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La rebelión en Irak: El hijo contra el padre
22/1/2007
Ivan Eland

Han habido explicaciones psicológicas populares que atribuyen las agresivas decisiones en materia de política exterior del Presidente Bush 43 a una rivalidad con el Presidente Bush 41—por ejemplo, atribuyen la invasión de Irak de junior como una reacción a los escritos de su padre acerca de los errores de hacerlo. Los defensores de tales explicaciones deben estar pregonando el reciente repudio del presidente a las principales recomendaciones del Grupo de Estudio sobre Irak—un panel surtido con ex asociados de su padre—de comenzar la retirada de las fuerzas estadounidenses de Irak e involucrarse en negociaciones directas con Irán. Si junior está tomando consciente o inconscientemente decisiones que de manera implícita chocan con las de su padre, los pueblos estadounidense, iraquí e iraní desafortunadamente son primariamente los que padecerán los horribles resultados.

La mayoría de los comandantes militares de los Estados Unidos eran poco entusiastas respecto de la escalada de Bush de la guerra con la adición gradual de poco más de 20.000 efectivos estadounidenses. Se percataron correctamente de que la fuerza no tendría mucho efecto en el terreno, sino que simplemente generaría más resistencia. A cualquier militar, especialmente a un militar estadounidense que es un amante de la “sorpresa y el pavor”, le gusta sorprender a su enemigo con una fuerza abrumadora. Pero en vez de acumular fuerzas estadounidenses en secreto y lanzar un masivo ataque sorpresa sobre vecindarios claves en Bagdad, la administración Bush, inclinada a las hazañas publicitarias para el consumo interno que nada significan en el terreno en Irak, está introduciendo a las incrementadas fuerzas en pequeñas gotas a lo largo del tiempo. Obligada por este desafío público, la resistencia iraquí está redoblando sus esfuerzos para aumentar la violencia, resultando en un agudo golpe de 27 muertos estadounidenses este pasado fin de semana. Además, el incremento de aproximadamente 20.000 efectivos de los EE.UU. dará lugar aún a un total de solamente 150.000 tropas estadounidenses en Irak. Durante los pasados cuatro años, un par de veces los Estados Unidos han tenido 160.000 efectivos en Irak, pero no salieron ganando. ¿Qué le hace pensar a la administración que un menor número de tropas logrará vencer?

Además, los ex y actuales militares que aconsejan al presidente sobre Irak y ejecutan su política, respectivamente, no son las mejores elecciones. Uno podría pensar que después de todos los desastres en Irak, Bush sería más cuidadoso acerca de sus selecciones. Uno de los nuevos hombres más importantes de Bush en el terreno es una elección desastrosa para ese trabajo, el Teniente General Raymond Odierno, actualmente el comandante del día a día de los EE.UU. y las fuerzas de la coalición en Irak, quien fue criticado por sus contraproducentes tácticas de “patear la puerta” cuando comandaba la 4 División de Infantería durante una gira anterior en Irak. En diciembre de 2003, un informe interno del Ejército señalaba que la división de manera indiscriminada acorralaba a los jóvenes militares iraquíes hasta que las prisiones desbordaban. Estas tácticas de mano dura violan la estrategia de contrainsurgencia de “confraternizar con los iraquíes” defendida por su jefe, el General David Petraeus. Desafortunadamente, con el 61 por ciento de los iraquíes sosteniendo que está justificado atacar a las fuerzas estadounidenses, incluso la estrategia de Petraeus llega demasiado tarde como para salvar a la guerra del presidente.

El Teniente General (RE) Jack Keane, quien con el académico neoconservador Frederick Kagan propuso la escalada de la guerra, fue ex Vicejefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército al momento de la invasión. En vez de escuchar voces nuevas, el presidente está recibiendo consejos de un hombre que tiene un interés creado en hacer que la política existente funcione. Aún peor, Keane ha admitido que se siente culpable de que el Ejército no esté preparado para librar una guerra de contrainsurgencia en Irak. Así, sus motivaciones personales para salvar la política se están interponiendo en el camino de proporcionar un consejo militar sano.

El presupuesto clave de la estrategia de la nueva escalada de Keane y Kagan es que la seguridad debe preceder a un acuerdo político entre los grupos iraquíes. Esto anula a una de las pocas suposiciones correctas que la administración Bush ha hecho en Irak—que un acuerdo político será necesario que se alcance antes de que la gente deje de pelear. Keane y Kagan no parecen comprender un hecho básico: La pelea no solamente no ocurre inesperadamente o debido a que la gente que combate es inherentemente mala, sino en virtud de querellas reales. El problema no era con el presupuesto original sino que Irak se encuentra tan fracturado como sociedad que un acuerdo político era difícil de alcanzar. Con el reciente astillado de facciones, el mismo se ha tornado virtualmente imposible. De esa forma, una guerra civil total es probable que acontezca, con o sin las fuerzas estadounidenses encontrándose en el medio de ella. Así, la receta correcta de una política es justamente la opuesta a la escalada de Keane y Kagan—la retirada inmediata.

En cuanto a las relaciones de los Estados Unidos con Irán, una administración que no tiene muchas cartas parecería estar tratando de mejorar su mano a través de la usual y torpe aproximación de la intimidación militar. El despliegue de otro portaviones hacia la vecindad de Irán está diseñado para asustar a Irán a fin de que sea más cooperativo en Irak. Sin embargo, la invasión estadounidense de Irak se suponía que haría lo mismo. En cambio, todo lo que hizo fue asustar aún más a Irán de un ataque de los Estados Unidos y de ese modo aceleró su impulso para obtener armas nucleares. Un segundo portaaviones hará en gran medida lo mismo sin moderar el entrometimiento de Irán en Irak.

El Presidente Bush 41 finalmente precisa tener una dura conversación con junior y decirle que necesita empezar a implementar una política exterior adulta, en vez de ser por siempre el bravucón de los recreos escolares.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.



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