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El carrusel del salario mínimo
21/2/2013
Benjamin Powell

El pedido del presidente Obama de un salario mínimo federal de 9 dólares la hora en su discurso sobre el Estado de la Nación me hace sentir un poco como el personaje de Bill Murray en la película Groundhog Day (conocida como el Día de la Marmota / Atrapado en el tiempo en español). La única diferencia es que, en lugar de volver a vivir el mismo día una y otra vez, yo tengo que seguir reviviendo aún la misma mala idea propuesta por otro político.

En su discurso, Obama expresó: “Esta noche, vamos a declarar que en la nación más rica de la Tierra, nadie que trabaja a tiempo completo debería tener que vivir en la pobreza y elevaremos el salario mínimo federal a 9 dólares la hora. Este solo paso aumentará los ingresos de millones de familias trabajadoras”. Sin embargo, esta aseveración contradice a la teoría económica y la evidencia del mundo real.

Todo estudiante de economía introductoria aprende que ordenar un salario mínimo por encima de los valores del mercado aumentará el desempleo entre los trabajadores menos productivos. En pocas palabras, los salarios mínimos aumentan el costo de emplear a trabajadores poco calificados. Las empresas responden contratando menos.

Ciertamente, los defensores del salario mínimo, al igual que Obama, implícitamente reconocen esta realidad. De lo contrario, ¿por qué Obama solamente está pidiendo aumentar el salario a $ 9 la hora? ¿No se ayudaría aún más a los trabajadores pobres si él elevase su salario a $ 100 la hora? Dicho salario mínimo alto daría lugar a un desempleo masivo y, por desgracia, ello en verdad ocurrió con anterioridad en los Estados Unidos.

En 1938, el gobierno federal estableció el primer salario mínimo en los EE.UU. en 25 centavos de dólar por hora. En ese momento, el salario promedio en los Estados Unidos era de 62,7 centavos de dólar por hora, así que la mayoría de los trabajadores no se vio afectada. Sin embargo, la ley también se aplicó en Puerto Rico, que era el pariente pobre y subdesarrollado de los Estados Unidos. Muchos trabajadores de Puerto Rico ganaban sólo de 3 a 4 centavos de dólar por hora en ese entonces. El resultado del salario mínimo fue una quiebra masiva de comercios y un alto desempleo en Puerto Rico.

La razón por la que no observamos un desempleo masivo causado por el salario mínimo es precisamente debido a que el salario mínimo ha quedado por debajo del salario de mercado para la mayoría de los empleados. Más del 98 por ciento de los empleados a tiempo completo que cobran por hora ya perciben más que el salario mínimo federal.

Los trabajadores jóvenes a tiempo parcial, en particular los pertenecientes a las minorías, son los más negativamente afectados por un incremento del salario mínimo. Aunque el aumento del salario mínimo a $ 9 la hora no causará un desempleo masivo para la mayor parte de la población, el aumento del 24 por ciento perjudicará a estos trabajadores.

Seis de los 10 estados con las mayores tasas de desempleo entre los adolescentes poseen disposiciones estatales de un salario mínimo más alto que el que se exige a nivel federal. Sólo el estado de Washington tiene un salario mínimo por encima de $ 9 por hora y alrededor del 30 por ciento de sus jóvenes se encuentra desempleados.

Los apologistas conocedores de las leyes de salario mínimo a menudo citan el libro de 1997 de David Card y Alan Krueger, Myth and Measurement, que argumentaba que los aspectos negativos sobre el empleo del salario mínimo son mínimos o inexistentes. Por supuesto, una de las razones por las que encontraron poca evidencia de los efectos negativos se debe precisamente a que el salario mínimo se ha mantenido lo suficientemente bajo como para no ser vinculante para la gran mayoría de los trabajadores.

Más importante aún, casi 20 años de investigación desde ese estudio han señalado en la otra dirección. Los economistas David Neumark y William Wascher analizaron la vasta literatura que estudia el efecto del salario mínimo en su reciente libro, Minimum Wages. Descubren que la mayor parte de la evidencia acumulada en los últimos 20 años indica que el salario mínimo reduce el empleo de los trabajadores menos competentes y disminuye sus ingresos. El estudio de Card y Kruger es algo atípico, no la norma.

La teoría económica básica, la investigación empírica avanzada, y el sentido común, conducen todos a la misma conclusión: los requerimientos de salario mínimo perjudican a las personas a las que pretenden ayudar. Desafortunadamente, la buena economía no siempre coincide con la buena política. Así que los economistas están condenados a librar eternamente esta misma batalla una y otra vez, cada vez que a un político le resulta políticamente conveniente vender algo de analfabetismo económico sobre el salario mínimo.

Traducido por Gabriel Gasave


Benjamin Powell, es Investigador Asociado en The Independent Institute, un centro de estudios sobre políticas públicas con sede en Oakland, California y Profesor de Economía en la Suffolk University.




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