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Perdiendo la guerra de las ideas
8/9/2006
Paul Sullivan

La “guerra contra el terror” es interpretada como una “guerra contra el Islam” en el mundo musulmán. ¿Por qué tienen los musulmanes esta percepción? Tal vez debido a que los Estados Unidos están atacando países musulmanes y los medios de comunicación estadounidenses rutinariamente vinculan al término “terrorismo” con la palabra “Islam.” Los musulmanes de todo el mundo fácilmente pueden observar este fenómeno en los noticiosos estadounidenses transmitidos en sus países a través de la televisión vía satélite.

Cuando actos violentos son perpetrados por grupos no-islámicos, sus religiones no son mencionadas. ¿Ha algún dirigente político añadido el término “fascista” a alguna otra religión últimamente? Navegue a través de Internet en busca de los términos “Islam” y “fascismo” o “fascista”, y será agasajado con millones de resultados, muchos de ellos mucho menos que afables con esta gran religión. Luego tenemos al último recurso en herramientas de reclutamiento para los extremistas: Abu Ghraib y Guantánamo. La reiterada, y casi en tiempo real filmación de musulmanes siendo acorralados, interrogados, y enviados a prisión para ser indefinidamente detenidos y torturados incluso empeoran la situación. El hecho de que la mayor parte de los estadounidenses musulmanes sean bien educados, prósperos, patriotas, y comprometidos con su país y familias parecería perderse en el drama peyorativo del momento.

¿Qué libro religioso es en ciertas ocasiones atacado siempre que los medios desean discutir los actos terroristas? El Corán. Cuando nuestros líderes religiosos y políticos realizan declaraciones públicas contra el Islam, esas declaraciones a menudo no son halagadoras.

Nuestro empleo de la terminología resulta profundamente contraproducente. ¿Cuán a menudo oyen los musulmanes a los presentadores de la pantalla chica referirse a los yihadistas como amenazas? Sin duda, esos distorsionadores del Islam que ejecutan ataques injustificables e indiscriminados contra gente inocente son una seria amenaza. ¿Pero son yihadistas? Al llamar a estas personas yihadistas—esencialmente, alguien que se esfuerza en el camino de Dios—no solamente se concede cobertura religiosa a aquellos que apoyan o podrían apoyarlos, uno también insulta al Islam y los musulmanes. Nada en las leyes de la guerra del Islam permite la matanza indiscriminada. Afirmar que el Corán apoya tales actividades es un grave insulto a los musulmanes. Los términos correctos para estos transgresores en la terminología islámica serían erhabeen (terroristas), mufsidoon (malvados), y expresiones por el estilo. Uno de estas personas no es un mujihad, sino un qatil ’l amd, un asesino—liso y llano. Antes de aseverar algo acerca de una compleja región del mundo, se debería al menos conseguir los términos de referencia correctos. Denominarlos yihadistas es como llamar al Che Guevara y a Carlos el Chacal “combatientes por la libertad”.

Hay muchos buenos individuos en el Departamento de Estado y otras partes realizando grandes esfuerzos para contrarrestar dichas percepciones en el mundo islámico, pero se desempeñan con presupuestos muy acotados y dentro de un contexto político que no resulta exactamente conducente al pensamiento abierto sobre temas relacionados con el Islam. Admiro a los diplomáticos y otros que trabajan contra fuerzas gigantescas para ayudar a evitar el choque de civilizaciones. Sin embargo, cada vez que avanzan, algo parecería operar en su contra. Son infantes de marina, soldados, y otros que poseen un montón de sensibilidad para determinadas situaciones, y en verdad procuran hacer lo correcto, pero parece que a menudo están intentando nadar contra una gran corriente de malentendidos, sospechas, y una ignorancia profundamente arraigada.

Es tiempo de que los Estados Unidos despierten y empiecen a ver con claridad qué es lo que hay allí fuera. Es tiempo de despertarse antes de que suene la alarma realmente grande. No es demasiado tarde. Precisamos ser más listos al respecto, y tenemos que ser conscientes de los verdaderos temas y los verdaderos enemigos. No son el Islam y los musulmanes. Son aquellos que afirman representar a esta gran fe y sus adherentes, pero claramente, por su acciones, representan exactamente lo opuesto.

Traducido por Gabriel Gasave



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