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Un medio ambiente sin derechos de propiedad
1/2/1997
Richard L. Stroup, Jane S. Shaw

Cuando Europa Oriental comenzó a abrirse a finales de los años 80, una de las grandes conmociones fue lo severo de sus problemas ambientales. Los periodistas informaban sobre cielos colmados del humo del lignito y del carbón suave, de niños mantenidos dentro de los hogares durante gran parte del invierno debido al aire inseguro, y de caballos que tuvieron que ser alejados de las peores áreas después de algunos años o morirían.

Muchas de las enfermedades ambientales reflejaban un nivel abismalmente bajo de tecnología. Viejas y contaminantes fábricas de la clase que son débiles recuerdos en los Estados Unidos, eran el pilar de la industria socialista. Hediondos y lerdos automóviles, contaminaban los caminos.

El desperdicio de energía era enorme. Sus propias estadísticas exhibían que las economías socialistas se encontraban utilizando más de tres veces acero y casi más de tres veces energía por unidad de producto que las economías de mercado.1 Uno no puede mirar alrededor en Varsovia o en Moscú, en Budapest o Zagreb, en Cracovia o en Sarajevo, escribía el economista W. W. Rostow en 1991, sin saber que esta parte del mundo se encuentra atrapada en una cápsula del tiempo tecnológica.2

No todos se percataban de ello en ese entonces, pero el estado del ambiente directamente estaba vinculado con la ausencia de derechos de propiedad en el sistema soviético. Las autoridades habían rechazado permitir que la mayoría de los recursos fuesen poseídos privadamente. La mayoría de los intercambios en el mercado eran actos criminales, y el espíritu emprendedor en gran parte de sus expresiones era declarado como un comportamiento criminal. La producción estaba centralmente planificada, con la tierra y otros recursos poseídos por el estado, no por los individuos.

Aunque existían muchos actos represivos en la ex Unión Soviética y en las naciones europeas del este, la ausencia de derechos de propiedad, junto con la ausencia de los mercados que resultan del intercambio de esos derechos de propiedad, era suficiente para devastar al medio ambiente.

Para entender el porqué, es útil observar las razones por las cuales los derechos de propiedad privada protegen al medio ambiente. Existen varias:3

1. Los propietarios poseen incentivos para utilizar los recursos productivamente y para conservarlos en la medida de lo posible. Los propietarios pueden obtener recompensas financieras por emplear a los recursos productivamente y tienen un fuerte incentivo para reducir los costos conservando el uso de cada recurso. En la búsqueda de ganancias, las firmas comerciales tienen un fuerte incentivo para implementar nuevas tecnologías de ahorro de recursos.

Dichos incentivos se encontraban ausentes en el bloque oriental bajo el socialismo. Considérese al Trabant, el automóvil del pueblo producido en Alemania del este entre 1959 y 1989.4 (La producción se detuvo poco después de la caída del Muro de Berlín.)

El Trabant proporcionaba el transporte básico y era fácil de reparar. Pero era lento (velocidad máxima 66 mph), ruidoso, no poseía manejo discernible alguno, arrogaba un penacho de aceite y de humo gris por el caño de escape, y no contaba con un medidor de gasolina. El escape era tan nocivo que no se permitía a los alemanes occidentales poseer los Trabants. Cuando la revista Car and Driver trajo uno a los Estados Unidos, la EPA (sigla en inglés para la Agencia de Protección Medio Ambiental) rechazó permitir que se lo condujera en las calles públicas.

El Trabant era tan malo en parte debido a que su diseño era básicamente idéntico al que tenía cuando el automóvil fue fabricado por primera vez en 1959. El modelo más reciente, el 601, había sido introducido en 1964, y permanec’a esencialmente sin cambios 25 años más tarde.

Los fabricantes no podían cosechar una ganancia produciendo un vehículo mejor, por lo cual no tenían incentivo alguno para adoptar la nueva y más limpia tecnología que brindaría un mejor funcionamiento. En cambio, dado que las fábricas eran gubernamentales, existía poco incentivo para producir cualquier clase de automóvil en Alemania del este. Por lo tanto, tan pocos automóviles se encontraban disponibles que la gente esperaba un promedio de 13 años para conseguir su Trabant.

2. La posesión privada de la propiedad es un incentivo para el buen cuidado, careciéndose del mismo bajo el control gubernamental. Si un recurso es bien cuidado, será más valioso y agregará más a la riqueza personal de su dueño. Si el dueño permite que el recurso se deteriore o sea dañado por la contaminación, él o ella soportarán personalmente el costo de esa negligencia bajo la forma de una declinación en el valor del recurso.

A través de la Unión Soviética bajo el comunismo, los recursos eran rutinariamente desperdiciados. De hecho, el énfasis estaba puesto por una buena razón en utilizar a los recursos, no en producirlos. Los planificadores centrales mensuraban a menudo el uso de los recursos para determinar si una fábrica u otra entidad se encontraba cumpliendo con el plan central. Por ejemplo, Ana-Mari Satre Ahlander informa que a pesar de la baja producción per-capita de las cosechas agrícolas, el uso de fertilizantes y de herbicidas era elevado.5 Eso se debe a que usarlos era un signo de que el trabajo estaba siendo realizado, aunque el uso excesivo de estos productos químicos podía tener efectos dañosos.

