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¿Librará Federal Express de sus trastornos al Servicio Postal de los Estados Unidos?
12/1/2001
Scott Esposito

Mediante la adopción de un acuerdo de siete años con Federal Express el Servicio Postal de los Estados Unidos (USPS según su sigla en inglés), un monopolio gubernamentalmente protegido, ha dado un enorme paso hacia la privatización. Esta jugada implica tanto un reconocimiento de la naturaleza anacrónica del USPS como un agradable paso hacia un sistema postal más eficiente y totalmente privatizado.

En combinación con los Private Express Statutes de 1845, el Código Postal de 1872 estableció un completo monopolio gubernamental sobre el despacho de la correspondencia de primera y de tercera clases.

Sin embargo, excepciones en la ley le permitieron a transportadoras privadas, tales como Federal Express, ingresar en el negocio del despacho de correspondencia y competir con el USPS en la distribución del correo expreso y de encomiendas hacia finales del siglo 20. Adicionalmente, empresas tales como Mail Boxes Etc. Le ofrecen a los consumidores alternativas a las casillas de correo que controla el gobierno.

La introducción de la competencia ha sido buena para los consumidores pero no para el ineficiente USPS. Solamente este año el USPS está en vías de perder más de $1.000 millones (billón en inglés); una circunstancia más que notable dado que el USPS compite con sus contrapartes privadas con una injusta desventaja. Por ejemplo, es ilegal para cualquier servicio competidor cobrar menos de tres veces la tarifa del USPS para la correspondencia de primera clase.

Además, el USPS no abona impuestos estaduales o federales, no tiene que cumplir con la mayoría de las reglamentaciones gubernamentales, y posee la facultad de imponer costosas reglamentaciones sobre sus rivales. Aún con todas estas ventajas, el USPS acudió a Federal Express a fin de permanecer competitivo en el mercado actual de la correspondencia.

La falta de eficiencia que le ha permitido a las transportadoras privadas superar al USPS se evidencia en algunas estadísticas muy significativas. Leslie Paige de Citizens Against Government Waste estima al derroche de gastos del USPS en los $1.400 millones por año, con $84 millones entre 1995 y 1997 gastados en emprendimientos en nada relacionados con la correspondencia y entre $300 y $400 millones gastados en tratar de aumentar el reconocimiento del nombre de un reconocido monopolio gubernamental.

El hallazgo de la Comisión de Tarifas Postales de que el "tiempo improductivo" constituye el 28,4 por ciento de los costos laborales del procesamiento de la correspondencia puede ser explicado por el hecho de que la relación gerentes/trabajadores en el USPS es de 1 a 10, comparada con la de 1 a 15 de Federal Express.

El descubrimiento de la Comisión de un excesivo tiempo improductivo difícilmente sea algo novedoso para los consumidores que literalmente "hacen fila " para ver al número excesivo de empleados del USPS protegidos por contratos sindicales vagar durante una pausa, mientras uno o dos dependientes de guardia atienden las ventanillas de servicio.

Asombrosamente, durante 30 años el trabajo ha absorbido el 80 por ciento del presupuesto del USPS a pesar de la infusión de equipamiento más eficiente.

La creciente transmisión de documentos de forma electrónica a través del fax y del correo electrónico fortalece los argumentos a favor de seguir el liderazgo de Nueva Zelanda, Suecia, Alemania, y Holanda y de terminar con el monopolio de la correspondencia del USPS.

A pesar de que el USPS no extendió su monopolio al correo electrónico en los años 80, se encuentra desarrollando servicios para garantizar la seguridad de los e-mails, estableciendo potencialmente una cabecera de playa para la reglamentación federal del correo electrónico. Esto no obstante la circunstancia de que el software de encriptación comercialmente disponible ya realiza una tarea ejemplar en la protección de los mensajes privados de ojos no autorizados. El privatizar al USPS ayudará a mantener el floreciente ámbito del comercio electrónico desreglamentado y eficiente.

Existen varias maneras de privatizar al USPS. Una forma es la de vender el USPS. Todos su activos relevantes podrían ser subastados, sacando al gobierno de los Estados Unidos del negocio de la distribución de correspondencia de una sola vez.

Alternativamente, como lo hiciera Nueva Zelanda en el año 1987 y Suecia en 1994, el Congreso podría derogar los estatutos del monopolio postal federal, permitiendo que las empresas privadas compitan con el USPS en cualquier tipo de servicio, preferiblemente en igualdad de condiciones.

O el gobierno federal podría transformar al USPS en una o varias sociedades anónimas, administradas de forma privada, como lo hizo Alemania en 1995.

Desde que se convirtió en la primer nación europea en privatizar su servicio postal en 1989, Holanda ha visto a sus empleados postales convertirse en los más productivos de toda Europa.

En los últimos 30 años, hemos visto ingresar a la competencia en los cárteles y monopolios protegidos por el gobierno en las industrias de las líneas aéreas, del transporte por camiones, y de las telecomunicaciones. El hecho de desreglamentar a estas industrias ha aumentado la eficiencia y le ha brindado a los consumidores productos y servicios de una más alta calidad a un menor costo.

En esta era de desmonopolización, el rol del USPS-un monopolio gubernamental durante más de un siglo-debe ser reexaminado. La Unión Europea ha fijado el 1º de enero de 2003, como la fecha límite para llevar la competencia a los servicios postales en sus naciones miembro. Si los Estados Unidos le ganan a ese plazo privatizando al USPS, los consumidores también se beneficiarán.

Traducido por Gabriel Gasave


Scott Esposito estudia economía y ciencias políticas en la University of California en Berkeley y es Pasante en Cuestiones Públicas en The Independent Institute, una organización de investigación y educativa sin fines de lucro y no politizada con sede en Oakland, California.




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