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Recesión 2007
10/12/2006
Dominick T. Armentano

¿Nos encaminamos hacia una recesión económica? Probablemente. ¿Qué podemos hacer al respecto? No mucho.

La expansión económica de 5 años iniciada por las reducciones impositivas y tasas de interés más bajas está a punto de finalizar su curso. Mi predicción es que la recesión debería comenzar en el primer o segundo trimestre de 2007 y continuar, si la historia sirve de alguna guía, durante unos 18 meses. Desafortunadamente para los republicanos, eso colocará al grueso de la declinación bien entrada la contienda presidencial de 2008.

Las expansiones económicas no concluyen naturalmente, sino que entran en cortocircuito por una mala política económica. El hecho es que la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés demasiado bajas durante demasiado tiempo tras la recesión de 2000-2001. Esta política de dinero fácil alimentó una expansión sin precedentes en la industria de la vivienda tanto en la oferta como en la apreciación de los precios. Ante la ausencia de mejoras sustanciales en la productividad y el ingreso real de los hogares, esa expansión impulsada por los bancos sencillamente no era sustentable en el largo plazo.

Cuando la Reserva Federal despertó el año pasado y finalmente elevó modestamente las tasas, la expansión de la vivienda se detuvo. Desde entonces, los precios de las casas y condominios en muchas áreas han estado casi en caída libre. En mi opinión llevará años, no meses, deshacerse del excedente del inventario nacional y restaurar la normalidad en el mercado de la vivienda. Un “aterrizaje suave” no resulta predecible.

Las ventas de automóviles reflejan a las ventas de viviendas (con una demora) por varias razones. Primero, la mayoría de las compras de autos nuevos son financiadas, y entonces tasas de interés más altas aminoran la demanda de autos y camionetas. Segundo, y más importante aún, declinaciones en el valor de las viviendas producen lo que los economistas llaman un “efecto de la riqueza negativa”. Esto significa que somos más proclives a adquirir un auto nuevo (o un condominio para las vacaciones) cuando nuestro hogar primario está valuado en, digamos $300.000 antes que cuando lo está, por caso, en $175.000. A medida que el valor de nuestra casa se ajusta a la baja, nos sentimos “más pobres” (incluso si no pensamos en venderla), y reducimos las compras grandes en otros rubros. Nos encontramos en las etapas iniciales de ese ajuste en la actualidad.

Los mercados financieros están también indicando una posible recesión en el mediano plazo. Las tasas de interés de largo plazo (5 años) son actualmente más bajas que las tasas de corto plazo, y esta denominada “curva de rendimiento invertida” a menudo predice problemas económicos en el futuro. Normalmente hay una tasa de interés prima para los préstamos a largo plazo: las tasas de largo plazo son por lo general más altas que el dinero prestado por menos de un año. Cuando las tasas de largo plazo son más bajas, implica que la demanda de capital e inversiones de largo plazo es débil, y que la perspectiva comercial en el largo plazo es relativamente poco prometedora.

¿Hay alguna buena noticia? Seguramente. La ocupación está fuerte, y quienes trabajan gastan dinero y ahorran para el futuro. Y pese a los problemas, los mercados de la vivienda están operando de manera eficiente, lo que significa que las nuevas construcciones están disminuyendo notablemente y los precios de las viviendas usadas se están ajustando a la baja a fin de reducir el inventario no vendido. Lo mismo ocurre con los autos, donde los principales fabricantes han anunciado recortes en la producción, y donde los reembolsos y el financiamiento otorgado por las concesionarias pondrá al día los atrasos.

También, a diferencia de otras recesiones recientes, la gran mayoría de nuestras empresas e instituciones financieras parecen fuertes, con estados contables medianamente sólidos. Finalmente, el mercado bursátil se ha movido vigorosamente más alto en los últimos 6 meses, contrabalanceando, en alguna medida, el efecto de la riqueza negativa en la vivienda primaria. Si estoy acertado acerca de la recesión, sin embargo, este movimiento alcista en los precios de las acciones también se estancará.

Resumiendo, nos encaminamos (probablemente) hacia un extendido periodo de actividad económica relativamente modesta. Podemos evitar empeorar la desaceleración al mantenernos libres de aumentos en los impuestos y salarios mínimos más altos. Los hogares con un alto endeudamiento apalancado y empleo cíclico serán afectados de la peor manera. El resto de nosotros debería poder arreglárselas razonablemente bien.

Traducido por Gabriel Gasave


Dominick T. Armentano es Profesor Emérito en Economía en la University of Hartford (Connecticut) e Investigador Asociado en The Independent Institute en Oakland, California. Es autor de Antitrust & Monopoly (Independent Institute, 1998)



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