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Los EE.UU. deberían permanecer fuera de la UNESCO
24/9/2002
Wendy McElroy

Una afirmación pasó casi sin ser percibida en el discurso del Presidente Bush sobre Irak del 12 de septiembre a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El presidente prometió reincorporarse a la UNESCO—la Organización Educativa, Científica y Cultural de las Naciones Unidas—de la cual los EE.UU. se habían retirado en protesta en 1984. La reincorporación sería un error.

La ONU y su sopa de letras de agencias están comprometidas a difundir una agenda políticamente correcta sobre cuestiones tales como el género alrededor del mudo. La ONU es una organización corrupta, mal administrada y hambrienta de poder que siente desprecio por los EE.UU. y por los derechos individuales.

La UNESCO no es una agencia benigna como a veces se la retrata, como el Presidente Reagan lo descubriera. A comienzos de los años 80, los dólares de los impuestos de los estadounidenses se encontraban financiando cerca del 25 por ciento del abultado presupuesto de la UNESCO, el cual—según se descubrió—se destinaba en gran medida a financiar causas izquierdistas o a los bolsillos del entonces Director-General Mahtar M’Bow y sus compinches.

El resto del dinero de impuestos estadounidenses se empleaba para producir propuestas tales como “El Nuevo Orden Mundial de la Información” de la UNESCO, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1974. Dicha política exigía que los periodistas alrededor del mundo tuviesen que obtener una licencia a fin de ejercer su profesión, de modo tal que el prejuicio cultural al informar pudiese ser prevenido mediante la amenaza de la revocación de la licencia o el no otorgamiento de una. Traducción: a los periodistas occidentales y a sus valores ya no se les permitiría “dominar.”

Al abandonar a la UNESCO con apoyo parlamentario, Reagan declaró que la agencia “extrañamente, politizaba virtualmente cada tema que trataba. La misma ha exhibido una hostilidad hacia las instituciones básicas de una sociedad libre, especialmente un mercado libre y una prensa libre.”

Al reingresar a la UNESCO, Bush señaló que la “organización ha sido reformada.” Los críticos de la UNESCO, tales como la Heritage Foundation, discuten la efectividad de la reorganización dentro de esa agencia notoriamente corrupta. Pero, asumiendo que la UNESCO ha sido reformada hábilmente, ¿cuál es sus verdadera misión? ¿Qué estarán financiando los EE.UU. a un monto de al menos $60 millones por año?

El primer Director general de la UNESCO, Julian Huxley, elaboró el documento oficial “UNESCO, Su Propósito y Su Filosofía” en 1946. Hablando de una necesidad de trascender a las religiones tradicionales y a las doctrinas político-económicas (ej.: el libre comercio), Huxley declaró: “La tarea delante de la UNESCO ... es ayudar a que emerja una sola cultura mundial, con su propia filosofía y antecedente de ideas, y con sus propios amplios propósitos.” [Énfasis agregado] Escribió sobre la “transferencia de la plena soberanía de las naciones separadas a una organización mundial.”

La actual declaración de la misión de la UNESCO se refiere en términos vagos a contribuir “a la paz y a la seguridad en el mundo ... a efectos de promover el respeto universal por la justicia, por el estado de derecho, y por los derechos humanos y las libertades fundamentales.”

La ideología escondida bajo la noble vaguedad puede ser juzgada a través de qué asuntos la UNESCO trata y a cuáles ella esquiva.
La UNESCO es ambiciosa en el área de la bioética. Este es el camino cruzado entre la ciencia médica y la moralidad que incluye cuestiones tales como el aborto, la clonación, la eutanasia, el control poblacional, y la terapia de genes. Según un discurso de 2000 de Koichiro Matsuura, entonces Director General de la UNESCO, el objetivo de la agencia era “la construcción de una bioética compartida, es decir, de principios universales en bioética.” La misma ha establecido activas sub agencias como el Comité de Bioética de la UNESCO y la Regulación Internacional de la Terapia de Genes.

Huxley predijo este enfoque en su documento de 1946. Escribió: “Aún cuando es muy cierto que cualquier política eugenésica radical será por muchos años política y psicológicamente imposible, será importante para la UNESCO ver que el problema eugenésico es examinado con el mayor de los cuidados y que la mente pública se encuentra bien informada de las cuestiones de modo tal que mucho de lo que ahora es impensable puede al menos volverse pensable.”

Una cuestión bioética que la UNESCO soslaya es la política de un solo hijo de China, establecida en 1979. Durante décadas, esta política ha obligado a las mujeres que se excedían del número de hijos aprobado por el gobierno a abortar, incluso en un embarazo avanzado.

Entre los millones de víctimas de esta política se encuentran los infantes primerizos nacidos niñas asesinados por sus progenitores quienes están desesperados por tener un varón que los ayude en su ancianidad. La propia UNESCO estima que tales defunciones se ubican “por encima del millón.”

¿Por qué, entonces, no existe ninguna condena oficial a la política de un solo hijo, la cual es discutiblemente la mayor atrocidad bioética del planeta? La UNESCO efectúa declaraciones claras y oficiales de qué debería ser legal respecto de la terapia de genes. No obstante, la misma parece incapaz de emitir un pronunciamiento firme sobre las políticas de un solo hijo. El sitio en Internet de la UNESCO incluye artículos defendiendo—así como criticando—la política de China, como si el asesinato de millones de infantas fuese una cuestión debatible. La UNESCO parece determinada a apoyar los programas de planificación familiar de la ONU la cual ha sido cómplice en esta matanza.

La ONU y la UNESCO carecen de respeto por los derechos individuales o por los Estados Unidos. Un día después de que los EE.UU., votaron su retirada el comentarista de la Comisión sobre Derechos Humanos de la ONU, Juan Williams, le preguntó a Mary Robinson—por entonces Alto Comisionado sobre Derechos Humanos de la ONU—si ella estaba preocupaba respecto del retiro del financiamiento de los Estados Unidos. Ella replicó: “Espero que los estadounidenses lo vean como un llamado para despertarse y tomen un enfoque más positivo.” Ella creía que los estadounidenses debían tratar de “ganarse su camino de regreso” dentro de los comités de la ONU.

Una expresión más exacta es “comprar” su camino de regreso. Los EE.UU. deberían permanecer afuera.

Traducido por Gabriel Gasave


Wendy McElroy es Investigadora Asociada en the Independent Institute y directora de los libros del Instituto, Freedom, Feminism and the State y Liberty for Women: Freedom and Feminism in the Twenty-first Century.




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