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El legado de Milton Friedman
18/11/2006
Alexander T. Tabarrok

Gran economista de día y cruzado público intelectual de noche, Milton Friedman era mi héroe. Las contribuciones de Friedman a la economía son profundas, la hipótesis del ingreso permanente, la resurrección de la teoría de la cantidad de dinero, y su obra magna con Anna Schwartz, A Monetary History of the United States, 1867-1960, se erigen todas como grandes logros.

Es verdad que en el panteón de los grandes economistas del siglo veinte otros detentan su legítimo lugar, Keynes fue más revolucionario, Arrow más innovador y Samuelson más prolífico pero más que cualquier otro economista del siglo veinte Friedman estaba acertado. ¿La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario? Resulta obvio en la actualidad pero en la época de Friedman este era un grito de guerra. Fue una batalla que Friedman ganó. Los banqueros centrales hoy día son castigados por las altas tasas de inflación y como resultado de ello la inflación ha desaparecido como un problema económico en las economías avanzadas. ¿Sintonía fina de la economía? Friedman era escéptico y mientras la política monetaria y fiscal de corto plazo no ha sido abandonada hay una apreciación mucho más grande hoy día de que estas herramientas son limitadas y proclives al error. Además, el foco de Friedman en las reglas monetarias y la estabilidad monetaria, emulado por el foco del ganador del Nobel James Buchanan en las reglas fiscales y la estabilidad fiscal, son vistas actualmente como fundamentos importantes para que el crecimiento económico de largo plazo no sea sacrificado por un anuncio del momento.

Sobre la más grande de todas las cuestiones, mercados libres o una economía de comando Friedman estaba por supuesto sonoramente acertado. ¿Obvio? No para un gran economista como Paul Samuelson quien en su libro de texto predijo reiteradas veces que іla Unión Soviética superaría a los Estados Unidos!

Pero Friedman no restringió su genio a la academia ni siquiera a su campo de la economía monetaria, utilizó a la economía para argumentar enérgicamente a favor de un mundo mejor. Friedman fue un protagonista principal en la finalización del servicio militar, empleó el poder del premio Nobel para defender causas impopulares como la legalización de las drogas. No solamente escribió acerca de los tipos de cambio flotantes a los que ayudó a establecer. ¿El fin del bienestar tal como lo conocemos? El impuesto a las ganancias negativo de Friedman fue una inspiración.

Para aquellos que admiramos a Friedman, destacamos su muerte no simplemente para elogiar sus logros pasados sino porque hemos perdido a un líder. Aún a los 94 años, Friedman era sagaz, activo y un cruzado. En su última década dedicó considerables esfuerzos a promover la elección escolar. Al respecto, creo que la influencia de Friedman no ha llegado a la cima y el día en que cada niño en los Estados Unidos tenga un vale válido en cualquier escuela, en cualquier parte, cuando las escuelas compitan por estudiantes, y un floreciente e innovador mercado en materia de educación nazca entonces también elogiaremos a Milton Friedman.

Milton Friedman amaba la libertad. Aún hoy, un escalofrío desciende por mi espinazo cada vez que leo el mordaz comienzo de Capitalism and Freedom:

El Presidente Kennedy dijo, “No preguntes qué puede tu país hacer por ti—pregunta qué puedes hacer por tu país....” Ni la mitad de esta declaración expresa una relación entre el ciudadano y su gobierno que sea merecedora de los ideales de los hombres libres en una sociedad libre.

Condenadamente cierto.

En lo personal, Friedman inspiró mi libro, Entrepreneurial Economics: Bright Ideas from the Dismal Science, en el cual afirmo que Milton Friedman fue el más grande economista emprendedor del siglo veinte. Fue así una verdadera emoción para mi y un reavivar del círculo cuando le envié un borrador y me lo regresó elogiando el libro (іvéase la contratapa!).

Se lo extrañará.

Traducido por Gabriel Gasave


Alexander Tabarrok es Senior Fellow en The Independent Institute, Profesor Asociado de Economía en la George Mason University, director de los libros del Instituto, Entrepreneurial Economics, The Voluntary City (con D. Beito y P. Gordon), y Changing the Guard: Private Prisons and the Control of Crime.



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