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Dennis Rodman en Corea del Norte
8/3/2013
Ivan Eland

A veces, el hombre común—o no tan común, como Dennis Rodman quien pertenece al Salón de la Fama del baloncesto—puede enseñar a la élite de los medios de comunicación, los políticos y los diplomáticos algunas cosas. Los medios de comunicación en gran medida promocionaron la visita de Rodman a Corea del Norte para ver a su joven líder como “extraña” o un “encuentro de lo más raro”. También consideraron “desastrosa” su entrevista en la cadena televisiva ABC para el programa “This Week with George Stephanopoulos” tras su regreso a casa. Al parecer, los agentes de Rodman coincidieron con esta última apreciación y cancelaron más entrevistas en televisión después de la aparición con Stephanopoulos.

Es cierto que Rodman no es un hábil artista de los de los medios, y es también un hecho que, como lo señaló Stephanopoulos hasta el hartazgo, Kim Jong Un es un odioso dictador que comete graves violaciones a los derechos humanos, opera campos de prisioneros, implementa políticas que generan la hambruna de su pueblo, y que, como dio ha entender Stephanopoulos, probablemente ha asesinado gente. Sin embargo, en las respuestas sin pulir de Rodman al interrogatorio de Stephanopoulos acerca de por qué la ex estrella del baloncesto visitaría a un hombre tan perverso, se pueden encontrar algunas joyas de sabiduría de las cuales los estadounidenses deberían tomar nota.

A los líderes estadounidenses—demócratas o republicanos—les agrada personalizar los conflictos con los países que no comparten la política estadounidense demonizando a sus líderes. Recuérdese a Saddam Hussein de Irak, Manuel Noriega de Panamá, Muammar Gaddafi de Libia, Slobodan Milosevic de Serbia, y Salvador Allende en Chile, tan sólo para nombrar unos pocos. Cuando los líderes estadounidenses demonizan a un líder extranjero, que por lo general es de un país débil y subdesarrollado (nótese que esto no se hace con los líderes de adversarios poderosos, como China o la Unión Soviética), es sólo una cuestión de tiempo antes de que los Estados Unidos lo remuevan del poder. El ímpetu de la demonización previa es tan grande que incluso si el líder estigmatizado da un giro de ciento ochenta grados y comienza a cooperar con los Estados Unidos, como Gadafi, la motivación para quitarlo del medio sigue existiendo.

El ayatolá Ali Jamenei de Irán y los líderes de Corea del Norte—Kim Il Sung, Kim Jong Il, y ahora Jong Kim Un—han sido vastamente demonizados por trabajar en programas nucleares y misilisticos y por emplear una retórica amenazante. Como resultado de ello, estos países han sido aislados mediante amenazas estadounidenses y sanciones internacionales lideradas por los EE.UU..

Rodman generó la ira de los líderes, diplomáticos y medios de comunicación estadounidenses por tener la desfachatez de romper el aislamiento contra el demonizado líder de Corea del Norte. Por lo tanto, la visita de Rodman fue retratada implícitamente como “antipatriótica”. Por ejemplo, Stephanopoulos le preguntó a Rodman si su omisión de desafiar a Kim Jong sobre sus antecedentes en materia de derechos humanos en Corea del Norte no lo hicieron aparecer como que estaba apuntalando el régimen dictatorial. Por el amor de Dios, ¡Rodman es un ciudadano privado, participando tan sólo en un viaje de “turismo deportivo”! (Descargo: En mis dos viajes a Ucrania, yo también omití denunciar al régimen local por socavar la democracia) También, hace poco tiempo, el Departamento de Estado, frunció el ceño ante la visita del ex gobernador Bill Richardson y Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google. Al parecer, nada debería romper el hermético sello de la cuarentena virtual impuesta a Corea del Norte por el gobierno de los EE.UU..

En sus comentarios sobre el programa “This Week”, sin embargo, Rodman se atrevió a plantear implícitamente preguntas acerca de la política de aislamiento. Rodman reconoció que Kim Jong Un ama el poder y el control, pero dijo que ofreció a Kim algunos consejos para las futuras conversaciones con el presidente Obama “A [Kim] le encanta el baloncesto.. Yo expresé lo mismo, y le dije: ''A Obama le encanta el baloncesto’. Empecemos por ahí”. El establishment de Washington, por supuesto, puso sus ojos en blanco frente a la ingenuidad del extravagante ex jugador de baloncesto cuando juguetea con un conocido “monstruo”.

En cambio, la visita de Rodman debería comenzar a levantar las cejas del pueblo estadounidense acerca de una política de aislamiento que ha sido un fracaso total. Corea del Norte sólo continua probando dispositivos y misiles nucleares e involucrándose en una retórica recalentada contra los Estados Unidos. Además, estrangular económicamente a Corea del Norte meramente la desespera y peligrosamente la vuelve más propensa a vender tecnología nuclear y de misiles a todo el mundo.

