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En ocasiones, hay que tomar un remedio que sabe mal
28/12/2011
Ivan Eland

Como una madre que obliga a sus hijos a tomar una medicina de mal sabor por su propio bien, los contrariados “aliados” de los EE.UU. han compelido recientemente a la financieramente achacosa superpotencia estadounidense a reducir una intromisión en el extranjero que ya no puede solventar.

Los Estados Unidos—siempre renuentes al retiro de efectivos de cualquier lugar en ultramar, incluso si la situación sobre el terreno allí ha cambiado sustancialmente—deseaban renegociar el acuerdo estadounidense-iraquí para una completa retirada de las tropas de los EE.UU. de Irak a finales de 2011. Los EE.UU., sin embargo, querían que sus tropas tuviesen inmunidad frente a las leyes de Irak, algo que los iraquíes hastiados de la ocupación no apoyarían a raíz de las masacres de Haditha y Blackwater de civiles iraquíes por parte de efectivos y contratistas de seguridad estadounidenses, respectivamente.

Muchos conservadores han criticado a la administración Obama por abandonar Irak, y citan el reciente repunte en la violencia, el intento por parte del ministro chiita de arrestar al vicepresidente suní, y el derrumbamiento de la coalición del primer ministro chiita como evidencia de que las tropas de los EE.UU. deberían haber permanecido en el país. No obstante, este mismo argumento fue efectuado por los conservadores cuando las fuerzas de los EE.UU. se retiraron de Vietnam después de décadas de entremetimiento y es sostenido hasta ahora por haber abandonado a ese país del sudeste asiático demasiado pronto. Y al igual que el gobierno de Vietnam del Sur, el gobierno iraquí puede desmoronarse en lo que es esencialmente una guerra civil. Sin embargo, ¿cuánto tiempo deberían los Estados Unidos seguir tapando los problemas en esos países en desarrollo, especialmente cuando es casi imposible remodelar a culturas políticas foráneas empleando la fuerza armada? En Irak, los Estados Unidos tienen actualmente que confiar en su embajada más grande del mundo—16.000 empleados y contratistas—para mantener unido al país. Buena suerte. Debido a que Irak es un país artificial con grupos etno-sectarios y tribus rivales que compiten en una cultura política que rara vez permite el compromiso, Irak probablemente estaría condenado a una significativa guerra civil cuando fuese que los efectivos estadounidenses se marchasen. Bien podría ser ahora, después de casi nueve años de una fallida edificación de una nación.

En Paquistán, está teniendo lugar una situación similar. El sentimiento anti-estadounidense se encuentra en su punto culminante después que un contratista de seguridad de la CIA matase a dos paquistaníes en enero, la incursión estadounidense con helicópteros que mató a Osama bin Laden en mayo, y un ataque aéreo de los EE.UU. que mató a 26 militares paquistaníes cerca de la frontera afgana en noviembre. Como resultado de ello, Paquistán es probable que reduzca sus amplias relaciones en materia de seguridad con los Estados Unidos. “Hemos cerrado el capítulo sobre el período post-11 de septiembre”, según un funcionario senior de los EE.UU. citado por The New York Times. Bueno.

En un extraño giro de la política, desde el 11 de septiembre los Estados Unidos han venido paleando miles de millones en concepto de ayuda militar y económica a Paquistán a efectos de que los paquistaníes pudiesen ayudar a los talibanes afganos—a quienes los EE.UU. están combatiendo. Después de todo, el dinero es fungible. A cambio de la masiva ayuda a Paquistán, a los EE.UU. se les ha permitido el uso de aviones no tripulados para matar a miembros de al-Qaeda en Paquistán y transportar suministros y equipamiento militar a través de ese país para combatir a los talibanes afganos apoyados por Paquistán. ¡Ayudar al principal benefactor de tu enemigo es una locura!

Después del ataque aéreo estadounidense que mató a soldados paquistaníes el mes pasado, Paquistán hizo que los EE.UU. cerrasen una base de aviones no tripulados en el suroeste de Paquistán y cerró las rutas de suministro de material bélico estadounidense a Afganistán. Todos los ataques de aviones no tripulados de la CIA han sido suspendidos desde noviembre.

Aunque Pakistán está reevaluando la cooperación en materia de seguridad entre los dos países, parece que la excesiva fiesta estadounidense ha terminado. Reflejando la iracunda opinión pública paquistaní, la amplia relación de seguridad probablemente se reduzca a una relación más acotada de contra-terrorismo que restringa más apretadamente los ataques aéreos no tripulados contra al-Qaeda en suelo paquistaní, limite el número de espías y efectivos estadounidenses sobre el terreno allí, y eleve el costo en millones de dólares para hacer pasar los suministros estadounidenses a través de Afganistán.

Pero como en Irak, una huella estadounidense reducida puede parecer una mala noticia, cuando en realidad es algo para celebrar. Incluso si adherimos al dudoso alegato de que los EE.UU. pueden acabar con su salida del problema de al-Qaeda, los Estados Unidos todavía serán capaces de continuar la caza de al-Qaeda con aviones no tripulados pero se ahorrarán miles de millones de dólares al seguir congelando la masiva ayuda militar a Paquistán.

Esta acotada relación de contra-terrorismo es todo lo que los Estados Unidos deberían haber tenido desde un principio. Al-Qaeda atacó a los Estados Unidos; no los talibanes afganos. Los Estados Unidos podrían ahorrar aún más dinero mediante una rápida retirada de sus fuerzas de Afganistán, al permitir así que Paquistán tenga mayor injerencia en los asuntos afganos a través de los talibanes afganos y la eliminación de la dependencia de los EE.UU. de Paquistán para permitir el tránsito de suministros para esa guerra.

Por otra parte, una presencia estadounidense más leve en los países islámicos en realidad reducirá la ira de los musulmanes radicales contra los Estados Unidos, drenando así el pantano de potenciales terroristas anti-estadounidenses. Es una vergenza que se necesite que las propias naciones islámicas sean quienes compelan a los inconscientes responsables políticos estadounidenses a reducir la causa subyacente del terrorismo contra los Estados Unidos.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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