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El engaño del proyecto de ley de empleos de Obama
21/9/2011
Dominick T. Armentano

El muy promocionado proyecto de ley de “empleos” por 300 mil millones de dólares (billones en inglés) del presidente Obama es algo irrealizable. Es poco probable que logre ser aprobado por los republicanos de la Cámara de Representantes, e incluso si lo lograse, no creará ningún empleo viable en el sector privado. Luego de tres años de un bajo crecimiento económico y un escaso incremento en los puestos de trabajo en el sector privado, los políticos en Washington D.C. siguen insistiendo en engatusar al pueblo estadounidense.

¿Puede el gasto del gobierno crear empleos? Los gobiernos pueden ciertamente crear puestos de trabajo en el sector público; lo hacen todo el tiempo y el proyecto de ley de Obama hará más de lo mismo. Los gobiernos pueden contratar a maestros de escuela, trabajadores sociales, y millones de otros burócratas para administrar sus miles de programas y reglamentos. Es importante destacar, sin embargo, que los fondos para estos empleos deben ser proporcionados ya sea mediante la aplicación de impuestos al sector privado o pidiéndole prestado a éste. Así es que, como casi todos los economistas lo reconocen, el empleo del sector público tiene lugar (en algún sentido real) a expensas de oportunidades de trabajo en el sector privado.

Para ver por qué esto es así, asumamos que 1 millón de dólares es recaudado a través de impuestos para, digamos, financiar una nueva dotación de personal en la Agencia de Protección Ambiental. No hay discusión, puestos de trabajo en el sector público fueron creados. Pero téngase en cuenta que ese mismo millón de dólares no puede ser gastado por los contribuyentes en nuevas maquinas lavadoras o viajes a Las Vegas o suscripciones a periódicos. Así, cada empleo creado mediante el gasto gubernamental será compensado con los puestos de trabajo NO creados (ni mantenidos) en el sector privado de la economía. En economía, no hay almuerzo gratis.

Los empleos del sector privado, por otro lado, son creados de una forma totalmente diferente; y si son sostenibles, se autofinancian. Los empleados del sector privado son contratados con la expectativa de que sus salarios serán pagados por el ingreso o valor adicional que generan para el empleador. Las personas que trabajan para las tiendas que venden maquinas lavadoras o una agencia de viajes o un periódico deben generar un flujo de beneficios para la empresa que compense los salarios que se les paga (o serán despedidos). En resumen, las empresas privadas pueden contratar trabajadores—es decir crear puestos de trabajo—si y sólo si es rentable para ellas hacerlo.

Ahora es fácil entender por qué los programas de estímulo de Bush y Obama del pasado no crearon puestos de trabajo y por qué el actual proyecto de ley, de aprobarse, también fracasará. Primero, los programas gubernamentales que prestan dinero de los contribuyentes a empresas privadas con pobres expectativas de ganancias (como Solyndra) son recetas para el desastre. Los 528 millones que se gastaron en Solyndra podrían haber sido gastados por los consumidores apoyando a los comerciantes locales y sus empleados. En cambio se trató de puro capitalismo de amigos con el dinero y los empleos yéndose por el desagŁe.

Segundo, casi la totalidad del financiamiento para los llamados programas de obras públicas en el proyecto de ley de empleos de Obama es temporal. Incluso si el dinero de los contribuyentes es abonado a empresas privadas para, por ejemplo, pavimentar caminos o reparar puentes, el dinero es a corto plazo y no ofrece puestos de trabajo sostenibles a largo plazo. Cuando el financiamiento del gobierno se agote lo mismo ocurrirá con lo empleos.

Finalmente, como ya hemos explicado, el gasto del gobierno federal para los profesionales de la salud o para mejoras de infraestructura debe provenir ya sea de la tributación o del endeudamiento (o de reducciones en otros programas del gobierno) y eso significa que los nuevos puestos de trabajo del sector público deben generarse en detrimento de empleos públicos más antiguos y/o puestos de trabajo del sector privado no creados. Así, la noción de que el gasto del gobierno puede generar un incremento neto en el empleo es un disparate político peligroso.

Las empresas privadas crean puestos de trabajo sostenibles cuando la administración y los empleados generan beneficios rentables para sus consumidores. En ausencia de una expectativa de ganancia, ninguna empresa contratará a alguien para hacer algo; ¿lo haría usted? Llevar adelante un negocio rentable ya es lo suficientemente difícil (debido a la competencia y el cambio en los gustos de los consumidores), pero se torna aún más difícil cuando los impuestos, las regulaciones y los costos de la atención de la salud generan fuertes desincentivos para iniciar un negocio o contratar empleados adicionales.

Los Estados Unidos no necesitan otro proyecto de ley de empleos políticos sino que precisa un cambio radical en las políticas públicas. Necesitamos una moneda sólida y un presupuesto equilibrado (y mucho más bajo); necesitamos una moratoria sobre cualquier nuevo impuesto y regulaciones empresariales; y necesitamos que la Corte Suprema de un paso adelante y declare inconstitucional al Obamacare.

Los estadounidenses siempre hemos sobrevivido y prosperado a pesar de la gestión de políticos corruptos. Los haremos una vez más si podemos poner nuestros asuntos públicos en orden.

Traducido por Gabriel Gasave


Dominick T. Armentano es Profesor Emérito en Economía en la University of Hartford (Connecticut) e Investigador Asociado en The Independent Institute en Oakland, California. Es autor de Antitrust & Monopoly (Independent Institute, 1998)



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