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Una solución moral para la escasez de órganos
19/2/2001
Alexander T. Tabarrok

Miles de personas morirán este año mientras aguardan inútilmente para realizarse un transplante de órganos. Trágicamente, estos decesos podrían evitarse si tan sólo más individuos suscribiesen sus tarjetas como donantes. Sin embargo, cada año la escasez de órganos tiende a empeorar en la medida que la tecnología médica incrementa el número de potenciales beneficiarios mientras que la apatía social y el temor mantienen al número de donantes relativamente constante. Actualmente, unos 60.000 individuos están esperando para hacerse transplantes de órganos, mientras que menos de 10.000 se convertirán en donantes. A pesar de una prominente campaña publicitaria que tiene a Michael Jordan como vocero, una campaña nacional de pastores, rabinos y de otros religiosos apoyando la donación, la oferta de donantes permanece muy por debajo de lo necesario como para salvar la vida de todos los que aguardan en la lista de espera.

El ganador del Premio Nobel Gary Becker ha sugerido que una posible solución a la crisis sea incrementar el incentivo para donar órganos mediante el pago a los donantes. Un sistema, por ejemplo, sería permitirles a la organizaciones de obtención de órganos pagar los gastos funerarios de los donantes.

Los economistas sostienen que siempre que el precio de un bien o servicio es mantenido por debajo del precio de mercado, un faltante tiene lugar. Así como los controles de alquileres ordenados gubernamentalmente en Nueva York y en otras ciudades han conducido a una escasez de viviendas, las normas gubernamentales que declaran ilegal el comprar o vender órganos en el mercado abierto mantienen el precio de los órganos en cero y hacen que la escasez de órganos sea inevitable. Levantemos las restricciones, dicen Becker y otros, y el faltante desaparecerá.

Para muchos, este análisis puede sonar estremecedor, pero estas ideas son ahora tan familiares que al menos un bien conocido libro de textos - “Microeconomics” de Pindyck y Rubinfeld - utiliza a la escasez de órganos para ilustrar los efectos de los controles de precios de una manera más general. No obstante ello, mucha gente aún puede sentirse incómoda con la idea de la venta de órganos humanos. Y para bien o para mal, pocos políticos se encuentran proclives a enarbolar la bandera del laissez-faire cuando se trata de comerciar órganos humanos. Afortunadamente, hay otra solución posible.

Yo propongo que la United Network for Organ Sharing (UNOS) considere restringir los transplantes de órganos a aquellos que previamente acordaron ser donantes de órganos; resumiendo, una regla de “no lo ofreces, no lo recibes.” Mientras resulta comprensible que algunos individuos puedan tener reparos acerca de convertirse en donantes por motivos personales o religiosos, ¿por qué debería de permitírsele a alguien que no estaba deseoso de ofrecer sus órganos poder obtener uno?

El firmar su tarjeta de donante de órganos debería ser considerado como el ingreso a un club, el club de los potenciales receptores de órganos. La actual política de UNOS es la de que los órganos son un “recurso nacional.” Esto es algo desacertado. Los órganos deberían ser los recursos de los potenciales donantes de órganos, y el firmar una tarjeta de donante de órganos debiera ser equivalente a adquirir un seguro. El estar deseoso de entregar un órgano, que ya no le servirá más, es la prima a pagar por el derecho a recibir el órgano de otra persona si uno de los suyos falla.

¿Cómo funcionaría en la práctica la regla de “no lo ofreces, no lo recibes”? Cualquiera podría suscribir una tarjeta como donante en cualquier momento y ser registrado como un donante potencial. La mayoría de las personas firmaría su tarjeta al momento de obtener su licencia de conducir, tal como acontece hoy día. Los niños calificarían de forma automática para recibir órganos hasta la edad de 16, cuando tendrían la opción de firmar su tarjeta. Para evitar que alguien firme una vez que sabe que necesitará un órgano, existiría un período de espera obligatorio de al menos un año para que se haga efectivo el derecho a recibir un órgano.

Los órganos son en la actualidad asignados sobre la base de un sistema de puntaje en el cual la necesidad médica, la probabilidad de que el transplante sea eficaz, y el tiempo transcurrido en la lista de espera juegan todos un rol. Una versión modesta de la regla de “no lo ofreces, no lo recibes” podría ser implementada destacando que, de aquí en adelante, los puntos deberían ser concedidos también por haber suscripto previamente una tarjeta de donante de órganos.

Mientras que este cambio puede dar lugar a que algunos individuos pierdan la oportunidad de recibir un transplante, mucha más gente sería capaz de ser atendida debido a que habrá muchos más donantes potenciales de órganos. Si un número suficiente suscribe sus tarjetas como donantes, este plan podría incluso generar un sobrante de órganos.

Lo que se precisa para reducir la escasez de órganos, y para salvar a miles de personas que fallecen debido a este faltante, es una reformulación de los principios de la obtención y la donación de órganos. Los órganos no deberían ser poseídos por la nación como un todo, sino en cambio por usted y por mi y por cualquier otro potencial donante de los mismos. Podemos aún disentir respecto de si los órganos debiesen ser o no bienes comerciados en el mercado abierto, pero pocos podrían quejarse de la idea de que aquellos que están deseosos de brindarlos deberían ser los primeros en recibirlos.

Traducido por Gabriel Gasave


Alexander Tabarrok es Senior Fellow en The Independent Institute, Profesor Asociado de Economía en la George Mason University, director de los libros del Instituto, Entrepreneurial Economics, The Voluntary City (con D. Beito y P. Gordon), y Changing the Guard: Private Prisons and the Control of Crime.




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