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Dame a tus cansados, tus pobres
28/5/2010
Art Carden

Los gobiernos opresivos aplastan las esperanzas y la humanidad de millones de personas. Existe una manera muy sencilla en la que podemos ayudar a que estos millones de seres se vuelvan más ricos y más libres de un modo más rápido y que al mismo tiempo nos haga a nosotros mismos también más ricos: Podemos abrir nuestras fronteras.

Los beneficios para los potenciales inmigrantes son enormes. En su excelente (y gratuito) trabajo Let Their People Come, el economista Lant Pritchett sostiene que el ingreso adicional que las personas podrían obtener por su trabajo en los EE.UU. durante ocho semanas equivaldría al ingreso adicional que podrían conseguir mediante el acceso a los programas de microcrédito durante toda su vida. La inmigración a los países ricos supera a todas las otras formas de ayuda como un modo de incrementar los ingresos de los pobres del mundo, y de regalo vuelve más ricos a los ricos del mundo.

Considérese a Haití, el reputado “país más pobre del hemisferio occidental” y el sitio donde azotó un terremoto que ha sido uno de los mayores desastres humanitarios de 2010. Los estadounidenses estuvieron prestos a acudir en ayuda de aquellos cuyas vidas fueron destrozadas por el terremoto. El gobierno estadounidense también fue rápido en difundir un mensaje expresándole a los haitianos que no intentasen ir a los EE.UU. porque serían detenidos y regresados a Haití.

Esto equivale a perder los dólares por cuidar los centavos. Al negar a los haitianos el acceso a los mercados estadounidenses de productos y mano de obra, les negamos el acceso a mayores ingresos y mayores oportunidades. La ironía es que esto no sólo perjudica a los eventuales migrantes. También nos coloca en una situación peor: Restringir el acceso de otros nos empobrece financiera, cultural y socialmente.

Quienes se oponen a la inmigración y al comercio asumen que los empleos no desaparecerían si las fronteras fuesen cerradas al libre comercio del trabajo, mercancías y capitales. Ellos asumen que los estadounidenses cubrirán los mismos empleos en la agricultura, construcción o manufactura. Y que percibirán salarios más altos.

Esto es un error. Estos puestos de trabajo no existirían sin el libre comercio de bienes y trabajo. Consideremos un ejemplo. En los últimos meses mi esposa y yo hemos encargado trabajos en nuestro tejado e instalado una cerca. También pagamos por un servicio de jardinería. Se trata de sectores en los que la competencia de los inmigrantes es especialmente fuerte. Si los inmigrantes no estuviesen allí para competir, los cortadores de césped, los instaladores de techos y los constructores de cercas ganarían salarios más altos, ¿verdad? Yo podría ser un poco más pobre debido a ello, pero es pagar un precio pequeño por ayudar a los estadounidenses, ¿no?

No necesariamente. Si la construcción de cercas, la instalación de techos y el corte del césped cuestan más, podríamos realizar estas tareas nosotros mismos o simplemente prescindir de ellas. Debido a que la competencia hace bajar los precios, la contratación de alguien para la construcción de cercas, la instalación de techos y el corte del césped es más atractiva. Esto me permite especializarme en la investigación, la enseñanza y la escritura. Hoy día, podemos tener buena parte de nuestras grandes conversaciones debido al ocio que nos permite la especialización, el comercio y el progreso tecnológico.

Algunos sostienen que los nuevos inmigrantes no se asimilarán allí donde las anteriores generaciones de inmigrantes lo hicieron. Algunos se sienten ofendidos por el modo en que los periódicos y canales de televisión en idioma español o chino atienden a las audiencias de inmigrantes, pero esto ha ocurrido en los enclaves de inmigrantes a lo largo de la historia de los EE.UU. (los animo a consultar los periódicos en lengua extranjera en St. Louis, por ejemplo). Además, a algunos inmigrantes les preocupa que sus hijos se están olvidando de sus raíces porque se asimilan con gran rapidez.

Algunos argumentan que sólo se oponen a la inmigración ilegal y que aquellos que deseen trasladarse a los EE.UU. deben pasar por los canales legales. Me temo que esto es un subterfugio: Las leyes inmigratorias estadounidenses son engorrosas y antieconómicas; aún más, la mayoría de las personas que desean venir a vivir aquí carece de la posibilidad de que se les permita (Reason ofrece estas instrucciones útiles hacia la legalidad). Tal vez usted está orgulloso de que sus antepasados “llegaron aquí legalmente”. Estoy casi seguro de que hoy día les sería negada la entrada.

¿Qué pasa con los inmigrantes que desean hacernos daño? Primero, supongo que son pocos y distantes entre sí. La mayoría de la gente que hace fila para conseguir una oportunidad de ir a los EE.UU. probablemente no son terroristas en potencia. Segundo, los pros y los contras son importantes. Sí, probablemente impidamos que algunas personas ingresen para dañarnos. Pero esto es a costa de un montón de individuos que solo busca trabajar.

Algunos economistas se refieren al hecho de abrir la inmigración como “la idea de desarrollo de la que nadie habla” y “la idea que nadie ha probado”. Afortunadamente, esto está cambiando. No hay nada que podamos hacer por los pobres del mundo que sea mejor que abrir nuestras fronteras. Como beneficio adicional, nos haremos más ricos en el proceso.

Traducido por Gabriel Gasave


Art Carden es Asociado Adjunto en el Independent Institute en Oakland, California, y profesor asistente en el Departamento de Economía y Negocios del Samford University.




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