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Montenegro independiente: El caso de la república del azúcar
28/7/2006
Boris Begovic

Belgrado—Montenegro se ha vuelto independiente (“Ha recuperado su independencia” dicen aquellos que apoyaron esa opción). El desafío político fundamental para Montenegro es ahora el de modificar su agenda política. Durante varios años, el tema de la independencia fue de vital importancia y empequeñeció a todas las demás cuestiones. El mismo le proporcionó a los dirigentes montenegrinos una excusa general para no avanzar de manera decisiva sobre otros asuntos mucho más difíciles, como el crecimiento económico y la reestructuración fiscal y de la microeconomía.

¿Cuál debería ser el tema más importante en la agenda política de Montenegro? Evitar la fragmentación de la sociedad montenegrina. El reciente referendo sobre la independencia, que tuvo una participación de alrededor del 85%, evidenció un país profundamente dividido. Casi el 45% de los participantes votó en contra de la independencia—incluso familias enteras estuvieron divididas sobe este punto. El actual gobierno o cualquier otro que llegue al poder en el corto plazo debe trabajar para proteger a la minoría que votó en contra de la independencia y tender puentes entre los dos bandos. Esta cuestión es particularmente importante si tomamos en cuenta que los campos a favor y en contra de la independencia poseen sustanciales componentes étnicos y regionales—algo muy peligroso para un país pequeño que recientemente se ha vuelto independiente.

El otro tema crucial es la perspectiva de largo plazo para el crecimiento económico en el país. Con un ingreso per capita de tan solo 3.000 dólares estadounidenses, y con cerca del 10% de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza, el crecimiento económico es algo que Montenegro en verdad necesita. ¿Será alcanzado ese crecimiento con políticas públicas de libre mercado?

De un tiempo a esta parte, Montenegro ha sido elogiado por adoptar el liberalismo económico, es decir, políticas de libre mercado. Por ejemplo, la liberalización del comercio exterior dio como resultado un arancel nominal promedio de solamente 2,5%, muy por debajo de la proteccionista Serbia, donde el mismo es de 8,5%. Aún así, los precios minoristas de equilibrio de muchos productos importados son sustancialmente más altos que los precios en Serbia. El precio al por menor de las bananas en Montenegro, por ejemplo, el cual se encuentra sujeto a un elevado arancel del 15% bajo condiciones de una importación ostensiblemente libre, es un 5% más alto que en la proteccionista Serbia, que efectivamente impone un arancel—una situación bastante paradójica. ¿A qué se debe esto? El problema radica en que el comercio exterior montenegrino no es ni transparente ni libre. Existen sustanciales barreras de ingreso y rentas sustanciales (Ej. ganancias no productivas) son generadas en virtud de estas barreras. Esas rentas son apropiadas por empresarios involucrados en la industria, y quizás compartidas con lo dirigentes que posibilitan ese marco institucional.

Considérese el caso del azúcar. El precio de equilibrio del azúcar en Montenegro es 600 dólares estadounidenses la tonelada; comparable con el precio minorista de la Unión Europea y más o menos el doble del precio básico del azúcar brasileño importado. La diferencia se debe abrumadoramente a la disminución en la oferta debida a las condiciones monopólicas en las que opera la industria importadora local. Pero si no existiesen barreras de ingresos, la expectativa de grandes ganancias atraería a nuevos competidores y generaría precios competitivos.

El toque personal resulta muy importante en Montenegro, un país de 620.000 habitantes, muchos de los cuales pertenecen a clanes. El lado cómodo de la población ha producido una excelente red de conexiones personales, interrelaciones, y dependencias. El problema es que una economía de mercado es por naturaleza despersonalizada. Tal como lo señalaba Vito Tanzi en su definición de corrupción, las transacciones de mercado se basan en el principio de la distancia. Desafortunadamente, las perspectivas para la aplicación de ese principio en Montenegro son escasas, no necesariamente porque la gente no esté deseosa de operar de ese modo sino porque la estructura demográfica y social de la nación. Cuando las transacciones del mercado de capitales están dominadas por individuos de las propias empresas, el cumplimiento de las reglas está parcializado. Por consiguiente, no hay Estado de Derecho. Nociones como la del conflicto de intereses y de la “muralla china” no son lo suficientemente apreciadas en Montenegro.

Con un gasto consolidado del gobierno central del 45% del PBI, la carga tributaria necesaria para mantener el equilibrio fiscal y para “proteger” al electorado que depende fuertemente de las transferencias presupuestarias es muy alto (solamente un tercio del presupuesto se destina a la provisión de bienes “públicos”). El sector público genera cerca del 60 por ciento de los empleos. Eso deja un especio bastante limitado para el espíritu emprendedor y vuelve a la gran mayoría de los votantes dependientes del gobierno de turno y de su política fiscal—un terreno muy fértil para el clientelismo.

Los desafíos económicos para un Montenegro recientemente independiente serán mayores que su lucha por la independencia. La retórica de libre Mercado es sin duda buena para las relaciones públicas, pero los problemas siguen sin resolverse.

Traducido por Gabriel Gasave


Boris Begovic es Asociado Adjunto en el Independent Institute y presidente del Centro de Estudios Liberales-Democráticos en Serbia.




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