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Los Estados Unidos pueden encaminarse hacia la salida en Irak ¿Pero primero no deberían ser extinguidas las llamas?
28/11/2005
Ivan Eland

Tras condenar la sugerencia de varios demócratas de que los Estados Unidos deberían crear un cronograma para el retiro de las tropas de Irak, el Pentágono de la administración Bush está construyendo de manera tentativa exactamente eso. La Secretaria de Estado Condoleezza Rice, de regreso de una visita a Irak, pareció aprobar ese plan al insistir que el entrenamiento de las tropas iraquíes estaba aconteciendo tan espléndidamente que el actual nivel de las fuerzas estadounidenses en Irak no necesitaría permanecer allí mucho más. ¿Qué es lo que ocurre?

La convergencia de presiones—desde la caída en picada del apoyo del público para la guerra dentro del país, los pedidos para el retiro de las fuerzas de ocupación estadounidenses por parte de las facciones políticas de Irak, y la campaña de los militares de los EE.UU. para una estrategia de salida a fin de salvar a una fuerza en el punto de ruptura—están provocando los cambios de 360 de la administración sobre el tema. Un cínico astuto se percataría que el primer factor, el vertiginoso descenso del apoyo del público de Bush, genera a los dos últimos. Los republicanos están muy temerosos de enfrentar al público tanto en los comicios parlamentarios de 2006 como también en las elecciones presidenciales de 2008, sin el regreso de al menos algún porcentaje de los efectivos estadounidenses de esta guerra impopular. El plan del Pentágono para tener menos de 100.000 efectivos estadounidenses en Irak hacia finales de 2006 (comparados con los casi 160.000 de la actualidad) vuelve a los republicanos un poco menos asustadizos respecto de sus posibilidades electorales.

A pesar de que un retiro parcial de las fuerzas estadounidenses, incluido el traslado de la mayoría de aquellos que permanecen en bases en la retaguardia, puede reducir las víctimas de los EE.UU., ayudar a elegir a algunos republicanos, y a quitar algo del fuego de la insurgencia sunnita, el mismo es probable que termine en un desastre para Irak y el legado de la administración Bush. El nuevo plan de los Estados Unidos es el de limpiar a las ciudades iraquíes de insurgentes con las fuerzas estadounidenses y luego conservarlas empleando a las recientemente entrenadas fuerzas de seguridad iraquíes—en vez de la actual y contraproducente estrategia de los EE.UU. de destruir a las ciudades y luego abandonarlas. Al mismo tiempo, los Estados Unidos sobornarán a los líderes tribales sunnitas en un intento por hacer que ellos renuncien a apoyar a la insurgencia.

Pero una vez que el retiro de las tropas estadounidenses comience, la presión para retiros adicionales dejará atrás al entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes—cuyas capacidades han sido bastamente exageradas por parte de la administración Bush y los militares estadounidenses en su prisa por mostrar un avance en la retirada. Con conversaciones de un retiro en el aire, los guerrilleros perderán algunos reclutas en la medida que la presencia del ocupante extranjero se torna menos intrusa, pero carecerán de un incentivo para abandonar el combate. Las cosas están siguiendo su derrotero y enfrentarán a adversarios menos capaces cuando las fuerzas estadounidenses partan.

Por lo tanto, ¿la respuesta es mantener a las fuerzas estadounidenses en sus niveles actuales o incluso incrementar sus números con la esperanza de aplastar a la resistencia sunnita de una vez por todas? Muy por el contrario, queda claro que las fuerzas estadounidenses actuales no pueden sojuzgar a la insurgencia. Además, no es seguro que incluso una duplicación de los efectivos de los EE.UU. fuese capaz de destruir una rebelión guerrillera que disfruta de tanto apoyo de parte de la población sunnita. Al mismo tiempo, un aumento de los niveles de la fuerza estadounidense claramente quebraría a los militares de los EE.UU. y sería imposible dada la amargura del público estadounidense sobre la guerra.

La única esperanza que tiene Irak de evitar una caótica guerra civil a medida que las fuerzas estadounidenses inicien su retirada es la de remover los incentivos de los sunitas para combatir. Se están rebelando para evitar retribuciones por la era de Saddam Hussein de parte de las milicias shiitas y kurdas, las cuales esencialmente controlan las partes claves del gobierno central iraquí. Dichas retribuciones ya están teniendo lugar: los asesinatos de sunnitas por parte de la Organización Badr, la despiadada milicia del partido más grande en la coalición gobernante, así como también el reciente descubrimiento de una prisión del Ministerio de Interior que torturaba a sunnitas. También, los sunnitas están luchando para evitar ser dejados fuera de la bonanza petrolera de Irak, la cual yace principalmente en las áreas shiitas y kurdas.

Salvar a Irak exigirá que la administración Bush altere su objetivo fundamental en Irak: un país unificado. Irak es un país artificial que ha sido mantenido unido a través de los años mediante la fuerza bruta de los dictadores. En la actualidad es mantenido unido solamente por un ejército extranjero. En al medida que ese ejército se vaya, Irak se separará de un modo u otro. En verdad, con todas las facciones armadas que vigilan las porciones de Irak, el país tiene ya una partición de facto.

A fin de reconocer lo que acontece en el terreno, los Estados Unidos deberían mediar una partición controlada de Irak de modo tal que la milicia de cada grupo pueda gobernar su propia área libre del temor de la opresión de un fuerte gobierno central. Como un incentivo para la aquiescencia sunnita, cualquier arreglo de partición tendrá que contemplar un acuerdo para compartir los ingresos petroleros o los campos petrolíferos. Para proporcionar un incentivo para que los shiitas y los kurdos compartan algo de su riqueza petrolera a favor de un alto en la rebelión sunnita, los Estados Unidos anunciarían un retiro inmediato de sus fuerzas, tal como el congresista John Murtha (demócrata por Pennsylvania), un conservador condecorado como veterano de Vietnam, y dos generales retirados del ejército lo han sugerido recientemente. Esas fuerza son lo único que actualmente está apuntalando al gobierno kurdo-shiita. Lo más probable es que Irak sea divido de esta forma pacífica y controlada o de manera violenta por una guerra civil que se intensificará a medida que los Estados unidos efectúen su retiro gradual de las tropas.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.



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