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Cómo viven los “progres” estadounidenses
5/3/2013
John C. Goodman

El Partido Demócrata tiene dos grupos de auténticos seguidores: los ricos y los pobres.

No todos los ricos, por supuesto. Tampoco, no todos los pobres.

Pero, a una vasta franja de los ricos, especialmente aquellos cuya fortuna fue heredada y no ganada, no se le ocurriría votar por un republicano. Lo mismo ocurre con un gran número de pobres que han descubierto la manera de inscribirse en diversos programas de bienestar y tienen la intención de permanecer subsidiados durante el resto de sus vidas.

¿Qué tienen en común estos grupos? Nada. Rara vez se encuentran. Y si lo hicieran, no se agradarían mutuamente.

Usted podría sentirse inclinado a pensar que la unión política de estos dos grupos es un accidente de la moderna política electoral. Pero puede haber algo más involucrado. Ambos grupos tienen poco que ver con la gente de clase media: Los pobres los envidian y los ricos los tratan con desdén.

Para poner a prueba la idea de que podría haber una especie de extraña sociología involucrada, decidí echarle un vistazo a algunas comunidades donde los “progres” de limusina detentan firmemente el control y no temen ser expulsados en las próximas elecciones por los votantes de clase media con valores de clase media.

Bienvenidos a la República Popular de Boulder, Colorado.

Cuando se pregunta a los residentes qué les gusta de Boulder, se apresuran a responder. “No vas a encontrar grandes carteles publicitarios diciéndote dónde queda la tienda Target más cercana”, me dijeron. Y, “Allí dónde en cualquier otra ciudad podrías encontrar un restaurante McDonald’s o Taco Bell, en Boulder es más probable que encuentres una cafetería Starbucks o un supermercado Whole Foods”.

Para asegurarse de que las cosas sigan así, Boulder ha destruido virtualmente cualquier posibilidad de nuevas viviendas del tipo que encontrarían asequibles aquellas personas que realizan sus compras en Target y comen en McDonald’s. A través de estrictas restricciones de zonificación, la ciudad ha prácticamente legislado que las viviendas nuevas para la clase media se tornen inexistentes. La ciudad ha incluso adquirido grandes extensiones de tierra para asegurarse que el desarrollo inmobiliario no se produzca.

Como resultado de ello, el precio promedio de una casa en Boulder es de 375.000 dólares, en contraste con un precio promedio de 220.000 dólares en Colorado Springs.

Boulder tiene su propia política de calentamiento global. De hecho, es una de las pocas ciudades en el país que está a punto de deshacerse de una empresa privada de servicios eléctricos para cambiarla por una de propiedad pública. La razón: la compañía eléctrica privada no es lo suficientemente “verde”. Esto puede parecer cómico hasta que te percatas de que Boulder tiene mucho que enmendar en materia del cambio climático. Dos terceras partes de todas las personas que trabajan en Boulder deben conducir para llegar al trabajo desde las afueras de la ciudad porque no pueden darse el lujo de vivir allí.

Eso implica que 60.000 automóviles arrojen dióxido de carbono a la atmósfera cada mañana y cada noche de cada día laborable congestionado, gracias a la planificación del uso del suelo de Boulder.

Mientras que Boulder obliga a su fuerza laboral de clase media a vivir en las comunidades vecinas, es sorprendentemente generosa con los pobres. Un refugio para personas sin hogar de varios millones de dólares es tan lujoso, que en realidad atrae a vagabundos de otras ciudades de Colorado. Como lo explica un escritor local:

El Refugio para Personas sin Hogar de Boulder es una instalación multimillonaria de reciente construcción. Cuenta con una amplia sala común, una sala de televisión, máquinas lavadoras (1 dólar por lavado) y secadoras (gratis) disponibles, duchas, algunas docenas de pequeños armarios para guardar cosas, y una gran cocina/comedor... Tiene una ocupación límite de 160 personas, y el exceso de demanda que se da por las noches es alojado en una red de iglesias locales y una sinagoga administrada por la Boulder Outreach for Homeless Overflow.

Existe también un programa activo para proporcionar viviendas subsidiadas a familias de bajos ingresos. Se trata de un desarrollo inmobiliario de primera con vista a las montañas el cual se estima tiene un valor de mercado de 500.000 dólares por unidad. En otras palabras, ¡las familias de bajos ingresos están viviendo en unidades habitacionales que valen mucho más que una casa promedio en Boulder! Desafortunadamente, las familias pobres no pueden sin embargo vender sus casas al mejor postor. Si les fuera factible hacerlo, inmediatamente dejarían de ser pobres y la propiedad se destinaria a su valor de uso más alto.

Maximizar el valor de la propiedad, sin embargo, no es el objetivo de los ciudadanos de Boulder. Si usted posee una casa construida, por ejemplo, antes de 1950, hay una buena probabilidad de que la Junta de Edificios Históricos la designe como un sitio de preservación histórica y no le permita modificarla. En cuanto a las casas nuevas y las remodelaciones, la ciudad prácticamente determina qué tan grande puede ser la casa. También te indica qué tipo de chimenea puedes tener y qué se puede quemar y qué no en ella. Si deseas derribar una estructura existente, no puedes simplemente demolerla. Hay que desmantelarla y reciclar todas las partes.

Cuando los dueños de un parque de casas rodantes decidieron utilizar la propiedad para construir en su lugar condominios, los propietarios de las casas rodantes hicieron un llamamiento a los líderes de la ciudad, que re-zonificaron la propiedad de modo tal que sólo pudiese ser utilizada como un parque de casas rodantes.

Luego, por supuesto, está el deseo del Estado niñera de decirle a todos qué hacer con sus vidas personales. Fumar en Boulder está prohibido en casi todas los espacios interiores y también fuera sobre la acera.

¿Cuál es mi propia opinión respecto de todo esto? Si Ted Turner adquiere un rancho al pie de la cordillera Teton y compra tantos terrenos que logra que nadie más viva dentro de varios kilómetros a la redonda, más poder para él. Pero si adquiere un rancho pequeño y luego trata de lograr que el gobierno mantenga alejados a los demás, esa es la búsqueda crasa e ilegítima de su propio interés.

Si hace esto último, debería sentirse culpable. Muy culpable.

Traducido por Gabriel Gasave




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