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La rebelión de la segunda generación
15/3/2006
Alvaro Vargas Llosa

Samuel Huntington afirmó en su libro “Who Are We?” que los inmigrantes hispanos eran una amenaza para la identidad nacional de los Estados Unidos porque, a diferencia de otros grupos étnicos, no se estaban integrando la nación anfitriona. La noticia de que Univisión Communications, el conglomerado de medios en español, está en venta es un síntoma más de lo equivocado que está este respetado caballero. Univisión controla más del 80 por ciento del mercado en español pero, debido a que los hispanos de la segunda generación prefieren los programas en inglés, sus perspectivas para crecer en el largo plazo son pequeñasa menos que ella también se integre a la cultura estadounidense.

Parecería no existir razón alguna para que su propietario, Jerrold Perenchio, venda Univisión. El conglomerado, que incluye las áreas de televisión, radio y música, es una máquina de hacer dinero. En 1992, el Sr. Perenchio adquirió Univisión por $500 millones; hoy día, el conglomerado de medios posee una capitalización de mercado de $10 mil millones.

Sin embargo, las tendencias demográficas no juegan a favor de Univisión. Los nacimientos han superado a la inmigración como el factor clave en el crecimiento de la población hispana en los Estados Unidos. El mercado hispano continúa creciendo con dinamismo, pero los estadounidenses de origen hispano, y no los nuevos inmigrantes, son la verdadera fuerza detrás de esta expansión. Usted lo adivinó: los hispanos de la segunda generación hablan inglés y de manera creciente prefieren leer y ver medios en inglés.

Cualquiera que esté remotamente familiarizado con el mercado hispano sabía esto desde hace mucho tiempo. Lo experimenté personalmente hace algunos años cuando trabajé para una cadena de periódicos en Florida. Estudios realizados por organizaciones tales como el Pew Research Center, el Urban Institute y la Kaiser Family Foundation indican que los latinos nacidos en los Estados Unidos representan en la actualidad el 60 por ciento de todos los latinos; que la segunda generación es bilingüe, posee un nivel de educación más alto y gana más dinero que sus padres inmigrantes; y que la tercera generación ni siquiera habla español. De tener algún efecto, el estigma que hoy día conlleva ser un inmigrante en los Estados Unidos presionará a la segunda generación a enfatizar su condición de estadounidense. Y los recién llegados no pueden frenar el proceso: sus hijos harán lo mismo.

Si queremos más evidencia de que los hispano-estadounidenses se están integrando, basta observar las cifras de conversiones al protestantismo: un cuarto de todos los hispanos se declaran protestantes (40 por ciento de aquellos incluso se llaman a sí mismos “evangélicos”). Por supuesto, esta es una debatible forma de medir el cambio cultural ya que el catolicismo ha sido la denominación cristiana más numerosa en los EE.UU. desde la segunda mitad del siglo 19.

El Sr. Perenchio puede tener otros motivos para vender (digamos, retirarse a Bora-Bora a perseguir mosquitos), pero resulta obvio que la cadena televisiva, que se esfuerza principalmente en satisfacer a los hispanos de la primera generación con acarameladas telenovelas, no puede seguir expandiéndose de un modo significativo a menos que haga algo drástico. La introducción de una programación bilingüe, por ejemplo, podría ampliar la audiencia de Univision, pero también podría enajenar a su base de la primera generación. El desafío planteado por una generación que se va apartando de los medios en español, y no solamente la competencia de los medios electrónicos, puede ser la razón por la cual los ingresos publicitarios de la cadena han venido creciendo recientemente al ritmo de un tercio de la tasa de crecimiento de los ingresos de la TV en general.

Los hispanos jóvenes y angloparlantes preferirán mirar “reality shows” como “The Real World’ y comedias como “George Lopez”, tal como lo señalara una nota reciente del New York Times, o escuchar la radio “Hurban”, un híbrido musical con el cual Clear Channel está experimentando en la actualidad.

Por supuesto, ningún grupo se integra a una cultura sin marcarla. Pero esa ha sido la historia de los Estados Unidos. Cada grupo religioso o étnico que se volvió parte de la nación estadounidense la enriqueció sin alterar fundamentalmente las ideas básicas que informan sus instituciones. Sí, los hispanos influirán en la cultura de los Estados Unidos, pero es cierto también que la cultura prevaleciente, comenzando por el idioma, está influenciándolos mucho más. Muchos hispanos parecen desear ver sus historias reflejadas en la programación televisiva en inglés. Me sorprendería si las cadenas televisivas en inglés no contemplan eso en sus planes futuros. Pero esas historias serán en inglés y mostrarán a los hispanos en proceso de integración cultural.

Los hispanos no son una amenaza para la identidad de la nación. Son una confirmación de que en los Estados Unidos no existe algo que pueda llamarse una “identidad nacional”, es decir una identidad que un grupo impone a todos los demás grupos. Lo que existe, más bien, es una cultura flexible y porosa que continuamente adopta nuevas formas dentro de un conjunto básico de instituciones constituido por la democracia liberal, la empresa privada y el estado de derecho. Como otros grupos de inmigrantes antes que ellos, los hispanos parecerían estar adaptándose a ese credo al tiempo que añaden nuevas capas a la compleja cultura prevaleciente.

Solamente las culturas escleróticas están destinadas a perecer, a pesar de la empresa del Sr. Perenchio.


Alvaro Vargas Llosa es Académico Asociado Senior del Centro Para la Prosperidad Global en The Independent Institute y editor de Lessons from the Poor.



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