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La belleza de una moneda paralela
11/1/2000
Steve H. Hanke

El Wall Street Journal publicó una versión ligeramente editada de esta carta el 11 enero de 2000, bajo el título de “La Belleza de una Moneda Paralela.” El WSJ publicó también otra carta relacionada del Prof. Hanke el 18 de enero de 2000, la cual puede ser igualmente encontrada en este website.


Estimado Señor:

Ecuador se encuentra sepultado bajo múltiples crisis. Y como lo informa el Sr. Thomas T. Vogel Jr., la crisis monetaria del Ecuador obligó finalmente al Presidente Jamil Mahuad a declarar un estado de emergencia nacional (“Emergency Is Declared in Ecuador Amid Protests” del 7 de enero, 2000).

En un intento por conservar sus menguadas reservas exteriores, Ecuador hizo flotar a su moneda, el sucre, el pasado febrero. No obstante, el sucre no ha flotado en un mar de tranquilidad. En los 12 meses transcurridos, ha perdido más del 70% de su valor respecto del dólar. Para desenredar al Ecuador de esta crisis monetaria, el Presidente Mahuad anunció el 23 de diciembre de 1999 que se encontraba considerando ya sea el atar al sucre al dólar mediante una junta monetaria o el descartar al sucre y reemplazarlo con el verde billete.

Luego, el domingo pasado, el Presidente indicó que seguiría la opción de la dolarización. El Sr. Vogel informa con certeza acerca del sentimiento de muchos economistas que afirman que cualquiera de las opciones “sería prácticamente imposible para el Ecuador sin el respaldo masivo de parte de los EE.UU. y de los acreedores multilaterales como el Fondo Monetario Internacional.” Y que “dicho respaldo es improbable a menos que Ecuador realice importantes reformas económicas...”

Estas afirmaciones se hacen eco de lo que se ha vuelto un dogma atrincherado en Washington, a saber: que “una junta monetaria es improbable que resulte exitosa sin unas sólidas reglas básicas de adecuadas reservas, disciplina fiscal y un fuerte y bien administrado sistema financiero, además del estado de derecho” (Reporte Anual del Consejo de Asesores Económicos, 1999). Estas precondiciones para el éxito no son otra cosa que una noticia falsa arrojada por aquellos que se oponen tanto a las juntas monetarias como a su prima cercana, la dolarización.

Desde que las juntas monetarias fueron introducidas por vez primera en 1849, siempre han tenido éxito, proporcionando sanas y convertibles monedas. Y en la mayoría de los casos, las juntas monetarias (o la “dolarización”) fueron introducidas allí donde ninguno de los prerrequisitos para el éxito existían. Ese era ciertamente el caso cuando John Maynard Keynes instaló la junta monetaria de Rusia del Norte en 1918. Y ha sido también el caso en los años 90, cuando la Argentina, Estonia, Lituania, Bulgaria y Bosnia introdujeron las juntas monetarias y Kosovo, Timor del Este y Montenegro le otorgaron a monedas extranjeras el carácter de curso forzoso.

Mi reciente experiencia en Montenegro, donde soy asesor del Presidente Djukanovic, es edificante. El año pasado, tras padecer los estragos de la peor moneda del mundo, el dinar yugoslavo, Montenegro decidió introducir un régimen de moneda sana. Muchos economistas declararon una vez más que esto sería imposible debido a que Montenegro no satisfacía ninguna de las precondiciones. El 2 de noviembre de 1999, Montenegro introdujo exitosamente un sistema monetario paralelo, uno en el cual el marco alemán se volvía de curso legal y se le permitía flotar libremente junto con la otra moneda legal de Montenegro, el dinar. Todo esto se logró rápidamente y sin el apoyo masivo ni las pautas del FMI. En verdad, Montenegro ni siquiera es miembro del FMI.

Desafortunadamente, el Presidente Mahuad falló en suministrar un borrador de la ley que pormenorice con claridad exactamente qué debería hacer el Ecuador para dolarizar su economía. A la luz de sus magras reservas externas, Ecuador debería seguir el liderazgo de Montenegro e introducir un sistema monetario paralelo. Esto podría lograrse permitiéndole al sucre ecuatoriano mantener su actual carácter legal y congelando la oferta monetaria en sucres en sus niveles actuales. Eso exigiría de una nueva ley que le prohibiese al banco central emitir nuevas obligaciones en sucres. Además, la nueva ley haría legal al dólar y exigiría que el sucre y el dólar flotasen libremente uno contra el otro, sin interferencia gubernamental alguna.

Bajo dicho arreglo, una muy necesaria restricción presupuestaria se auto impondría automáticamente en el Ecuador. De hecho, el banco central se saldría del negocio. El mismo ya no sería capaz de concederles crédito a las autoridades fiscales y a las empresas o bancos propiedad del estado. En consecuencia, la crisis monetaria del Ecuador se detendría abruptamente y sus desordenados políticos serían forzados a ponerse serios respecto de las reformas económicas largamente debidas. La dolarización mediante un sistema monetario paralelo sería técnicamente factible y deseable en el Ecuador. Ahora, sí es políticamente posible está por verse.

Atentamente,

Steve H. Hanke
Profesor de Economía Aplicada
The Johns Hopkins University
Baltimore, Maryland

Traducido por Gabriel Gasave




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