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La bañadera, Mencken, y la guerra
1/8/1999
Wendy McElroy

“Ni un plomero emitió un saludo o enarboló una bandera. Ni un gobernador proclamó un día de oración,” escribía H.L. Mencken el 28 de diciembre de 1917, en el New York Evening Mail. La ocasión para el lamento del iconoclasta periodista fue “A Neglected Anniversary” (“Un Aniversario Olvidado”), titulado de esa forma debido a que, como Mencken lo declaró, los Estados Unidos habían omitido celebrar el 75 aniversario de la invención de la tina de baño moderna, la cual había ocurrido el 20 de diciembre de 1842, en Cincinnati, Ohio.

Procedió a ofrecer una historia de la bañadera en los Estados Unidos. El Presidente Millard Fillmore habría instalado la primera en la Casa Blanca en 1851. Este había sido un acto valiente de parte de Fillmore, dado que los riesgos para la salud de usar una bañadera habían sido objeto de una gran controversia dentro de los círculos médicos tradicionales. De hecho, Mencken observaba: “Boston a comienzos de 1845 declaró ilegales las bañaderas excepto bajo consejo médico, pero la ordenanza nunca fue aplicada, y en 1862 la misma fue derogada.”

“A Neglected Anniversary” fue el resultado directo de la propaganda anti alemana que dominaba los periódicos antes y durante la participación de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. Mencken era un conocido y respetado hombre de prensa. Había comenzado su carrera como reportero para el Baltimore Morning Herald en 1899, convirtiéndose en el director de los temas de la ciudad en 1904. En 1906 comenzó su larga asociación con el Baltimore Sun. No obstante, durante el periodo estadounidense anti germano, no pudo lograr que material sobre la Primera Guerra Mundial fuera publicado en virtud de sus puntos de vista pro alemanes, los cuales se originaban en un amor a la cultura más que a sus políticas. Mencken estaba enfurecido por el retrato popular de los alemanes como los “bárbaros soldados germanos” quienes cometían atrocidades tales como las ampliamente difundidas matanzas a punta de bayoneta de bebés belgas. (A pesar de que esta acusación había sido absolutamente aceptada por el pueblo estadounidense, más tarde se probó que no era más que pura propaganda aliada.)

Mencken intentó infundir cierta perspectiva del mundo real sobre la guerra a los periódicos estadounidenses. Hacia fines de 1916 viajó como reportero al frente oriental para cubrir las hostilidades, pero la ruptura de relaciones diplomáticas entre Alemania y los Estados Unidos lo obligó a regresar. Una vez en casa, descubrió para su horror que la mayoría de los despachos noticioso que enviara no habían sido publicados. Edward A. Martin escribe en “H.L. Mencken and the Debunkers”: “Corría 1917; Mencken, apasionadamente pro germano, se sentía amordazado por los excesos de patriotismo que dominaban el comportamiento de los estadounidenses. La columna independiente [la columna diaria de Mencken en el Evening Sun] había sido una víctima, en 1915, de sus impopulares puntos de vista de la guerra. La guerra y todas sus ramificaciones fueron excluidas de sus escritos hasta después de 1919.”

De esta manera, Mencken un animal político hasta la médula se dedicó a la escritura no política a efectos de poder publicar. Su obra A Book of Prefaces, una colección de criticas literarias, apareció en 1917. Su libro sobre la posición de las mujeres en la sociedad, In Defense of Women, fue editado en 1918. Y la primera edición de la obra magna de Mencken, The American Language, vio la luz en 1919. Escribió también para la revista literaria The Smart Set que codirigía con George Nathan.

Pero Mencken estaba lejos de ser optimista respecto de la supresión de sus opiniones políticas. Se quejó con Ellery Sedgwick, directora del The Atlantic Monthly, cuyas páginas también le fueron cerradas: “Está, de hecho, fuera de cuestión para un hombre de mi entrenamiento y mis simpatías el eludir la guerra. . . . ¿Cómo puedo predicar sobre las peligrosas histerias de la democracia sin citar al super obvio temor al espía con su típica puesta de la credulidad pública al servicio de los usos políticos y personales?”

