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¿Funcionó el incremento del número de efectivos en Irak?
28/7/2008
Ivan Eland

Los medios, incitados por John McCain y su campaña, van a torcerle el brazo a Barack Obama hasta que grite “tío” y admita que el “aumento” en la cantidad de tropas estadounidenses en Iraq ha funcionado. Hasta ahora, Obama no ha sucumbido a la presión y, por razones de conveniencia política, no ha admitido esta dudosa proposición.

El curso de acción política astuta para Obama—pero no el correcto—sería admitir que el incremento de efectivos ha funcionado para reducir la violencia pero observar que se trata de un pequeño consuelo tras una invasión innecesaria y una ocupación de cinco años (y sigue el conteo) que costó más de 4.000 vidas y alrededor de 600 mil millones de dólares. Hasta ahora, Obama se ha aferrado a la correcta, y quizás tal vez benévola, conclusión de que el incremento es solamente uno de los muchos factores que ha reducido la matanza en Irak.

Usando la lógica, si el aumento de tropas hubiese sido la causa de la disminución de la violencia, ¿entonces por qué la matanza se incrementó en 2005 cuando los Estados Unidos emprendieron un incremento de similar magnitud? Además, debido a que es muy poca la reconciliación política que ha tenido lugar en Irak desde que esa medida empezó, si las tropas adicionales fuesen la causa de la nueva tranquilidad, esa calma debería estar evaporándose ahora que las fuerzas de los EE.UU. están reduciéndose a los niveles previos al incremento. No obstante hasta ahora, ningún repunte en la violencia está teniendo lugar. De este modo, la conclusión lógica es que resulta probable que otros factores hayan sido más importantes en la mejora de las condiciones que la adición de nuevos efectivos.

Por ejemplo, muchos expertos consideran que la violenta limpieza previa de las poblaciones etno-sectarias ha separado a los grupos combatientes chiitas y sunitas y así reducido la guerra mutuamente destructiva. También, las fuerzas armadas estadounidenses finalmente implementaron una verdadera estrategia de contrainsurgencia en la cual evitaron la matanza de montones de guerrilleros (y colateralmente de civiles) con pesado poder de fuego y avanzaron hacia afirmarse en el terreno y ganarse los “corazones y mentes” de la población iraquí. Uno hubiese pensado que no les tomaría tanto tiempo a los militares estadounidenses volver a aprender esta lección después de la virulenta experiencia de la Guerra de Vietnam.

Finalmente, y quizás lo más importante, los EE.UU. decidieron negociar con (Moktada al-Sadr y sus milicianos chiitas) y pagarles a (los guerrilleros sunitas) enemigos para lograr que sus fuerzas dejen de atacar a las tropas estadounidenses. Los políticos estadounidenses, considerando que no es de macho hacer estas cosas, han o bien minimizado a estos factores o preferido referirse a la segunda táctica con eufemismos. La primera es especialmente embarazosa para los políticos porque los Estados Unidos han criticado al nuevo presidente paquistaní por negociar con, en vez de combatir, el Talibán y otros militantes paquistaníes, mientras que el gobierno estadounidense ha llevado a cabo la mis estrategia en Irak con los milicianos de al-Sadr. Lo ultimo es embarazoso debido a que se considera una flojera pagarle, en lugar de darles batalla, a sus enemigos.

No se equivoque: comprar a sus enemigos es siempre mejor y más barato que gastar sangre y tesoros en combatirlos. Por ejemplo, si Abraham Lincoln le hubiese ofrecido al Sur una emancipación compensada de sus esclavos –lo cual había defendido antes de convertirse en presidente—antes de que la Guerra Civil comenzara, podría haber evitado la matanza de más de 600,000 estadounidenses (38.000 de los cuales eran afro-americanos) en una guerra que tan solo de palabra le dio libertad a los negros.

No obstante, comprar a los enemigos para reducir la violencia no es una solución de largo plazo para la estabilidad en Irak. En esa parte del mundo, si usted deja de pagarles o las condiciones cambian en una sociedad tan volátil y fracturada, la violencia podría escalar rápidamente de nuevo. La reconciliación que está teniendo lugar en Irak es en gran medida cosmética y forzada por la presión de los EE.UU... Resulta análoga a dos pares de progenitores arreglando un matrimonio entre dos jóvenes que no se llevan bien, encerrándolos en una habitación hasta que se atraigan el uno al otro. Para salirse de la habitación, efectuarán gestos de amistas, pero probablemente terminarán eventualmente divorciados.

Si los Estados Unidos fuesen inteligentes, evitarían las consecuencias del probable futuro divorcio entre los grupos iraquíes y avanzarían en dirección de la tendencia de Obama de declarar la victoria y comenzar la retirada mientras las cosas están yendo mejor. Dicha política les dejaría a las fuerzas estadounidenses una mejor oportunidad de evitar la probable tormenta de una renovada violencia que se avecina. Si los Estados Unidos desean darle a Irak la mejor oportunidad de estabilidad en la era post-EE.UU., deberían usar su retirada para negociar un gobierno radicalmente descentralizado en el cual milicias armadas mantengan la seguridad en sus propias regiones autónomas.

Por sobre todas las cosas, los Estados Unidos deberían evitar la conclusión de John McCain de que el incremento de tropas funcionó en Irak y debiera ser intentado en Afganistán. Obama y McCain están involucrados en una guerra de ofertas para ver cuántos efectivos estadounidenses se pueden añadir para otra guerra perdida en Afganistán, que tiene incluso menores perspectivas de una futura estabilidad que Irak. Los talibanes son mucho más ideológicos y militantes que la mayoría de los guerrilleros sunitas en Irak y mucho menos proclives a acceder a ser comprados. También, el Talibán posee un santuario (Paquistán) que los guerrilleros sunitas en Irak nunca tuvieron.

El al Qaeda que amenaza a los Estados Unidos se encuentra en Paquistán, no Afganistán o Irak. La ocupación estadounidense de Afganistán simplemente ayuda a al Qaeda a ganar apoyo en Paquistán. De ese modo, los EE.UU. deberían retirar todas sus fuerzas de Irak y Afganistán y concentrarse en lidiar con al Qaeda en Paquistán.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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