Después de que los líderes o países son demonizados, se hace imposible para las autoridades del gobierno de los EE.UU. considerar que tales países, a pesar de que son férreas dictaduras, pueden en realidad tener inquietudes legítimas en materia de seguridad. En el caso de Corea del Norte, estas preocupaciones son simplemente consideradas “paranoia”. En otras palabras, la a menudo santurrona política exterior estadounidense da por sentado que un régimen represivo a nivel interno será externamente agresivo, lo que no es así, pero puede resultar una profecía auto cumplida. En síntesis, los Estados Unidos tienen que aprender a tolerar y trabajar con países que no coinciden con los estándares estadounidenses de democracia y derechos humanos.

La única superpotencia del mundo, que tiene un perímetro de defensa sobre extendido que proporciona un paraguas sobre la actualmente rica Corea del Sur (que posee de 30 a 40 veces el PIB de los indigentes del Norte), mantiene tropas en el sur y regularmente lleva a cabo ejercicios militares conjuntos con ese país. Al percatarse de que los Estados Unidos han sido la nación más intervencionista en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial y después del derrocamiento por parte de los EE.UU. de los dictadores antes mencionados, ninguno de los cuales tenía armas nucleares, no parece ridículo que Corea del Norte desease obtener algunas de esas armas para amenazar a los Estados Unidos, a fin de evitar sufrir el mismo destino. Sin embargo, a pesar de toda la furiosa retórica norcoreana—tal vez como un puerco espín—Rodman informó que Kim dijo que no quería la guerra con los Estados Unidos.

¿Y qué hay respecto de las otras indignadas observaciones de Stephanopoulos acerca de Corea del Norte? Cuando desafió a Rodman sobre los campos de prisioneros de Corea del Norte, Rodman formuló al parecer la escandalosa afirmación de que los EE.UU. también los tenían. Aunque los campos de prisioneros de Corea del Norte son mucho peores que las cárceles estadounidenses, este no es un comentario indignante de un afroamericano, que podría ver a las cárceles norteamericanas desproporcionadamente llenas con otros afroamericanos. Además, los Estados Unidos poseen la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, y muchas de las personas encarceladas están allí por transacciones relacionadas con drogas que ni siquiera deberían ser ilegales.

Stephanopoulos también implicó que Kim Jong Un es un asesino. Eso es probablemente correcto, pero la superpotencia americana sin duda ha matado a muchas más personas en el extranjero en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial que cualquier otro país del mundo, incluida Corea del Norte. Sólo unos pocos ejemplos son necesarios para dejar las cosas en claro: Los Estados Unidos mataron a 4 millones de vietnamitas en la Guerra de Vietnam utilizando bombardeos masivos y agentes químicos, 1,5 millones de personas estimadas en la innecesaria invasión estadounidense a Irak, 1 millón de civiles japoneses y alemanes en la Segunda Guerra Mundial empleando bombas incendiarias y armas atómicas después de que la guerra ya estaba ganada, entre medio millón a un millón de indonesios tras un golpe de Estado patrocinado por los Estados Unidos que incluyó a la inteligencia estadounidense señalando comunistas para su eliminación, y casi dos millones de norcoreanos en la Guerra de Corea cuando los Estados Unidos bombardearon en masa el norte e intencionalmente los hambrearon al bombardear acequias para arruinar sus cosechas. Esta evidencia sólo sirve para demostrar que el gobierno de los EE.UU. rara vez se mira en el espejo cuando escarnece y aporrea países extranjeros.

Los Estados Unidos no tienen por qué hacerse amigos de Kim Jong Un y los norcoreanos—Dennis Rodman puede hacer eso. Lo que tienen que hacer es retirarse de la península surcoreana y dejar que la hora rica Corea del Sur se defienda por sí misma. Corea del Norte estará mucho menos propensa a amenazar a los EE.UU. si no están defendiendo a Corea del Sur. Si el Norte se porta mal, los Estados Unidos ya no deberían sobornarlo con ayuda con la vana esperanza de un comportamiento mejor.

Además, los Estados Unidos, con el arsenal nuclear más poderoso del planeta, deberían reconocer que Corea del Norte es poco probable que renuncie a sus pocas armas nucleares y darse cuenta que la amenaza de una destrucción en masa probablemente evitará que Corea del Norte dispare en realidad las armas contra los Estados Unidos. Por último, el aislamiento de Corea del Norte debería concluir. De manera contra intuitiva, los dirigentes norcoreanos probablemente teman al máximo esta posibilidad, ya que nuevas ideas incidiendo en el país podrían conducir a la inestabilidad o incluso una revuelta de la población.

Resumiendo, el turismo deportivo de Dennis Rodman implícitamente acusó una fracasada política estadounidense de aislamiento hacia Corea del Norte. Él se rió de ello, y su perspectiva necesita más respeto.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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