Buscando una Salida

Su frustración febril encontró desahogo en “A Neglected Anniversary.” Como gran parte de los escritos de Mencken, el artículo no era lo que parecía ser en la superficie. Tenía niveles de significación. “A Neglected Anniversary” era una sátira destinada a convertirse en un clásico de ese género de la literatura de la misma forma en gran medida que la obra “A Modest Proposal” de Jonathan Swift, la cual satirizaba la política inglesa en Irlanda. En el artículo, Mencken hablaba en un tono elocuente del motivo fingido, el cual estaba apoyado por citas falsas y estadísticas fabricadas.

En síntesis, su historia de la bañadera era un absoluto engaño establecido dentro del marco de la situación histórica.

La bañadera moderna no había sido inventada en Cincinnati. Fillmore no la había introducido en la Casa Blanca. Las leyes anti bañadera que Mencken citó eran, para emplear una de sus palabras favoritas, “palabrería.”

Llamando al engaño “una mezcla sorprendente de situaciones obvias y de ficción difícil de refutar,” el autor de An Un-Neglected History (Una Historia No Descuidada), P. J. Wingate, observó: “La historia decía que Millard Fillmore se convirtió en Presidente en 1850. Es cierto. Era fácil de averiguar. La misma también decía, oblicuamente, que el General Charles M. Conrad fue Secretario de Guerra durante el mandato de Fillmore. Cierto otra vez.” Como muestra de lo “difícil de refutar a la ficción,” Wingate continuó: “Mencken estableció un par de trampas ocultas muy cuidadosamente. Extrajo citas del The Western Medical Repository del 23 de abril de 1843, y del Christian Register del 17 de julio de 1857. Ningún editor o académico en la tierra podría encontrar estos journals imaginarios pero los mismos tenían nombres plausibles.” Además, la cita de Mencken de fechas específicas daban credibilidad a las referencias de modo tal que los investigadores bien podrían asumir que sus propios archivos se encontraban incompletos.

La intención del periodista no era la de “divertirse a lo grande,” si bien es cierto que Mencken disfrutó del engaño. “A Neglected Anniversary” era un acto de feliz desacato dirigido a los periodistas quienes alegremente informaban ficciones como si fuesen ciertas y a los lectores quienes eran tan crédulos como para creerse informes descaradamente falsos sin cuestionárselos. Como escribiera más tarde, “uno rememora los días pomposos de 1914–1918. ¿Cuánto de lo que era entonces devorado por los lectores de diarios del mundo era realmente cierto? Probablemente ni el uno por ciento. Desde que la guerra concluyó los hombres instruidos y laboriosos han estado trabajando para examinar y exponer sus ficciones.”

Mediante su engaño, Mencken se demostró a sí mismo y demostró a sus amigos selectos que el público estadounidense creería cualquier absurdidad, siempre que la misma apelase a su imaginación o a sus emociones. Creerían incluso que un inexistente inventor en Cincinnati, Adam Thompson, había contratado a negros para acarrear agua “del río Ohio en baldes” para su bañadera debido a que la ciudad por entonces carecía de agua corriente.

Manteniéndose Callado

Ufano con su chiste privado, Mencken permaneció en silencio acerca del engaño hasta su siguiente artículo, “Melancholy Reflections” (“Reflexiones Melancólicas”), aparecido en el Chicago Tribune el 23 de mayo de 1926, unos seis años más tarde. Esta fue la confesión de Mencken. El mismo fue también una apelación a la razón para el público estadounidense.

