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C.S. Lewis y el Estado
16/3/2012
David J. Theroux

To the Source: Muchos de nosotros estamos familiarizados con los escritos teológicos y filosóficos de C.S. Lewis, pero usted ha hecho una observación que nos lleva a uno de los aspectos desatendidos de su pensamiento, una antipatía profunda por el “estatismo”. Para empezar, ¿qué es el estatismo?

Theroux: El estatismo es la visión de que todo el poder social y económico en la sociedad debería concentrarse en un gobierno altamente centralizado que controle la toma de decisiones y todos los aspectos de la vida. El estatismo sostiene que el gobierno es la única fuente de moralidad y del derecho, que los individuos no poseen derechos soberanos y que el Estado de Derecho debe ser reemplazado por la arbitraria regencia de una élite, fuera del control de la ley natural, la religión, el derecho consuetudinario o la tradición. Como tal, el estatismo crea una sociedad de amos y esclavos y es otro término para el totalitarismo.

El estatismo asume numerosas formas y hay una variedad de ideologías colectivistas que han sido empleadas para justificar el estatismo, incluido el fascismo, el corporativismo, el socialismo, el comunismo, la teocracia, etc. Sin embargo, todas las formas de estatismo consisten en una élite que impone normas sobre el resto de la sociedad y las hace cumplir a través de la fuerza letal. Para ganar y conservar el poder, estos sistemas controlan toda la información a través de la propaganda de los medios controlados por el Estado, el gobierno de un partido único y la represión de los opositores, el culto de la personalidad y el nacionalismo, el control sobre la familia y la economía, la restricción de la palabra, la vigilancia masiva y el empleo generalizado del terror.

En este sentido, un eslogan popular de Mussolini y los fascistas italianos era “Todo para el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado” . C.S. Lewis trazó una clara distinción entre la realidad de la importancia de la libertad individual y las tendencias a caer en las garras de los absurdos y los peligros del estatismo:

La primera de estas tendencias es la creciente exaltación de lo colectivo y la creciente indiferencia por las personas. . . . si uno tuviese que inventar una expresión para “seres sin pecado que aman a su prójimo como a sí mismos” sería apropiado no emplear palabras como “mi”, “yo” y “otros pronombres e inflexiones personales”. En otras palabras. . . no existe diferencia entre las dos soluciones opuestas al problema del egoísmo: entre el amor (que es una relación entre personas) y la abolición de las personas. Nada más que un puede amar y un sólo puede existir para un Yo. Una sociedad en la que nadie fuese consciente de sí mismo como una persona frente a otras personas, donde nadie pudiese decir “Te amo”, sería, en efecto, libre de egoísmo, pero no a través del amor. Sería tan “desinteresada” como lo es un balde de agua. . . . [En tal caso] el individuo no importa. Y por lo tanto, cuando realmente se eche a andar. . . no importará lo que usted le haga a un individuo.
En segundo lugar, tenemos la aparición de “el Partido” en el sentido moderno—los fascistas, los nazis o los comunistas. Lo que lo distingue de los partidos políticos del siglo diecinueve es la creencia de sus miembros de que no se encuentran meramente tratando de implementar un programa, sino que están obedeciendo a una fuerza importante: que la Naturaleza o la Evolución, o la Dialéctica, o la Raza, los están conduciendo. Esto suele ir acompañado de dos creencias. . . la creencia de que el proceso que encarna el Partido es inevitable, y la creencia de que llevar adelante este proceso es el deber supremo y algo que deroga todas las leyes morales comunes. En este estado de ánimo los hombres pueden convertirse en adoradores del diablo en el sentido de que ahora pueden honrar, así como obedecer, a sus propios vicios. Todos los hombres a veces obedecen a sus vicios: pero es cuando la crueldad, la envidia y la lujuria del poder aparecen como los comandos de una gran fuerza súper personal que pueden ser ejercidos con la auto-aprobación. [On Stories]

To the Source: ¿Por qué se opone tan drásticamente Lewis al estatismo, sobre todo lo que podríamos llamar el Estado de Bienestar, una especie de “estatismo benevolente”?

Theroux: Lewis consideraba que cada hombre y mujer fueron individualmente creados a imagen de Dios y como tal poseen un alma con una mente y libre albedrío. Los individuos no son un “commodity” para ser poseído por otros sino que son agentes libres con sujeción a la ley natural divina y responsables ante el Creador por sus decisiones. Siendo la fuente de toda bondad, verdad y belleza, Dios desea que todas las personas lo busquen, pero para hacerlo, deben tener la libertad de elegir entre el bien o el mal, como Dios los había creado. Lewis señaló que:

