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¿Alivio de la deuda o del comercio?
22/4/2000
Alexander T. Tabarrok

Dos propuestas para asistir a los países más pobres del mundo están circulando actualmente en Washington. Una de estas propuestas llevaría una mejora permanente a los países pobres, y sorprendentemente, incrementaría también el estándar de vida en los Estados Unidos. La otra propuesta en el mejor de los casos solamente ofrecerá beneficios pequeños y probablemente temporarios a los países pobres y no favorecerá económicamente a los Estados Unidos. La primera propuesta cuenta con el apoyo de virtualmente todos los economistas desde la época de Adam Smith hasta el presente. La segunda de ellas es respaldada por una afamada estrella de rock. ¿Adivine a qué propuesta se opone la Casa Blanca y a cuál apoya?

OK, esa fue una pregunta fácil. La Casa Blanca se une a Bono, el líder de la banda U2, para apoyar el alivio de la deuda y se oponen a la reciente propuesta del Banco Mundial de disminuir las barreras comerciales en favor del tercer mundo. La del alivio de la deuda no es una idea mala, sino una mediocre. Gran parte de la deuda de los países más pobres jamás será repagada y esta circunstancia debería ser reconocida. Además, una considerable porción de la deuda le es debida al FMI y al Banco Mundial quienes le prestaron el dinero a dictadores corruptos que, cuando no estaban usando el dinero para llenarse sus bolsillos o los de sus amigotes políticos, estaban desperdiciándolo en grandiosos proyectos públicos. La deuda del FMI y del Banco Mundial con los países más pobres debería ser cancelada de inmediato. Virtualmente todo país pobre percibe en concepto de exportaciones lo suficiente como para apoyar su deuda privada y esta deuda debería ser repagada de modo tal que los emprendedores en estos países puedan libremente solicitar prestamos a efectos de financiar inversiones productivas.

Algunos economistas sugieren que la deuda debería ser cancelada solamente si los países más pobres acuerdan reformar sus economías. Mientras que esto en principio suena como una gran cosa, ¿quién va a definir las reformas y a monitorear sus avances? ¿El FMI y el Banco Mundial—las mismas organizaciones que efectuaron los malos prestamos en primer lugar?. Irónicamente, el FMI y el Banco Mundial se encuentran en la actualidad involucrados en una riña de gatos respecto de quién tiene la culpa por el desastre que acontece en Asia. En un artículo reciente publicado por una revista noticiosa, Joseph Stiglitz, ex economista en jefe del Banco Mundial, afirma que usted no puede confiar en que los economistas de poca categoría del FMI no cometan alguna estupidez. Coincido con ello. Solamente agregaría que usted no puede confiar tampoco en los economistas del Banco Mundial. Lo mejor que podría resultar de una cancelación de la deuda es una reorganización del Banco Mundial y del FMI que los dejase fuera de los prestamos para el desarrollo de empresas.

Las naciones más pobres del mundo precisan de un alivio comercial más que del alivio de la deuda. El cincuenta por ciento de la fuerza laboral en Kenya está desocupada y el PBI per capita es de $1500, unas 20 veces menos que en los Estados Unidos. Sin embargo, si el Senado se sale con las suyas con el proyecto de ley sobre el comercio africano, a un tejedor africano que desee exportar prendas de vestir a los Estados Unidos se le exigirá que adquiera sus géneros en los EE.UU.. No precisa decirse que los tejedores africanos ya pronto no estarán más confeccionando indumentaria. A costa de una miseria adicional en Africa—y de precios más altos para los consumidores estadounidenses—una diminuta parte de la economía de los Estados Unidos se verá "protegida" de la competencia africana.

El alivio de la deuda no hace nada por los Estados Unidos y poco por las naciones más pobres del mundo. El alivio comercial trae precios más bajos para los consumidores estadounidenses y eleva el salario promedio de los trabajadores estadounidenses. Más importante aún, el alivio comercial es el mejor modo de elevar el estándar de vida de los pueblos más pobres y más desposeídos del mundo. ¿Escogerá Washington la política que ofrece beneficios para todos? Perdón, es una pregunta tonta.

Traducido por Gabriel Gasave


Alexander Tabarrok es Senior Fellow en The Independent Institute, Profesor Asociado de Economía en la George Mason University, director de los libros del Instituto, Entrepreneurial Economics, The Voluntary City (con D. Beito y P. Gordon), y Changing the Guard: Private Prisons and the Control of Crime.




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