Su engaño fue un chiste que salió mal. “A Neglected Anniversary” ha sido impreso y reimpreso cientos de veces en los años siguientes. Mencken ha recibido cartas de corroboración de parte de algunos lectores y pedidos de más detalles de otros. Su historia de la bañadera ha sido citada repetidamente por otros escritores y estaba comenzando a encontrar su camino entre los trabajos de referencia. Como Mencken lo destacó en “Melancholy Reflections,” sus “hechos” “comenzaron a ser usados por lo quiroprácticos y otros curanderos como evidencia de la estupidez de los médicos. Comenzaron a ser citados por los médicos como prueba del progreso de la higiene pública.” Y, debido a que la presidencia de Fillmore ha sido tan carente de acontecimientos, en la fecha de sus cumpleaños los calendarios a menudo incluían el único bocadillo de información interesante que podían hallar: Fillmore había introducido la bañadera en la Casa Blanca. (Incluso la posterior revelación académica de que Andrew Jackson tenía una bañadera instalada allí en 1834—años antes de cuando Mencken sostenía que la misma fue inventada—no disminuyó la convicción de los Estados Unidos de que Fillmore era el responsable.)

Mencken especulaba sobre la probable respuesta a su confesión, “Los florecientes de Cincinnati, quienes han hecho gran parte del alarde de que la industria de la bañadera, la que ahora alcanza los $200,000,000 por año, se inició en su ciudad, me cargarán con que difundo mentiras sobre ellos. Los quiroprácticos me maldecirán por volarle sus municiones. Los médicos, habiéndose tragado mi charlatanismo, me denunciarán como un curandero por exponerlos.” Se preguntaba acerca de si el revelar la verdad respecto de la bañadera conduciría a un renovado clamor por su deportación a Rusia como un bolchevique.

Uno puede solamente especular sobre si la real respuesta a “Melancholy Reflections” sorprendió a Mencken, quien era un cínico practicante para entonces. Mucha gente creyó que su confesión, y no el artículo original, era el engaño. Mencken se sintió compelido a escribir una segunda apelación, titulada “Hymn to the Truth” (“El Himno a la Verdad”.) Escribiendo en el Chicago Tribune del 25 de julio de 1926, comentaba: “El Herald publicó mi artículo [“Melancholy Reflections”] en la página 7 de su sección editorial . . . con una historieta a dos columnas rotulada satíricamente, ‘El público estadounidense se tragará cualquier cosa.’ Y entonces el 13 de junio, tres semanas más tarde, en la misma sección editorial pero promovido a la página 1, este mismo Herald íreimprimió mi patraña de diez años de antigüedad y como si fuese un trabajo periodístico!”

La historia de Mencken de la bañadera estadounidense ha sido tan graciosa y seductoramente construida que la gente simplemente desearía creerla. Desde entonces, investigadores curiosos han desacreditado hondamente los “hechos” de la bañadera de Mencken. Los biógrafos de Mencken presentan al engaño que el realizara tan bien que incluso él no podría desbaratarlo. (Todos los trabajos sobre la bañadera y más se encuentran compilados en The Bathtub Hoax and Other Blasts and Bravos, dirigido por Robert McHugh.) Sin embargo, referencias a la primer bañadera de Fillmore aún pueden ser encontradas. Ese trabajo de ficción ha ingresado incluso en la Era de la Internet. La página de Internet de la Biblioteca Pública de Fillmore, parte de sus series sobre los presidentes, expresa bajo “Puntos de Interés” lo siguiente: “La primera biblioteca, bañadera y horno de la Casa Blanca fueron instalados por los Fillmores.” (Véase http://www.ipl.org/ref/POTUS/mfillmore.html.)

Es fácil reírse y perder de vista el motivo detrás de “A Neglected Anniversary.” Mencken deseaba señalar las dramáticas inexactitudes de muchos relatos de los periódicos, las cuales son demasiado a menudo tragadas por completo por los lectores no críticos. Este fenómeno es especialmente prevaleciente en los períodos de guerra, cuando se realizan grandes esfuerzos para agitar las emociones del público de modo tal que el mismo apoye sin cuestionamientos las políticas gubernamentales. Cuando leemos relatos sobre la guerra, es valioso considerar la estimación de Mencken de que “probablemente ni el uno por ciento” de los mismos sean ciertos.

Traducido por Gabriel Gasave


Wendy McElroy es Investigadora Asociada en The Independent Institute y directora de los libros del Instituto, Freedom, Feminism and the State y Liberty for Women: Freedom and Feminism in the Twenty-first Century.



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