Una historia es narrada acerca de un área de Estonia donde el agua subterránea es inflamable a raíz de las vastas cantidades de combustible de aviación que fueron descargadas en la tierra y se filtraron en el agua. El combustible estaba asignado a una estación militar soviética cercana para ser utilizada en misiones de práctica de vuelo. Para cerciorarse que los pilotos hubieran volado el número requerido de horas, los militares superiores supervisaban la cantidad de combustible que los pilotos utilizaban. Cuando los pilotos no deseaban volar las horas requeridas, falsificaban sus informes. Para evadir la detección, se deshacían del combustible descargándolo sobre la tierra.6

3. Un propietario del recurso tiene derechos legales contra cualquiera que dañase el recurso. El dueño privado de un recurso tiene más que apenas el incentivo para preservar el valor de ese recurso. Los derechos de propiedad privada también proveen al dueño con los derechos legales contra cualquiera (incluyendo usualmente a una agencia gubernamental) que invada–físicamente o mediante la contaminación–y dañe al recurso. El dueño privado de un bosque o de una granja no se sentará ociosamente si alguien está talando árboles sin permiso o invadiendo la propiedad con agentes contaminantes peligrosos, y los litigios pueden ser utilizados para proteger esos derechos. Un dueño privado hubiese podido detener probablemente la descarga del combustible de aviación sobre las tierras de cultivo estonias arriba mencionadas.

Pero en el bloque oriental, dicha protección estaba ausente. Peter J. Hill informa que en Bulgaria metales pesados en el agua para irrigación disminuían los rendimientos de las cosechas en las granjas búlgaras. Las fuentes industriales de los metales eran conocidas, pero los granjeros no poseían recurso alguno. Sin un sistema de compensación a través de los tribunales, sostiene Hills, los granjeros no poseían ninguna demanda accionable contra aquellos que causaban los problemas.7

4. Los derechos de propiedad proporcionan incentivos de largo plazo para maximizar el valor de un recurso, incluso para los propietarios cuya perspectiva personal es de corto plazo. Si la utilización de un espacio de tierra para la construcción de una basurero de residuos tóxicos reduce su productividad futura, su valor baja hoy, reduciendo la riqueza del propietario. Eso sucede porque el valor actual de la tierra actual refleja el valor actual neto de sus prestaciones futuras–el rédito de la producción o de las prestaciones recibidas directamente de la tierra, menos los costos requeridos para generar los ingresos (y ambos descontados en términos del valor actual.)

El Lago Baikal es el lago de agua dulce más grande y más profundo de la tierra. Conocido alguna vez por su pureza, se encuentra actualmente largamente contaminado debido a que los planificadores soviéticos decidieron construir fábricas de papel en su orilla y fallaron en reducir la emisión de agentes contaminantes en el agua. Según una fuente, el efluente es descargado directamente en el lago y ha creado un área contaminada de 23 millas de ancho.8 Claramente, el valor del lago y de su tierra circundante ha disminuido seriamente debido a la contaminación.

En una sociedad de propiedad privada, el dueño de la propiedad del lago prevería un lugar que atrajese a los turistas y a quienes desearan adquirir una casa. Dicho propietario tendría un poderoso incentivo para mantener el valor de esta propiedad previniendo su deterioro. Pero los planificadores gubernamentales no tenían ningún incentivo para protegerla.

Ahora que el sistema soviético se ha quebrado, la destrucción medio ambiental en el bloque oriental debería acercarse a su fin. Simplemente, al cerrar las fábricas contaminantes, muchas de las cuales estaban desperdiciando recursos, de todas maneras, reducirá la contaminación. Pero cuán rápido y bien el ambiente se recuperará, depende crucialmente de la restauración de los derechos de propiedad privada.

Notas:

1. Mikhail Bernstam, The Wealth of Nations and the Environment (Londres: Institute of Economic Affairs, 1991), p. 24.

2. W. W. Rostow, “Eastern Europe and the Soviet Union: A Technological Time Warp,” en The Crisis of Leninism and the Decline of the Left, Daniel Chirot, ed. (Seattle: University of Washington Press, 1991), p. 60-73, en 61.

3. Para un debate ms detallado, véase James D. Gwartney y Richard L. Stroup, Economics: Private and Public Choice, 8a edición (Fort Worth: Dryden Press, 1997), Capítulo 28.

4. La información acerca del Trabant proviene de artículos en Car and Driver en abril y diciembre de 1990.

5. Ann-Mari Satre Ahlander, Environmental Problems in the Shortage Economy (Aldershot, England: Edward Elgar, 1994), p. 19.

6. Un relato expresado a los autores por un funcionario estoniano.

7. Peter J. Hill, “Environmental Problems under Socialism,” The Cato Journal, Volumen 12, No. 2 (Otoño 1992), pp. 321-335, en 328.

8. Hill, p. 322, citando información de la revista Time, 2 de enero, 1989.

Este artículo se encuentra reimpreso con autorización de The Freeman, febrero 1997. © Copyright 1997, Foundation for Economic Education.

Traducido por Gabriel Gasave


Richard L. Stroup es Investigador Asociado en The Independent Institute, Profesor de Economía en la Montana State University, y co-director (con Roger Meiners) de Cutting Green Tape: Toxic Pollutants, Environmental Regulation and the Law.
Jane S. Shaw es Asociado Senior en el Political Economy Research Center.




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