propagada por los judíos en 1919-20-21 y después . . .” (p. 565). El federalismo es “una liga de estados soberanos los cuales se privan juntos de su libre voluntad, sobre la fuerza de su soberanía” para ceder algo (pero no todo) de su soberanía para formar “la federación común” (p. 566). Hitler estaba violentamente opuesto a tal sistema.

Pero Bismarck no fue lo suficientemente lejos para destruir los derechos de los estados, dijo Hitler. “Y por lo tanto en la actualidad este estado, por el bien de sus propia existencia, se encuentra obligado a reducir los derechos soberanos de las provincias individuales más y más, no solamente en base a consideraciones materiales en general, sino también a consideraciones ideales” (p. 572). Así, una regla “básica para nosotros los Nacional Socialistas es derivada: Un poderoso Reich nacional . . .” (énfasis en el original, p. 572).

Además, escribió Hitler, la centralización del poder gubernamental y la destrucción de los derechos de los estados como un freno contra ese poder era inevitable a través del mundo: “Ciertamente todos los estados en el mundo se están moviendo hacia una cierta unificación en su organización interna. Y en esta Alemania no habrá ninguna excepción. Hoy día es un absurdo hablar de una ‘soberanía estadual’ de las provincias individuales . . .” (p. 572).

Hitler ridiculizaba a los partidarios de los derechos estaduales y del federalismo en la Alemania de su época diciendo: “el clamor por la eliminación de la centralización no es en verdad nada más que una maquinación partidaria sin algún pensamiento serio detrás de ella” y revela “la hipocresía interna de estos supuestos círculos federalistas. La idea del estado federativo, como en parte la de la religión, es tan sólo un instrumento para sus a menudo no claros intereses partidarios” (p. 573).

Los Nacional Socialistas, además, eliminarían totalmente los derechos de los estados al unísono: “Dado que para nosotros el estado como tal es solamente una forma, pero lo esencial es su contenido, la nación, el pueblo, queda claro que todo lo demás debe estar subordinado a sus intereses soberanos. En particular no podemos concederle a algún estado individual dentro de la nación y el estado representar su soberanía estatal y soberanía en materia de poder político” (p. 575).

“El daño de los estados federados individuales . . . debe cesar y algún día cesará,” advertía Hitler ominosamente (p. 575). La “lección para el futuro” es que “La importancia de los estados individuales no reposará ya más en el futuro en los campos del poder estatal y de la política . . .” (p. 575).

Y finalmente:

“El Nacional Socialismo como una cuestión de principios debe afirmar la disposición de tal derecho a forzar sus principios sobre la totalidad de la nación alemana sin la consideración de los límites previos de los estados federados, y educar en sus ideas y concepciones. Así como las iglesias no se sienten ligadas y limitadas por las demarcaciones políticas, la idea Nacional Socialista no se siente más limitada por los territorios estaduales individuales de nuestra patria. La doctrina Nacional Socialista no es la sirvienta de los estados federados individuales, pero algún día debe volverse la maestra de la nación alemana. La misma debe determinar y reordenar la vida de un pueblo, y debe, entonces, imperiosamente afirmar el derecho a traspasar los límites [estaduales] trazados por un desarrollo al que hemos rechazado” (p. 578).

La cita de Jaffa de Hitler del libro de Rauschning es de dudosa validez. Si deseaba aprender sobre las reales opiniones de Hitler sobre los derechos estaduales él debería haber acudido a la fuente original: Mein Kampf. Allí hubiese encontrado un cuerpo de ideas con las cuales está íntimamente familiarizado y en total acuerdo.

Traducido por Gabriel Gasave


Thomas J. DiLorenzo es Investigador Asociado en The Independent Institute, Profesor de Economía en la Loyola College en Maryland, y autor colaborador del libro, Taxing Choice: The Predatory Politics of Fiscal Discrimination.




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