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¿Llegó el fin de la política exterior neoconservadora?
4/5/2009
Ivan Eland

Los neoconservadores utilizaron al Partido Republicano como un vehículo para promover y utilizar sus políticas de una muscular edificación de naciones en el exterior. Pero al igual que el parásito que eventualmente mata a su receptor, el virtual colapso del Partido Republicano, en gran medida debido a la fallida aventura de edificar una nación en Irak, ha dejado a los neoconservadores desacreditados y enfrentando su extinción política. Desafortunadamente, el neoconservadurismo probablemente seguirá viviendo mediante el cambio de receptores que lo alberguen.

A lo largo de la historia estadounidense, la estructura de los sistemas políticos ha garantizado que solamente dos grandes partidos fuesen viables en un momento dado. No siempre han sido los demócratas y republicanos. Siempre han sido los demócratas y algún otro partido. Primero, se trató de los federalistas, luego de los Whigs y finalmente desde poco antes de la Guerra Civil hasta el presente, de los republicanos.

Los republicanos comenzaron como un partido regional del noreste. La única razón por la que alguna vez les quitaron el poder a los demócratas, el único partido verdaderamente nacional en tiempos de la Guerra Civil, se debió a que el Partido Demócrata se dividió en dos alas, la norteña y la sureña, respecto de la cuestión de la esclavitud. De esa manera, la Guerra Civil fue causada esencialmente por la fractura del Partido Demócrata. Abraham Lincoln ganó las elecciones de 1860 con apenas el 39,8 por ciento del voto popular nacional, derrotando a dos demócratas y a un candidato de un partido pequeño. Los estados sureños, temiendo las potenciales políticas republicanas contra la esclavitud, ni siquiera esperaron a la asunción del mando de Lincoln para comenzar a separarse de la unión.

Irónicamente, hoy día, el Partido Republicano, que alguna vez tuvo esperanzas de convertirse en el partido mayoritario del país, ha seguido a George W. Bush hasta el precipicio y ha quedado una vez más reducido a un partido regional del viejo sur y otros pocos estados conservadores. En la medida en que los demócratas defiendan en más estados montañosos libertarios el derecho a poseer armas, la mayor parte de los estados de toda esa región son proclives a adoptar un estatus permanente en la columna demócrata. El momento más contundente en los comicios de 2008 fue cuando en Arizona, el estado natal del candidato republicano, casi se produce un empate. El estado hubiese votado por los demócratas si no fuese que uno de sus hijos se estaba postulando.

Si el Partido Republicano no avanza actualmente hacia la extinción tal como lo hicieron sus predecesores, el partido federalista y el Whig, es probable que siga siendo tan solo un partido regional durante un largo tiempo. Sus intolerantes puntos de vista sociales conservadores asustan a la mayoría de los estadounidenses. Más importante aún, el único tema sobre el cual muchos republicanos conservadores se diferencian del presidente Bush—la inmigración—podría ser la sentencia de muerte del partido. Cuando el partido alienó a los hispanos (incluidos incluso algunos cubanos, que previamente constituían uno de los electorados republicanos más leales), la minoría de más rápido crecimiento en los Estados Unidos, con diatribas nativistas contra la inmigración, otras minorías, tales como los asiáticos y los indígenas estadounidenses se percataron de que también podrían ser victimizados. En la década de 1990, el gobernador republicano Pete Wilson tornó a California abrumadoramente demócrata con sus políticas migratorias. Lo mismo ha acontecido a nivel nacional. Tras el debate sobre inmigración en los últimos años de Bush, será difícil para el Partido republicano volver a conquistar a los hispanos.

¿La defunción de larga data (y quizás extinción) del Partido Republicano deja a los neoconservadores sin una salida ante una difícil situación? No necesariamente.

Los neoconservadores comenzaron como liberales (en el sentido estadounidense del término) y socialistas en el Partido Demócrata. Nunca fueron en verdad muy conservadores en política económica, tan solo beligerantes en política exterior y de defensa. Y en esas dos últimas áreas políticas, el Partido Demócrata está aún dominado por sus primos cercanos, los intervencionistas liberales wilsonianos. A pesar de que los liberales wilsonianos—tales como Hillary Clinton, Richard Holbrooke y Madeleine Albright—son menos unilateralistas que los neoconservadores y están mucho más enamorados con las organizaciones internacionales, comparten la pasión de los neoconservadores por el servicio social armado y la edificación de naciones. Además, cuando usted se encuentra en medio del desierto y su caballo se está muriendo, no puede hacerse mucha malasangre porque su nuevo corcel tenga espinillas. Es probable que los neoconservadores eventualmente se percaten de que el Partido Republicano está desfalleciendo, y discretamente volverán a infestar a la nave insignia demócrata a fin de preservarse. Y una vez más, es probable que debiliten severamente a su receptor.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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