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El acuerdo con FedEx es un buen presagio para el Servicio Postal de los Estados Unidos
26/1/2001
Scott Esposito

Al cerrar un acuerdo de siete años con Federal Express, el Servicio Postal de los Estados Unidos (USPS son sus siglas en inglés), un monopolio protegido por el gobierno, ha dado un gran paso hacia la privatización. Esta movida implica tanto un reconocimiento de la anacrónica naturaleza del USPS como una señal de bienvenida a un sistema postal más eficiente y totalmente privatizado.

En combinación con los Private Express Statutes (Estatutos de las Estafetas Privadas) de 1845, el Código Postal de 1872 estableció un completo monopolio gubernamental sobre la distribución del correo de primera y tercera clases.

Sin embargo, excepciones en la ley permitieron a los transportadores privados, tales como Federal Express, ingresar al negocio de la distribución de correspondencia y competir con el USPS en el despacho nocturno de correo y paquetes hacia fines del siglo 20. Adicionalmente, empresas tales como Mail Boxes Etc. ofrecen a los consumidores alternativas a las casillas de correo controladas por el gobierno.

La introducción de la competencia ha sido buena para los consumidores pero no para el ineficiente USPS. Solamente este año el USPS se encuentra en vías de perder más de mil millones de dólares; una circunstancia más que chocante dado que el USPS compite con sus contrapartes privadas con una injusta ventaja. Por ejemplo, es ilegal para cualquier servicio en competencia cobrar menos de tres veces la tarifa del USPS para la correspondencia de primera clase.

Además, el USPS no paga impuestos estaduales o federales, no tiene que cumplimentar la mayoría de los reglamentos gubernamentales, y tiene la facultad de imponer costosas regulaciones sobre sus rivales. Aún con todas estas ventajas, el USPS acordó con Federal Express a fin de permanecer competitivo en el mercado actual de la correspondencia.

La falta de eficiencia que ha permitido a los transportadores privados superar al USPS se evidencia en varias estadísticas muy elocuentes. Leslie Paige de Citizens Against Government Waste estima al gasto pródigo de parte del USPS en $1,4 mil millones por año, con $84 millones entre 1995 y 1997 gastados en emprendimientos totalmente desvinculados con la correspondencia y entre $300 y $400 millones empleados para incrementar el reconocimiento del nombre de un reconocido monopolio gubernamental.

El hallazgo de la Postal Rate Comisión de que el “tiempo improductivo” constituye el 28,4 por ciento de los costos laborales de procesar la correspondencia puede ser explicado por el hecho de que la relación entre gerentes y trabajadores en el USPS es de 1 a 10, comparada con la de 1 a 15 de Federal Express.

El descubrimiento de la Comisión del excesivo tiempo improductivo difícilmente sea una novedad para los consumidores quienes literalmente se “alinean” para ver a los empleados del USPS protegidos por los excesivos contratos sindicales, vagar en su descanso mientras uno o dos empleados de guardia atienden las ventanillas de servicio.

Asombrosamente, durante 30 años la mano de obra ha absorbido el 80 por ciento del presupuesto del USPS pese a la infusión de equipamiento más eficiente.

El creciente trámite de documentos de manera electrónica mediante el fax y el e-mail fortalece la causa para seguir el liderazgo de Nueva Zelanda, Suecia, Alemania y los Países Bajos y concluir con el monopolio de la correspondencia del USPS.

A pesar de que el USPS no extendió su monopolio al correo electrónico en los años 80, el mismo se encuentra desarrollando servicios para garantizar la seguridad del e-mail, estableciendo de manera potencial una cabecera de playa para la regulación federal del e-mail. Esto pese a la circunstancia de que el software de encriptación que se encuentra comercialmente disponible, ya está realizando una labor ejemplar al proteger los mensajes privados de los ojos no autorizados. Privatizar al USPS ayudaría a mantener desreglamentado y eficiente al floreciente ámbito del comercio electrónico.

Existen varias formas de privatizar al USPS. Una es la de vender al USPS. Todos su activos relevantes podrían ser subastados, sacando al gobierno de los EE.UU. del negocio del despacho de la correspondencia de una sola vez.

De forma alternativa, como lo hicieran Nueva Zelanda en 1987 y Suecia en 1994, el Congreso podría derogar los estatutos que establecen el monopolio del correo federal, permitiéndoles a las compañías privadas competir con el USPS en cualquier área de servicio, preferiblemente en iguales términos.

O el gobierno federal podría transformar al USPS en una o varias, compañías de capital conjunto, administradas privadamente, como lo hiciera Alemania en 1995.

Desde que se convirtiera en la primera nación europea en privatizar su servicio postal en 1989, Holanda ha visto a sus empleados postales convertirse en los mas productivos de toda Europa.

En los pasados 30 años, hemos visto aparecer a la competencia en los carteles y monopolios gubernamentalmente protegidos de las industrias de la aeronavegación, el transporte por camiones, y las telecomunicaciones. El desreglar a estas industrias ha incrementado la eficiencia y brindado a los consumidores productos y servicios de más alta calidad a un menor costo.

En esta era de desmonopolización, el papel del USPS — un monopolio gubernamental durante mucho más de un siglo — debe ser reexaminado. La Unión Europea ha establecido al 1º de Junio de 2003, como la fecha límite para implementar la competencia en los servicios postales en sus naciones miembros. Si los EE.UU. mejoras en a esa fecha final privatizando al USPS, los consumidores también ganarán.

Traducido por Gabriel Gasave


Scott Esposito estudia economía y ciencias políticas en la University of California en Berkeley y es Pasante en Cuestiones Públicas en The Independent Institute, una organización de investigación y educativa sin fines de lucro y no politizada con sede en Oakland, California.




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