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¿Qué pasará ahora que Bin Laden está muerto?
2/5/2011
Art Carden

La cara más visible del terrorismo fue ultimada ayer. Si usted se pregunta cuál es la diferencia que esto traerá aparejada para los mercados globales del petróleo y otros activos, la respuesta es “no mucha”.

El petróleo cotizó ligeramente en baja tras la irrupción de la noticia, pero comenzó a repuntar lentamente hacia el precio original que tenía en la apertura del mercado. Los titulares de CNNMoney.com cerca del mediodía, hora del centro de los EE.UU. fueron “El petróleo borra el precipitado optimismo” y "La gasolina podría superar los 4 dólares esta semana”. Hubo una explosión inicial de optimismo cuando el mercado de valores se recuperó un poco, pero luego éste se reacomodó hacia abajo.

De acuerdo con el keynesianismo tradicional, podríamos observar a los “animal spirits”* decir a los inversores que pueden comenzar a invertir de nuevo. Los movimientos de los precios de los activos el lunes por la mañana sugieren que tales “animal spirits” de cera eran en el mejor de los casos un fenómeno temporal.

Los efectos macroeconómicos de la muerte de Bin Laden es probable que sean mínimos. Podrían ofrecer una leve distracción y un impulso temporal al gasto, la confianza del consumidor, la confianza de los inversores, y actitudes similares, pero eso es todo. Los interrogantes más importantes que enfrentan los encargados de formular políticas tienen que ver con la eventualidad de ataques terroristas en represalia—los cuales, creo, tienen muy pocas posibilidades de tener el éxito de los ataques del “11 de septiembre” —y la posibilidad de que la muerte de Bin Laden vaya a cambiar el modo en que la gente ve al gobierno.

En una entrevista con Yahoo! Finance, Aaron Task sostuvo que “(e)conómicamente hablando, la muerte de Bin Laden será significativa si restablece la confianza en la capacidad del gobierno para hacer algo bien”. Esto no es necesariamente algo bueno porque la gente tiende hacia lo que el economista Bryan Caplan denominó la “deferencia irracional” al gobierno. En su libro The Myth of the Rational Voter, Caplan puntualiza que el porcentaje de personas que respondieron “casi siempre” o “la mayor parte del tiempo” a la pregunta de con qué frecuencia podían “confiar en el gobierno de Washington para hacer lo correcto” aumentó al 64% tras los ataques del 11/09 desde el 30% en 2000.

Esto me hace menos optimista acerca de si la muerte de Bin Laden dará lugar a mejores políticas. No ha cambiado el hecho de que el Departamento de Seguridad Nacional o DHS en inglés (y su brazo sin duda más visible, la Administración de Seguridad en el Transporte o TSA en inglés) representa un gasto de recursos que en lugar de seguridad adicional genera masivos inconvenientes. Sin embargo, el clima político si cambió, y yo esperaría ver más presión contra aquellos que fuésemos tan torpes como para criticar al DHS y la TSA. Después de uno de mis artículos que cuestionaba la necesidad de la TSA, un comentarista expresó el deseo de que yo, mis amigos y mi familia pereciéramos en un ataque terrorista. Creo que la muerte de Bin Laden va a envalentonar a los entusiastas de la guerra y los defensores de la TSA.

La misión específica con la que se acabó con él fue un éxito, pero a la luz de los diez años y dos guerras, la muerte de Bin Laden no fue como para decir que estábamos “haciendo algo bien”. Dejamos una inmensa hilera de destrucción a lo largo de diez años para encontrar, en palabras de Matt Nesto en otra entrevista con Yahoo! Finance, “con un gasto enorme a un extrovertido terrorista de alto perfil junto a un séquito y un aparato para diálisis”. No deberíamos felicitarnos por el trabajo bien hecho. Deberíamos estar preguntándonos cómo, exactamente, insumió tanto tiempo llevar esto a una resolución. Probablemente no sea demasiado difícil pensar que podríamos haber sido capaces de realizar la misma tarea por una pequeña fracción del costo y en aproximadamente una décima parte del tiempo, ofreciéndole mil millones de dólares a Dog el cazador de recompensas a cambio de Bin Laden.

La muerte de Bin Laden importa políticamente, pero la relevancia económica de su muerte es sólo indirecta. No deberíamos sentir placer por la muerte del impío, ni deberíamos esperar que ella genere mayores cambios en la política exterior estadounidense. Todavía, por ejemplo, no hay a la vista un final claro para las guerras en Irak y Afganistán, y no me sorprendería si la muerte de Bin Laden cataliza un entusiasmo a favor de guerras contra países como Siria y Paquistán. Después de que haya sido tamizado a través del proceso político, lo que hemos ganado con la muerte de Bin Laden podría en realidad ser una victoria pírrica.

Traducido por Gabriel Gasave

*Nota del traductor:

El término “animal spirits” está estrechamente asociado con John Maynard Keynes quien lo utilizó en su libro de 1936, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero para describir la idea de que la actividad económica podría en parte verse afectada por olas de optimismo o pesimismo empresarial. Para algunos Keynes tomó la expresión del Volumen 2 del Treatise of Human Nature escrito por David Hume en 1888.


Art Carden es Asociado Adjunto en el Independent Institute en Oakland, California, y profesor asistente en el Departamento de Economía y Negocios del Samford University.




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