Creo en la igualdad política. Pero hay dos razones opuestas para ser un demócrata. Usted puede pensar que todos los hombres son tan buenos que merecen una participación en el gobierno de la nación, y tan sabios que la nación necesita su consejo. Es decir, en mi opinión, la doctrina falsa y romántica de la democracia. Por otra parte, usted puede creer que los hombres imperfectos son tan malvados que a ninguno se le puede confiar algún poder irresponsable sobre sus semejantes. Ese creo que es el verdadero fundamento de la democracia. No creo que Dios crease un mundo igualitario. . . . [D]ado que hemos pecado, hemos descubierto, como dice Lord Acton, que “todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. El único remedio ha sido quitarles los poderes y sustituirlos por una ficción legal de igualdad. . . . La teocracia ha sido abolida con razón no porque es malo que los sacerdotes debieran regir a los laicos ignorantes, sino porque los sacerdotes son hombres malvados como el resto de nosotros. [The Weight of Glory]

Lewis estaba incuestionable y profundamente interesado en las ideas e instituciones que sirvieron de base para los individuos y las comunidades libres y virtuosas. Pero a diferencia de los cruzados “progresistas” a favor de un depredador poder gubernamental sobre los fines pacíficos de personas inocentes, Lewis nunca estuvo interesado en la política y era profundamente escéptico del poder del gobierno y los políticos, como lo expresó en las dos primeras líneas de su poema “Lines during a General Election”:

Their threats are terrible enough, but we could bear All that; it is their promises that bring despair. [Poems]

Señaló además que:

No me agradan que las pretensiones del gobierno—los motivos por los cuales exige mi obediencia—sean catapultadas demasiado alto. No me agradan las pretensiones mágicas del curandero, ni el derecho divino del Borbón. Esto no es solamente porque descreo de la magia y la Politique de Bossuet. Creo en Dios, pero detesto la teocracia. Todo gobierno está integrado por simples hombres y es, estrictamente considerado, un arreglo provisorio; si añade a sus mandamientos “Así dice el Señor, miente, y miente peligrosamente. [God in the Dock]

En su ensayo, “Is Progress Possible? Willing Slaves of the Welfare State”, Lewis analiza cómo sin el necesario encuadre de la ley natural de la cultura social, jurídica y política, la humanidad no solo dejaría de ser reconocida como digna de derechos o la decencia común, sino que quedaría indefensa ante la opresión. Y, por supuesto, lo que esto significa ante todo es la eliminación de lo que hace humana a la humanidad. Como Lewis explicó el problema:

¿Hay alguna posibilidad de obtener la miel del Súper Estado de Bienestar y evitar el aguijón? No nos equivoquemos respecto del aguijón. . . . Para vivir su vida a su manera, para llamar a su casa su castillo, para disfrutar de los frutos de su propio trabajo, para educar a sus hijos como su conciencia lo indique, para ahorrar para la prosperidad de ellos después de su muerte—estos son deseos profundamente arraigados en el hombre civilizado”. [God in the Dock]

Para Lewis la conexión del Estado de Bienestar con la tiranía y la depravación era clara:

En cada época los hombres que nos quieren bajo su pulgar, si tienen buen tino, plantearán esa particular pretensión con las esperanzas y los temores que esa época estime más potentes. . . . Debemos dar la debida importancia a la afirmación de que nada más que la ciencia, y la ciencia globalmente aplicada, y por ende controles gubernamentales sin precedentes, puede producir estómagos llenos y atención médica para toda la raza humana: en síntesis, nada sino un Estado de Bienestar mundial. Es un pleno reconocimiento de estas verdades lo que en la actualidad me convence del extremo peligro de la humanidad. Tenemos por un lado necesidades desesperadas: el hambre, la enfermedad y temor de la guerra. Tenemos, por el otro, la concepción de algo que puede hacerles frente: una omnipotente tecnocracia global. ¿No son estas una oportunidad ideal para la esclavitud? . . . El interrogante sobre el progreso se ha convertido en la cuestión de si podemos descubrir a nivel mundial alguna manera de subsumirnos ante el paternalismo de una tecnocracia sin perder toda la privacidad y la independencia personal. . . . Todo lo que realmente puede suceder es que algunos hombres se harán cargo del destino de los demás. Serán simplemente hombres; ninguno perfecto, algunos codiciosos, crueles y deshonestos. Cuanto más completamente planificados nos encontremos, más poderosos serán ellos. ¿Habremos descubierto alguna nueva razón por la cual, esta vez, el poder no debería corromper como lo había hecho antes? [God in the Dock]

To the Source: Usted destaca que Lewis fue especialmente profético en sus advertencias acerca de la unión del poder político y técnico en el Estado. ¿Qué tenemos que aprender de Lewis al respecto?

