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La ruleta del dominio eminente
30/5/2006
Benjamin W. Powell
Investor’s Business Daily

Wal-Mart se encontró del otro lado del mostrador esta semana cuando el concejo municipal de Hercules, California, decidió utilizar su poder del dominio eminente para frenar la apertura por parte de Wal-Mart de una nueva tienda en la ciudad. El concejo votó a favor de expropiar la tierra de Wal-Mart. Wal-Mart se vea ahora como la victima de la misma estrategia que ha utilizado para ganar una posición en otras comunidades: utilizar la amenaza del dominio eminente a fin de presionar a los dueños de propiedades para que las vendan.

Hercules es una ciudad líder en emplear las denominadas políticas de “crecimiento inteligente” para planear el desarrollo. Los planes de la ciudad lo regulan todo desde los estilos arquitectónicos a los pórticos del frente en los hogares. Sin embargo, los concejales de Hercules no resultarán más exitosos en la planificación centralizada de su economía local que lo que fueron los burócratas de la Unión Soviética en la planificación de la suya. El proceso competitivo del mercado, el cual ofrece ganancias o perdidas monetarias, es mucho mejor que los planificadores de la ciudad en resolver qué empresas deberían ofrecer cuáles productos en qué ubicaciones.

Los funcionarios de la ciudad desean una “atmósfera pueblerina” en Hercules, sin ninguna tienda minorista que supere los 64.000 pies cuadrados en este sitio. No obstante, los comercios locales no parecen estar de acuerdo con ello. Doug Mull, vicepresidente de Lewis Co., que previamente poseía la tierra, afirmó que su compañía no pudo encontrar inquilinos interesados en la propiedad conforme los planes de la ciudad. Así fue que su empresa propuso permitirle a Wal-Mart abrir una tienda más grande. Después de que la ciudad rechazó la propuesta, Wal-Mart adquirió la propiedad y ha continuado con los esfuerzos de construir una tienda.

El concejo municipal estuvo de acuerdo con los expresivos residentes que sostenían que no existe demanda alguna por los productos de Wal-Mart en el área y que en cambio los restaurantes elegantes, las boutiques, y especialmente los comercios minoristas tales como Whole Foods o Trader Joe’s son necesarios. ¿Dónde estaban estos inquilinos cuando Lewis Co. Estaba procurando alquilar la propiedad de conformidad con el plan central de la ciudad?

Aparentemente estos comercios no estiman la misma demanda para sus productos como lo hace el gobierno de la ciudad. De manera similar, Wal-Mart no ha hecho miles de millones de dólares mediante la apertura de tiendas allí donde no existe demanda alguna por sus productos. Su avidez por abrir una tienda en Hercules—donde los minoristas de especialidades han dejado pasar la oportunidad—sugiere que hay más demanda por los productos de Wal-Mart que por los productos de estas otras tiendas.

El Vicealcalde de Hercules Ed Balico dijo que los forasteros tienen que comprender que “La ciudad de Hercules es muy exclusiva”. Desgraciadamente, lo que es exclusivo respecto de Hercules son las medidas draconianas que está deseando tomar para hacer cumplir la voluntad de los planificadores. La Corte Suprema de los Estados Unidos abrió la puerta a esta clase de abuso cuando en el caso Kelo vs. City of New London, Connecticut, falló que las ciudades pueden utilizar el poder del dominio eminente para confiscar la propiedad privada de una parte y venderla o alquilarla a otra parte privada a fin de promover el desarrollo económico.

El dominio eminente no solamente viola los derechos de propiedad, es también una mala economía. La confiscación de la propiedad de alguien para dársela a otro privado en verdad lesiona el desarrollo económico, al desviarla a usos menos valiosos. Si otras empresas valoraban la circunstancia de instalarse en esta propiedad más que Wal-Mart, no existe ninguna razón por la que no podían adquirir la tierra de manera privada.

Wal-Mart rechazó una oferta que efectuó la ciudad de adquirir la propiedad en marzo. En lugar de ofrecer lo suficiente como para seducir a Wal-Mart a vender, la ciudad está actualmente empleando su poder para adquirir la propiedad por la fuerza. El hecho de que el dominio eminente exige que la ciudad pague el “valor justo del mercado” sigue sin compensar plenamente a Wal-Mart.

Este es el problema económico básico con el dominio eminente. Las transferencias forzadas de propiedad a beneficiarios que no estaban deseosos de pagar lo suficiente para obtener la propiedad de manera voluntaria siempre constituye efectos económicos. El mismo acto de no vender a los precios del mercado demuestra que el actual dueño valora la propiedad más que el “valor justo del mercado”. En virtud de que el dominio eminente aleja a la propiedad desde los usos más valorados a los menos valorados, socava el desarrollo económico.

Este caso de dominio eminente es opuesto a aquel al que le temen la mayoría de los californianos. Desde el fallo en el caso Kelo de junio pasado, muchos propietarios temen que el dominio eminente será utilizado para transferir hogares a grandes minoristas tales como Wal-Mart en nombre del desarrollo económico. La Iniciativa “Protejamos Nuestros Hogares”, que se votará en los comicios de noviembre, ayudará a evitar dichos abusos. Irónicamente, al proteger a los propietarios de casas de Wal-Mart, los votantes podrían estar también protegiendo a Wal-Mart de los planificadores centrales de Hercules. La iniciativa será beneficiosa en ambos casos en virtud de que el dominio eminente no resulta bueno para nuestra economía ya fuese que Wal-Mart sea la oca o el ganso.


Benjamin Powell, es Investigador Asociado en The Independent Institute, un centro de estudios sobre políticas públicas con sede en Oakland, California y Profesor de Economía en la Suffolk University.



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