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Para eliminar el défict, reduzcan el presupuesto de defensa
2/3/2009
Ivan Eland

Un artículo en la portada del New York Times comienza con la frase: “El presupuesto que el Presidente Obama propuso el martes es nada menos que un intento de terminar con una era de tres décadas de política económica dominada por las ideas de Ronald Reagan y sus simpatizantes”. No es para tanto.

Ronald Reagan, a pesar de su imagen cuidadosamente producida de “gobierno pequeño”, y todos los presidentes republicanos después de él, fueron republicanos del gobierno grande. Todos incrementaron el gasto gubernamental como una porción del PBI de la nación. En verdad, en términos nominales, Reagan duplicó el tamaño del gobierno. Su heredero ideológico, George W. Bush, alardeaba acerca de los beneficios del gobierno pequeño, mientras habría el grifo para los mayores repuntes en el gasto no destinado a la defensa desde el programa de la Gran Sociedad de Lyndon Johnson. Este gasto incluía un salvataje de los bancos por 700 mil millones de dólares, el cual contemplaba su socialización parcial. De modo tal que el gasto de Obama es más de lo mismo, antes que una tajante ruptura con el pasado.

Aprendiendo una lección de George W. Bush—y de muchos presidentes antes que él—Obama está utilizando a la crisis para justificar hacer otras cosas que no guardan relación con ella. Bush utilizó a la tragedia del 11/09/2001 para embaucar a la nación con una inconexa, innecesaria, desastrosa y costosa invasión of Irak. Obama está usando el descalabro económico para intentar lograr la expansión de la participación gubernamental en la salud, la educación, y la energía. El paquete de estímulo de 787 mil millones de dólares más todo el gasto extra llevará al presupuesto federal a 3,6 billones) trillones en inglés) en 2010.

El problema es que con el estancamiento económico, que frena los ingresos tributarios del gobierno, y la pelea de dos simultáneas y costosas guerras en el exterior, el gobierno federal difícilmente pueda solventar solamente dos de cada tres dólares que gasta. Esto deja un gigantesco déficit de 1,2 billones de dólares en 2010 (con el paquete de estímulo de Obama y el salvataje a los bancos de Bush, el déficit en 2009 es incluso más grande, de 1,75 billones). Agréguesele a esto el pronóstico económico demasiado optimista de Obama (común entre los presidentes, que por lo general desean hacer que las proyecciones del presupuesto federal luzcan mejor de lo que son) y la crisis en ciernes de los beneficios que hará que los sistemas de la Seguridad Social y el Medicare se vuelvan insolventes, lo cual dificulta la promesa de Obama de reducir eventualmente a la mitad a los déficits record posteriores a la Segunda Guerra Mundial (incluso mayor que la “tinta roja” de los años de Reagan).

Para reducir el déficit, en 2009 se mantiene en un sorprendente 12 por ciento del PBI, Obama necesitará echar un vistazo a la porción del presupuesto que no está destinada al pago de beneficios, lo que se denomina gasto discrecional. Los programas de prestaciones de la Seguridad Social, el Medicare y el Medicaid son ejemplos del gobierno en piloto automático—y muy difíciles de reducir.

Más de la mitad del presupuesto discrecional es el gasto para la defensa (ligeramente menor a 700 mil millones de dólares por año), lo que lo convierte en un blanco grande y merecedor de recortes. En realidad el gasto en seguridad—el cual además del gasto en defensa debería incluir los presupuestos de los Departamentos de Estado y Seguridad Interior, la Administración de Veteranos y los intereses sobre la deuda nacional que se devengan en virtud de dicho gasto en seguridad—es todavía un tercio más alto, llegando a casi 900 mil millones de dólares. Todos estos departamentos deberían también ser reducidos.

Pero dado que defensa es por lejos la parte más grande, concentrémonos en ese enorme pastel. Durante los años de George W. Bush, incluso después de que la Guerra Fría había finalizado bastante, el gasto de la defensa nacional creció rápidamente un gigantesco 78 por ciento. Recientemente, el congresista Barney Frank (Demócrata por Massachusetts) formuló la audaz propuesta de recortar el gasto en defensa un 25 por ciento. Eso suena bastante acertado, y aquí es cómo empezar a alcanzar ese objetivo.

Obama ha propuesto retirar a todas las fuerzas de combate de Irak para agosto de 2010, pero esto solamente parece ahorrar alrededor de 14 mil millones debido a que las está dejando en Irak tres meses más que el tiempo de una retirada en 16 meses prometido durante su campaña, está reteniendo cerca de unos 50.000 efectivos en ese país y simplemente re caratulándolos en papeles de “no-combate”, y está simultáneamente escalando la guerra en Afganistán. Debería retirarse más rápido de Irak y abandonar el atolladero de edificación de una nación en Afganistán, lo que solamente está inflamando el terrorismo anti estadounidense en el sudoeste de Asia y el resto del mundo.

Incluso más audazmente, Obama debería percatarse de que con la crisis económica, ya no podemos darnos el lujo de solventar al expansivo imperio estadounidense de ultramar. Mediante la retirada de Irak y Afganistán y la promesa de terminar con la vigilancia imperial y la edificación de naciones, podría descartar el costoso plan para incrementar al Ejército y la Infantería de Marina con 92.000 nuevos efectivos. Los costos de personal ya constituyen las dos terceras partes del presupuesto del Pentágono y adicionar gente resulta costoso.

Además, Obama debería hacer que cada servicio cancele los principales sistemas de armamentos innecesarios y excesivamente costosos. Aquí van algunas sugerencias: La aeronave de reabastecimiento de combustible y el avión de combate F-22 de la Fuerza Aérea, el Navío de Combate Litoral de la Armada, el convertiplano V-22 de la Infantería de Marina para el transporte de tropas, El Sistema de Combate del Futuro de la Armada (una flota de vehículos de combate necesarios para una futura superpotencia rival, que no existe actualmente), y el Joint Strike Fighter, un avión de combate en el cual la Armada, la Infantería de Marina y la Fuerza Aérea están trabajando conjuntamente.

A pesar de que la promesa de Obama de eventualmente recortar los déficits parece problemática frente a todo el estímulo agregado y otros gastos, sorprendentemente la mayoría de los presidentes demócratas de los últimos tiempos han sido mejores a la hora de reducir los déficits y el gasto gubernamental como una porción del PBI que los republicanos, quienes por lo general incrementan el gasto del gobierno como una porción del PBI, tornado así falsos a sus perennes recortes de impuestos. En virtud de que Obama tiene que hacer un gran esfuerzo para igualar a sus compatriotas demócratas Jimmy Carter y Bill Clinton en la reducción del déficit, precisa comenzar con estos grandes recortes en el presupuesto de defensa.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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