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Libertad versus ‘patriotismo’
10/2/2010
Ivan Eland

Docenas de personas han sido detenidas bajo la Ley del Valor Robado, que castiga con hasta un año de cárcel el uso de cualquier medalla militar inmerecida. Es un delito aun si incluso no se hizo ningún esfuerzo para lucrar con la condecoración ni se fingió haberla ganado. En la actualidad, esta ley está siendo cuestionada en los tribunales como una violación del derecho a la libertad de expresión consagrado en la Primera Enmienda. Esperemos que el sistema judicial reconozca la clara violación de esta enmienda. Pero, por supuesto, muchas veces los tribunales eligen la respuesta equivocada, especialmente cuando se presentan cuestiones atinentes al “patriotismo” y las Fuerzas Armadas.

Los antiguos griegos y los hombres de la Ilustración del siglo 18, que incluía a los Padres Fundadores de los Estados Unidos, establecían una diferencia entre patriotismo y nacionalismo. El patriotismo para estos dos grupos significaba una responsabilidad para con los compatriotas y devoción hacia la humanidad y el bien común. La fidelidad al Estado-nación y su gobierno—el nacionalismo—era un concepto totalmente diferente. De hecho, los primigenios patriotas estadounidenses libraron la Revolución Americana en contra del Estado-nación británico y su gobierno, a fin de preservar los derechos tradicionales de los ingleses en las colonias, que estaban siendo vulnerados por la corona británica.

Lamentablemente, en el siglo 19, los conceptos de patriotismo y nacionalismo se entremezclaron. Para colmo, después de la Segunda Guerra Mundial, la política exterior de los EE.UU. se tornó permanentemente militarizada y la culpa pública por el maltrato de los conscriptos que regresaban de Vietnam ha llevado a una excesiva adulación de los militares estadounidenses con posterioridad a la Guerra de Vietnam. El público también se siente avergonzado por su falta de sacrificio—por ejemplo, sentarse en confortables sillones reclinables para ver la final del Super Bowl—mientras que jóvenes hombres y mujeres libran las guerras del gobierno.

Tal admiración excesiva de las cosas militares es todo lo contrario de lo que los Padres Fundadores creían. Ellos, casi todos, eran temerosos de que grandes ejércitos permanentes, como aquellos de los monarcas europeos del siglo 18, fuesen una grave amenaza para la libertad. Teniendo en cuenta esta historia de los Estados Unidos, la sanción por parte de la Cámara de Representantes, la aprobación unánime del Senado y la promulgación del presidente en 2006 de la claramente inconstitucional Ley del Valor Robado indica que el nacionalismo demagógico de los políticos no conoce límites.

El hecho de lucir una medalla militar inmerecida no cae bajo ninguno de los límites judiciales tradicionales impuestos sobre la libertad de expresión de la Primera Enmienda—a saber, la obscenidad, la difamación o el peligro inminente para otros. Es decir, los tribunales han fallado que la Primera Enmienda protege casi todas las expresiones que no dañen a otra persona. También, tal como Jonathan Turley, profesor de derecho en la George Washington University, le manifestó al Washington Post al referirse a la ley, “La mitad de los piropos dichos en los bares de todo el país podría ser tipificada como delito conforme ese concepto”. Llevando al absurdo aún más lejos, un niño podría ser arrestado por lucir antiguas medallas militares como parte de un disfraz de Halloween.

Por supuesto, si alguien intenta sacar provecho al decir que ganó una medalla inmerecida, o al lucir una efectivamente, él o ella podría aún ser acusado de fraude.

La libertad, para la que nuestros hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas se supone que luchan, debería prevalecer sobre el nacionalismo, el falso patriotismo y el militarismo. De hecho, todas estas cosas probablemente perjudican a los militares estadounidenses más que un aspirante a héroe que efectúa falsas declaraciones sobre haber ganado una condecoración marcial. Todos estos males, usualmente promovidos por oportunos civiles culposos, generalmente logran que los militares terminen muertos en guerras innecesarias—ciertamente una falta de respeto mayor para con las Fuerzas Armadas de la nación que la falsificación de unas cuantas medallas.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.



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