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El fuerte impulso al etanol en los EE.UU. es un negociado inútil
14/7/2007
Ernest C. Pasour Jr., Randal R. Rucker
Tampa Tribune, Modesto Bee, Salt Lake Tribune, Omaha World-Herald, Latin Business Chronicle, Norfolk (VA) Virginian-Pilot, Billings Gazette, Montana Standard, Southern Illinoisan, Post Star (Glens Falls, NY), Butler Eagle (PA), Centre Daily Times (PA)

Elogiada como una alternativa a los combustibles fósiles amigable con el medioambiente y una forma de reducir la dependencia estadounidense del petróleo del Oriente Medio, el programa del etanol de los Estados Unidos ha mutado en un enorme despilfarro financiado a través de los impuestos cuyos costos superan por lejos a sus beneficios.

Como muchas otras cosas que se originan en Washington, el programa fue presentado al publico mediante una exageración de sus beneficios y subestimando sus costos. La miríada de consecuencias no queridas—subproductos políticos que van desde precios más elevados de los alimentos al daño medioambiental—fue ignorada en su totalidad.

El proyecto de ley sobre energía para 2005 del presidente Bush dispuso un incremento de más del 50 por ciento durante cinco años en la cantidad de combustible renovable (mayormente etanol en base a maíz) agregado a la provisión de gasolina de los Estados Unidos, aumentando de 4.700 millones de galones este año a 7.500 millones de galones en 2012. Pese a que la obligación vigente representa tan solo un minúsculo porcentaje del total del consumo anual de gasolina, el presidente Bush ha propuesto incrementar el mandato en casi cinco veces durante los próximos cinco años, elevándolo a 35.000 millones de galones para 2017. Esto comprendería alrededor del 25 por ciento del actual consumo anual de gasolina en los EE.UU.. Sí el maíz fuera solamente empleado para producir etanol, un incremento de esta magnitud exigiría más maíz que el que actualmente es producido en los Estados Unidos.

Incluso esto, sin embargo, hará poco para reducir las importaciones petroleras o la utilización de productos petrolíferos en los Estados Unidos. Una razón es la enorme cantidad de petróleo utilizada en el cultivo, la cosecha y el transporte del maíz necesario para producir la cantidad de etanol exigida.

Más combustible consumido

Otra es que el etanol posee un contenido de energía significativamente menor que la gasolina, tal como lo evidenciaron las estimaciones del kilometraje de los vehículos realizada por la Environmental Protection Agency (EPA). La EPA estima que en términos generales, los vehículos que utilizan gasolina recorren un tercio más de millas por galón que los vehículos que emplean E85 (un combustible constituido por un 85 por ciento de etanol). Así, un auto o camioneta que utiliza E85 consumirá alrededor de un tercio más de galones de combustible que un vehículo que emplea gasolina para conducir la misma distancia.

Otra desventaja son los costos. Los subsidios en favor del etanol incluyen un crédito impositivo de 51 centavos por galón, así como también otros incentivos para quienes cultivan el maíz y los pequeños productores de etanol. Combinados, los mismos totalizan aproximadamente 1 dólar por galón. Solamente el costo total del subsidio será de casi $5.000 millones. No obstante, incluso con estos enormes subsidios, el hecho de que se precise de mandatos federales para incrementar el consumo de etanol sugiere que aún no resulta competitivo con la gasolina.

Los productores de etanol, por supuesto, tienen una enorme stake en el mandato; unas 78 plantas de etanol se encuentran en construcción en los Estados Unidos, con 113 ya operando. Mientras que el gigante de la agro-industria Archer-Daniels-Midland es el mayor productor de etanol, muchas plantas de etanol son relativamente pequeñas y especializadas. Estas deben su propia existencia a los subsidios.

Los propietarios de tierras en el “corn-belt” son otros importantes beneficiarios del programa. Con los precios del maíz en alza, los valores de la tierra y las rentas de los campos suben de manera dramática. Los propietarios de tierras agrícolas están obteniendo ganancias extraordinarias, mientras que los agricultores que den alquilar los campos ven que los beneficios de los precios más altos son eclipsado por los mayores alquileres.

Desplazando a otros cultivos

Mientras tanto, al desviando al maíz a la producción de etanol, la disposición está afectando a los mercados para otros productos. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos estima que el número de acres cultivados con maíz este año será el mayor desde 1944. Pero más maíz para el etanol significa menos maíz y menos tierra para otros usos, reduciendo las ofertas e incrementando los precios de la soja, la avena, el sorgo, el trigo y la cebada. También aumenta el precio del maíz utilizado para alimentar al ganado, producir cereales para el desayuno y endulzar las bebidas gaseosas. En síntesis, mientras los propietarios de tierras agrícolas y los productores de etanol ganan, los consumidores pierden.

Otra consecuencia involuntaria del mandato del etanol es su impacto medioambiental. Más tierra destinada al maíz significa un uso incrementado de fertilizantes y pesticidas. Significa también más tensión sobre el hábitat de la vida fauna y la flora a medida que más tierra, incluida tierra ociosa y tierra de pastura, es incorporada nuevamente a la producción de cultivos. Y las plantas de etanol emiten contaminantes.

La intervención gubernamental en un mercado casi siempre genera una intervención adicional en otros mercados. En este caso, los subsidios a los mercados domésticos del etanol han sido aumentados a un arancel de 54 centavos por galón sobre el etanol de Brasil para evitar que esas importaciones socaven a la industria estadounidense del etanol.

Cuando todo está dicho y hecho, el programa del etanol es tan solo otra forma de clientelismo político que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría.

Copyright © The Billings Gazette, una división of Lee Enterprises.

Nota del traductor:


El título original en inglés del presente artículo alude a la expresión “pork-barrel”, que en la jerga política estadounidense es utilizada para referirse a aquellas partidas incluidas en el presupuesto federal destinadas a solventar gastos locales, con el propósito de conseguir en futuros comicios, votos para los legisladores que apoyaron favorablemente esas erogaciones.

Es decir se trata de la utilización de los dineros públicos para comprar la voluntad de los electores del distrito en el cual se pretende obtener más votos. Esta práctica, frecuente en muchos países, es conocida también como “compra de votos”, “manipulación electoral”, “clientelismo político”, etc.

El concepto tiene su origen en una deleznable costumbre de los esclavistas sureños, que dejaban rodar un barril repleto de carne de cerdo salada (de allí lo de “pork-barrel”) en el lugar donde habitaban los esclavos, para luego observar con regocijo el modo en que aquellos se abalanzaban sobre él a fin de procurarse algo de alimento.

Traducido por Gabriel Gasave


Ernest C. Pasour es Profesor de Economía en la North Carolina State University y autor de Plowshares & Pork Barrels: The Political Economy of Agriculture y Agriculture and the State del The Independent Institute.
Randal R. Rucker es Investigador Asociado en el Independent Institute, profesor de economía agrícola y economía en la Montana State University, y coautor de Plowshares & Pork Barrels: The Political Economy of Agriculture.



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