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¿A quién debería pedirle consejo Obama?: Jimmy Carter
19/1/2009
Ivan Eland

Ante un pedido del presidente electo Barack Obama, el presidente George W. Bush convocó a una complicada reunión de todos los ex presidentes vivos en la Casa Blanca para reunirse y presumiblemente aconsejar y alentar al novato. El lenguaje corporal de los participantes en la fotografía de la cumbre, tomada en la Oficina Oval, lo dijo todo.

El presidente electo estaba conversando amigablemente con George H.W. Bush, el padre del actual presidente. ¿Podrá ser que Obama estuviese felicitando al mayor de los Bush por su política exterior “realista”—de la cual el presidente electo afirma ser un simpatizante?

Justo junto a estos dos tortolitos políticos se hallaba otro harmonioso dúo. También disfrutando visiblemente de la compañía del otro, estaban los actuales paladines del intervencionismo militar estadounidense de izquierdas y de derechas—Bill Clinton y George W. Bush. Clinton fue un liberal wilsoniano que en términos numéricos fue el campeón de las aventuras militares, la mayoría de ellas por razones ostensiblemente “humanitarias”. Intervino militarmente o amenazó con utilizar la fuerza en Sudan, Afganistán, Haití, Somalia, Bosnia, Kosovo, Iraq y Corea del Norte. El Bush más joven, un neoconservador (un wilsoniano de derechas), fue el adalid en términos de enmarañar profundamente a los Estados Unidos de manera simultánea en dos innecesarios atolladeros para edificar naciones—Irak y Afganistán.

Apartado de los otros en la fotografía de la cumbre—y luciendo sumamente incomodo—estaba Jimmy Carter. ¿Podrá ser que el intervencionismo, real o profesado, de todos los demás lo volviese un poco aprensivo? Carter, si bien no fue perfecto—en seguir con la visión original de los fundadores de la nación—resultó ser militarmente más moderado que el resto. A pesar de que comenzó a suministrarle ayuda a los muyahidines afganos, su objetivo era fastidiar a los soviéticos y darles otro Vietnam. (Ronald Reagan, el sucesor de Carter, abrió más tarde las compuertas a la ayuda masiva, procurando ganar la guerra, y de ese modo posibilitó de manera mucho más significativa una futura amenaza para los Estados Unidos).

La única correría militar ostensible de Carter, que terminó en fracaso debido a la incompetencia de las fuerzas armadas de los EE.UU., fue el intento de rescate de los rehenes estadounidenses en la Embajada de los EE.UU. en Irán. Incluso esta misión exhibió moderación, cuando quienes tomaron a los rehenes y asaltaron a la embajada estadounidense, cometieron una acción que bajo el derecho internacional equivale a atacar suelo estadounidense. A pesar de que Carter podría haber llevado adelante un ataque militar de represalia contra Irán, supuso acertadamente que los rehenes diplomáticos habrían sido asesinados. Pese a que la misión de rescate falló, los rehenes fueron eventualmente liberados sin que los Estados Unidos hayan hecho concesión alguna a sus captores (a diferencia de la asombrosa venta del macho Ronald Reagan de armamento pesado a este mismo régimen radical iraní, que era un Estado que patrocinaba el terrorismo, como pago del rescate de los rehenes estadounidenses en el Líbano).

Carter es el más subestimado de los presidentes modernos—en verdad, usualmente recibe malas críticas. Sin embargo, la gente tiene problemas para recordar muchos detalles específicos acerca de por qué fue tan abominable. Usted no puede tener prosperidad y libertad si está siempre en guerra. Mientras que otros presidentes recientes han sido al parecer inconscientes de este hecho, la experiencia de Vietnam parece haber hecho que Carter se percatase de él. Carter utilizó conscientemente el poder militar de manera renuente y solamente como un último recurso. Los fundadores hubiesen estado complacidos. También devolvió la Zona del Canal—un trozo colonial estadounidense de Panamá—a sus dueños legítimos.

En el frente interno, Carter cometió algunos errores, pero también heredó la “stagflation” (expresión inglesa para la inflación acompañada del estancamiento de la economía) causada por la Guerra de Vietnam y las pobres políticas económicas de los presidentes anteriores. Al principio, la empeoró pero luego nominó a Paul Volcker como Director de la Reserva Federal. Volcker restringió la oferta de dinero, expulsó a la inflación de la economía y esta medida extrema contribuyó enormemente a la prosperidad de los años de Reagan y Clinton. (Lamentablemente, fue desastrosamente abandonada en la era de George W. Bush). Además, Carter fue capaz de reducir el gasto gubernamental como una porción del PBI e incrementó la eficiencia económica al desregular a las industrias del transporte, las comunicaciones, la energía y los servicios financieros.

Resumiendo, quizás Carter lució apartado en la fotografía del encuentro debido a que estuvo por encima del resto en su desempeño en el cargo. Obama parece encaminado a persistir con las políticas socialistas de George W. Bush en el país y las políticas realistas de George H.W. Bush en el exterior. Si bien las políticas realistas son mejores que las políticas intervencionistas wilsonianas de Clinton y George W. Bush, Obama parece que perseguirá una versión maximalista, en lugar de una minimalista, de las políticas de esa escuela. Ya está duplicándose en el pantano afgano y está dando señales de una mayor intervención militar en Darfur.

Pero Obama parece estar abierto a los consejos externos. En lugar de solamente enviar al exterior a Jimmy Carter en misiones humanitarias de paz, Obama debería invitar a Carter a una sesión a solas en la Oficina Oval y aprender del maestro moderno a practicar la política preferida de los fundadores de moderación militar. Obama podría aprender también que los beneficios domésticos podrían aumentar con la eliminación de la sobretensión de las fuerzas armadas de los EE.UU. en el exterior—por ejemplo, el mejoramiento en las finanzas y economía de la nación.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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