Theroux: Para Lewis, la ciencia debería ser una búsqueda de conocimiento, y su preocupación era que la ciencia de la era moderna es en cambio utilizada muy a menudo como una búsqueda por parte de algunos de poder sobre los demás. Lewis no negó que la ciencia es una herramienta inmensamente importante para entender el mundo natural, pero su punto más importante es que la ciencia no puede decirnos nada que sea en última instancia importante con respecto a qué elecciones deberíamos tomar. En otras palabras, Lewis muestra que “lo que es” no indica “lo que debería” ser. Los científicos por sí solos no son capaces de hacer frente a la ética moral, y todas las cuestiones sociales y políticas son exclusivamente cuestiones de moralidad:

[L]a nueva oligarquía debe basar cada vez más su pretensión de planificarnos en su pretensión de conocimiento. . . . Si vamos a ser criados por una madre, esa madre es la que más debe saber. . . . La tecnocracia es la forma a la que una sociedad planificada debe tender. Hoy en día le temo a los especialistas en el poder porque son especialistas que hablan más allá de sus temas específicos. Dejemos que los científicos nos digan acerca de la ciencia. Pero el gobierno involucra cuestiones sobre lo que es bueno para el hombre, y la justicia, y qué cosas valen la pena tener y a qué precio; y sobre esto una formación científica no le confiere a la opinión de un hombre ningún valor agregado. [God in the Dock]

Cuando el biólogo marxista J.B.S. Haldane atacó a Lewis por ser “anti-ciencia” y estar en contra de un “mundo planificado”, Lewis escribió lo siguiente:

Ciertamente es un ataque, no contra los científicos, sino contra algo que podría ser denominado el “cientificismo”—una cierta perspectiva sobre el mundo que está casualmente conectada con la popularización de las ciencias, aunque es mucho menos común entre los verdaderos científicos que entre sus lectores. Es, en una palabra, la creencia de que el fin moral supremo es la perpetuación de nuestra propia especie, y que ella debe ser perseguida aun cuando, en el proceso de tornarnos aptos para sobrevivir, nuestra especie tenga que ser despojada de todos las cosas por las cuales la valoramos—de la compasión, de la felicidad y de la libertad. . . . En las condiciones modernas cualquier invitación efectiva al infierno aparecerá sin duda bajo el disfraz de la planificación científica—como de hecho hizo el régimen de Hitler. Todo tirano debe comenzar por afirmar que posee lo que sus víctimas respetan y darles lo que desean. En gran parte de los países, las mayorías respetan a la ciencia y desean ser planificados. Y por ende, casi por definición, si algún hombre o grupo desease esclavizarnos obviamente la describirá como una “democracia científicamente planificada”. Razón de más para observar con mucha atención a todo lo que ostente ese rotulo.
Mis temores de una tiranía así le parecerán al profesor poco sinceros o pusilánimes. Para él, el peligro se encuentra absolutamente en la dirección opuesta, en el caótico egoísmo del individualismo. Debo tratar de explicar por qué le temo más a la crueldad disciplinada de alguna oligarquía ideológica. El profesor tiene su propia explicación de esto; él cree que me encuentro inconscientemente motivado por el hecho de que tengo “mucho que perder con el cambio social”. Y en verdad sería difícil para mí dar la bienvenida a un cambio que podría enviarme a un campo de concentración. [On Stories]

To the Source: Podríamos pensar que la democracia es el antídoto contra los peligros del estatismo. ¿Pensaba Lewis de otra manera?

Theroux: Como la forma de gobierno más consistente con su estudio de la ley natural y la naturaleza del hombre, Lewis optó por la “democracia” (no el mayoritarismo, sino el auto-gobierno como en el libro de Alexis de Tocqueville Democracy in America), considerándola la estructura política menos mala. La misma debería ser establecida sólo con el fin de limitar el poder político centralizado, sin embargo:

Soy un demócrata porque creo en la imperfección del hombre—o más precisamente que el hombre es libre de elegir el bien o el mal. . . . [L]a mayoría de la gente es demócrata por la razón opuesta. Gran parte del entusiasmo democrático se origina en las ideas de personas como Rousseau, que creían en la democracia porque consideraban que la humanidad era tan sabia y buena que todo el mundo merecía participar del gobierno. El peligro de defender la democracia en base a esos motivos es que no son ciertos. Y siempre que su debilidad queda expuesta, quienes prefieren la tiranía capitalizan esa exposición. Encuentro que no son ciertos sin mirar más allá de mí mismo. No merezco participar del gobierno de un gallinero, mucho menos de una nación. Tampoco lo merece la mayor parte de las personas—todos los que creen en la publicidad, y piensan en muletillas y esparcen rumores. La verdadera razón para estar a favor de la democracia es justamente lo contrario. El hombre es tan imperfecto que a ninguno se le puede confiar un poder sin límites sobre sus semejantes. Aristóteles afirmaba que algunas personas sólo eran aptas para ser esclavos. Yo no lo contradigo. Pero rechazo la esclavitud porque no veo a ningún hombre apto para ser amo. [Present Concerns]

También reconoció la diferenciación innata de los individuos y cómo la singularidad de cada alma individual es de origen divino:

Es inútil decir que los hombres son de igual valor. Si el valor es tomado en un sentido mundano—si queremos decir que todos los hombres son igualmente útiles o bellos o buenos o entretenidos—entonces esta es una tontería. . . . Si existe igualdad, es en Su amor, no en nosotros. . . . De esta manera entonces, la vida cristiana defiende la personalidad única de la colectiva, no aislándolo sino dándole el estatus de un órgano en el Cuerpo Místico. [The Weight of Glory]

Traducido por Gabriel Gasave


David Theroux, Fundador, Presidente y Gerente General de Independent Institute.




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