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¿Causó Bill Gates los costos del Y2K?
7/1/2000
Stan J. Liebowitz

El artículo de Robert Kuttner sobre las causas del problema del Y2K (“Costly Cure for Y2K Myopia” 4 de enero de 2000) es una mezcla interesante de ficción e ignorancia. No solamente el Sr. Kuttner efectúa la absurda afirmación de que sus exagerados costos de las correcciones del Y2K deberían recaer sobre Microsoft, sino que reitera afirmaciones ya desacreditadas acerca de la falla de los mercados al escoger productos tecnológicos, a la vez que denota su ignorancia de los trabajos sobre esas teorías.

El Sr. Kuttner destaca que problemas de “trayectoria dependiente” fueron responsables por el incidente del Y2K. Las teorías de la trayectoria dependiente recaen sobre problemas de coordinación—los consumidores, deseando permanecer compatibles con otros, podrían llegar a elegir a un producto del que saben que es inferior, si es que consideran que la mayoría de los demás consumidores van a escoger ese estándar inferior. En teoría, esto podría acontecer, aunque en la realidad no hay evidencia de que haya ocurrido alguna vez (como fuera demostrado en mi trabajo con Stephen Margolis.) Sin embargo, incluso la teoría es inconsistente con el uso que le da el Sr. Kuttner dado que las firmas no generarían los problemas del Y2K tan sólo para ser compatibles con otras firmas. La miseria puede amar tener compañía, pero esa no es una razón suficiente para volverse miserable de manera intencional.

En cambio, las firmas con grandes desembolsos relacionados con el Y2K se encontraban básicamente actualizando y reemplazando sus viejos programas COBOL—muchos de los cuales fueron escritos con anterioridad a la propia existencia de Microsoft—para grandes ordenadores y mini computadoras por parte de programadores que nunca vislumbraron que sus programas seguirían siendo utilizados hacia finales de siglo. De todas maneras, tarde o temprano se iba a tener que incurrir en los costos involucrados, y de este modo no existen costos en el sentido perjudicial sugerido por el Sr. Kuttner, quien elige ignorar los beneficios proporcionados por estas actualizaciones además de la solución que traen para el Y2K.

Es también importante recordar que los programadores no diseñaron los programas para que trabajen con los años expresados en tan sólo dos dígitos por capricho—estaban tratando de conservar lo que en su momento era la valiosa y costosa memoria, permitiendo que sus programas corriesen más rápido y se adecuasen a las restricciones bajo las cuales los mismos se encontraban trabajando en esa época. A quienes no están familiarizados con la historia de las computadoras, eso puede hoy día parecerles una ridiculez, pero no fue una decisión irracional si nos retrotraemos a aquel momento.

Es posible que los usuarios de los programas no tendrían que haber esperado tanto tiempo para actualizarlos, pero estos usuarios han absorbido plenamente el costo de sus decisiones. De esta manera, no existe externalidad alguna, el segundo fenómeno económico aplicado incorrectamente por el Sr. Kuttner.

A pesar de que esté de moda inculpar a Microsoft por muchos inconvenientes, solamente los más ardientes atacantes de Microsoft serían tan desvergonzados como para coincidir con las ridículas afirmaciones del Sr. Kuttner de que Microsoft es de alguna manera responsable por el problema del Y2K.

Los sistemas operativos, tales como el Windows, no hacen funcionar a plantas de energía atómica, a sistemas de contralor del tráfico aéreo o a hospitales—los ejemplos que fueron citados por el Sr. Kuttner. Eso lo hacen programas especializados, y allí es donde surgieron los problemas del Y2K. Es cierto que los programas corren sobre sistemas operativos, pero incluso en este punto el Sr. Kuttner está desubicado. El sistema operativo bajo el cual corría la mayoría de estos viejos programas para grandes ordenadores fue producido por IBM.

Windows tiene apenas diez años por lo tanto el mismo difícilmente podría ser responsable de un problema que el propio Sr. Kuttner admite que tiene sus orígenes cuarenta años atrás.

Mediante la analogía, imaginemos una ciudad en la cual algunos consumidores continúan utilizando sus zapatos aún cuando observan agujeros en las suelas de los mismos, deseando solamente cambiar de calzado cuando el agua de lluvia humedece sus pies. Tras un largo periodo de clima seco, se observa que un diluvio amenaza con dirigirse hacia esta ciudad y entonces el populacho se abalanza sobre las zapaterías y las tiendas donde reparan calzado.

El gasto en dólares en nuevos zapatos y en reparaciones es extremadamente alto. ¿Son estos costos perjudiciales para la sociedad? ¿Debieran ser culpados los fabricantes de cuero por estos gastos? ¿Existen motivos para creer que poniendo al gobierno a cargo de las compras de zapatos mejoraría el bienestar? Una sencilla reflexión revela que la respuesta a estos interrogantes es no. El Sr. Kuttner aparentemente considera que las respuestas deberían ser sí, en tanto sea Microsoft quien produzca el cuero.

*Nota del Traductor:
La expresión se refiere al problema del año 2000 (o simplemente Y2K) el cual radica en que muchos sistemas de computadoras poseían campos para las fechas que solo manejaban dos dígitos, por ejemplo, 1999 es manejado como “99”. Si estos sistemas no eran modificados para cuando el reloj marcase el año 2000, los mismos iban a interpretar “00” como “1900” y procesarían datos de manera errónea o simplemente colapsarían.

Traducido por Gabriel Gasave




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