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La lotería estadual: El apremio de California
15/1/2007
Jonathan J. Bean, Donald W. Gribbin

Según la Comisión de la Lotería de California, la lotería se ha convertido en la salvadora fiscal del sistema de educación pública de California. En su ostentosa campaña de relaciones públicas, la Comisión de la Lotería se jacta de que 34 centavos de cada dólar de la lotería son devueltos a las aulas—unos descomunales $15 mil millones desde la creación de la lotería en 1985. Resumiendo, usted puede volverse millonario Y ayudar a financiar a las escuelas pobres y a los maestros mal remunerados al jugar a la lotería. Así, estar en contra de la lotería estadual es como estar en contra de leyes tales como la “Ley a favor de los niños”. Si esta avaricia disfrazada de promesas resonantemente dulces licenciada por el estado suena demasiado buena para ser cierta, lo es.

Nuestro estudio de las loterías estaduales muestra que las mismas son poco más que esquemas legalizados de lavado de dinero que distraen dinero de un fondo a otro. Los políticos utilizan los ingresos de la lotería para reemplazar a los dólares del fondo general previamente gastados en la educación. Este artilugio libera fondos para otros propósitos no educativos tales como transporte, carreteras, y gastos en proyectos que implican negociados. ¿Cómo pudieron los políticos estadounidenses convencer tan efectivamente a la gente de realizar una practica de juego que era ilegal antes de 1964, cuando New Hampshire reinstituyó la primera lotería estadual moderna?

Las loterías fueron importantes en la fundación de los Estados Unidos. El Rey de Inglaterra autorizó a la Virginia Company de Londres a manejar una lotería en 1612 debido a sus dificultades financieras para apoyar el asentamiento de Jamestown. Durante los siglos dieciocho y diecinueve muchos estados y municipalidades mantuvieron loterías para financiar proyectos públicos específicos tales como caminos, puentes, canales, tribunales, hospitales, y escuelas. Entre 1790 y 1860, varias universidades como Harvard, Dartmouth, Yale, Princeton, Brown, Columbia, y Rutgers también se beneficiaron con las loterías.

Los estados abandonaron las loterías después de la década de 1830 por tres razones. Primero, un gobierno centralizado más fuerte tenía una capacidad mayor para recaudar ingresos de los aranceles, los impuestos al consumo de alcohol, los impuestos a las ganancias, y los impuestos a la propiedad. Segundo, los dudosos métodos empleados para vender billetes de lotería provocaron que algunos estados prohibiesen la venta de billetes de lotería. Tercero, los reformadores religiosos y morales atacaron a las loterías como una forma de juego que corrompía y empobrecía a los pobres. [Incluso hoy día, la Comisión de California se cuida de no utilizar a ciertos consumidores—los beneficiarios del bienestar social y los inmigrantes ilegales—en su celebración de los ganadores que se “vuelven ricos rápido”]. Resulta lo suficientemente interesante que California dio el paso poco común de prohibir a las loterías en su primera constitución estadual, una disposición utilizada en la actualidad por algunos para discutir la constitucionalidad de los “mega millones” en este estado.

En 1964, New Hampshire inició el renacimiento de las adopciones de la lotería. Sus partidarios enfatizaban el ingreso incrementado para el financiamiento de la educación si una lotería era establecida. Sin embargo, aún con una lotería, el puesto relativo de New Hampshire en el gasto promedio por alumno no aumentó de manera significativa desde 1960 a 1980. En 1960, New Hampshire se ubicaba en el trigésimo lugar entre los estados en materia de fondos promedio gastados por alumno en la asistencia diaria promedio pero todavía conservaba ese puesto dieciséis años después de que la lotería fue adoptada.

Los defensores de la lotería destacan también que las loterías son “voluntarias”, es decir que solamente quien lo desea paga el tributo. Thomas Jefferson es citado con frecuencia como afirmando que la lotería es un “instrumento fiscal ideal, un pago exacto realizado exclusivamente por aquellos que escogen jugar”

Los críticos enfatizan que las loterías son el juego autorizado por el estado que alienta a los jugadores a pensar que pueden obtener “algo a cambio de nada”. Los jugadores de lotería esperan un gran beneficio por una pequeña inversión y tal inclinación a volverse rico de manera rápida inhibe el trabajo duro y el ahorro.

Las loterías permiten a los políticos evitar tomar decisiones duras (e impopulares) respecto de los presupuestos estaduales. Las investigaciones indican que cuando los estados enfrentaban tensiones fiscal en los años 60 y posteriormente, los políticos adoptaron loterías. Frecuentemente esta tensión fiscal era el resultado de la mala administración y del gasto en negociados. Sin los ingresos adicionales de la lotería, los políticos estaduales probablemente recibirían una mayor presión para hacer funcionar más eficientemente al gobierno a través de la privatización, licitaciones competitivas, y así sucesivamente.

A los políticos les encanta esconder la codiciosa mano del gobierno. El de la lotería es un ejemplo ideal. No obstante, la misma rapiña de los bolsillos de los pobres, hace poco por reducir el crimen organizado, y coloca al estado en el cuestionable monopolio del juego legalizado. Si se tratase de cualquier otro—sostiene, John Gotti—pondríamos a este vendedor de aceite de víbora en la cárcel. Al menos, es el momento de echarle a la lotería estadual una mirada más dura.

Este artículo deriva de un estudio publicado en la edición del invierno de 2006 de The Independent Review.

Traducido por Gabriel Gasave


Jonathan Bean es Investigador Asociado en el Independent Institute, Profesor de Historia en la Southern Illinois University, y director del libro de próxima aparición, Race and Liberty in America: The Essential Reader.
Donald W. Gribbin es Presidente y Profesor de Contabilidad en la Western Michigan University.




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