In English

El fracaso de la edificación de naciones en Bosnia e Irak
21/11/2005
Ivan Eland

El Departamento de Estado está utilizando a la fiesta de celebración del décimo aniversario de los acuerdos de Dayton para hacer más “progresos” sobre el futuro de Bosnia. La realidad es que la elite de la política exterior estadounidense intervencionista, liderada por el Subsecretario de Estado de la administración Bush, Nicholas Burns, está siendo anfitriona del conclave de los líderes bosnios en Washington esta semana para “arreglar” a la constitución bosnia pergeñada por los acuerdos de Dayton. La elite desea crear un fuerte gobierno central y abolir la presidencia rotativa en favor de un presidente nacional y dos vicepresidentes. Este plan solamente es proclive a hacer que se deteriore la todavía precaria situación en Bosnia. Aún peor, a estos intervensionistas les gustaría aprender del intento fallido de edificar una nación en Bosnia y usar las lecciones que dejara para intentar remediar la desesperada situación en Irak.

Después de que los Estados Unidos sufrieran un sangriento destino en Vietnam, el intervensionismo estadounidense cayó temporalmente en desgracia. La elite de la política exterior estadounidense—que observa al globo como a un gigantesco tablero de ajedrez y a la que no le importa enviar a los hijos e hijas de los demás a morir en lejanas guerras de guerrillas que poco tienen que ver con defender verdaderamente a los Estados Unidos—burlonamente llamaron a esto “aversión a la victima.” A medida que las bajas en Vietnam se elevaban, el público estadounidense acertadamente se tornó suspicaz de los proyectos preferidos de los intervensionistas en el exterior .

Los miembros de la elite, mientras desconocen vociferadamente cualquier similitud entre Vietnam e Irak, están muertos de miedo de que una aversión a las bajas similar por parte de un público prudente provocada por un fracaso en la guerra de Irak, afecte el apoyo público en favor de una futura ingeniería social militar en el exterior. Por lo tanto están agarrándose de un pelo bosnio para salirse del desorden de Irak. En el universo disperso de una exitosa edificación de naciones por parte de potencias extranjeras en el exterior, Bosnia puede ser el mejor de los ejemplos recientes, pero ciertamente no es algo de lo cual jactarse.

Diez años después de los acuerdos de Dayton, los mantenedores de la paz de la OTAN aún se encuentran en la escena y todas las partes concuerdan en que serán necesarios por los años venideros. Lo que este estado de cosas en verdad significa es que si los mantenedores de la paz extranjeros se marchasen, la guerra civil bosnia probablemente volvería a encenderse. La letárgica maduración de la policía y el ejército bosnios evidencia que la afirmación de la administración Bush de un progreso rápido en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes debería ser tomado como un grano de sal. De hecho, en un reciente artículo en The Atlantic Monthly, el periodista James Fallows destaca que la insurgencia iraquí está empeorando más rápido de lo que están mejorando las fuerzas de seguridad iraquíes.

Existen incomodas similitudes adicionales entre Bosnia e Irak. Por ejemplo, los Estados Unidos vertieron miles de millones (billones en inglés) de dólares en la reconstrucción de la economía bosnia y dilapidaron en grandes cantidades el dinero de los contribuyentes estadounidenses en Irak. Bosnia no es ciertamente un ejemplo de una recuperación económica de posguerra realizada por un gobierno, y las perspectivas de lo mismo en Irak son igualmente deprimentes. La eficacia de la ayuda estadounidense es incluso más cuestionable en Irak debido a que la misma llegó mientras el combate todavía estaba en curso.

También, las fuerzas de la OTAN en Bosnia han sido incapaces (o no deseosas) de capturar a los criminales de guerra servio-bosnios Radovan Karadzic y Ratko Mladic. Similarmente, las fuerzas estadounidenses han tenido dificultad para capturar o matar a Abu Musab al-Zarqawi, el líder de las fuerzas de al Qaeda en Irak.

Lo único que puede decirse de los acuerdos de Dayton es que los mismos han detenido por un tiempo los combates en Bosnia. El establishment de la política exterior estadounidense, sin embargo, ha atribuido esta calma en la matanza a los militares de los EE.UU. y a la presión política, así como también a la presencia de los mantenedores de la paz de la OTAN durante los 10 años siguientes. Realmente, ello probablemente tenga más que ver con la descentralización del gobierno en este estado multiétnico. Los acuerdos de Dayton crearon mini estados serbios y musulmanes-croatas y un débil gobierno nacional. El columnista Jackson Diehl, un intervencionista, menosprecia dicha descentralización al llamarla un “plan profundamente defectuoso en favor del federalismo.” Se lamenta de la presidencia de tres miembros, la cual rota entre los serbios, los croatas y los musulmanes, así como también de la existencia de 14 ministerios de educación y 15 agencias policiales.

No obstante, en virtud de que el gobierno central es débil, los diferentes grupos étnicos tienen menos temor de que un grupo—tal como los serbios en la ex Yugoslavia—pudiera obtener el control de los estamentos del poder y oprimir o asesinar a los demás grupos. A pesar de que Bosnia tiene una paz incomoda, esta descentralización probablemente inhibe al menos de alguna manera el regreso a la guerra civil.

Pero la lección que los intervencionistas toman de la experiencia bosnia es que la diplomacia intensiva por parte de una coalición occidental unificada, los suficientes efectivos en el terreno (Bosnia tuvo inicialmente más de dos veces el número de tropas extranjeras per capita que la estacionadas en Irak), y la resistencia a la tentación de retirarlas pueden alcanzar el éxito en la edificación de un fuerte gobierno multiétnico nacional.

En cambio, la verdadera lección de Bosnia es que la creación de un pacifico estado multiétnico con un fuerte gobierno central es un espejismo peligroso. El hecho de mantener unido a un estado artificial con divisiones étnicas o religiosas empleando el poderío militar extranjero es improbable que sea exitoso en alguna parte. La descentralización tanto en Bosnia como en Irak es la única esperanza para la paz y la prosperidad. Los grupos étnicos o religiosos en ninguno de estos países desean en verdad vivir juntos. En ambos países, los Estados Unidos deberían frenar sus riesgosos intentos de crear un fuerte gobierno nacional y permitir una genuina autodeterminación. En Irak, esto podría tomar la forma de una confederación libre o de una partición, con una coparticipación de los ingresos petrolíferos o de los campos petrolíferos a fin de atraer la participación sunnita.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




  • MyGovCost.org
  • FDAReview.org
  • OnPower.org
  • elindependent.org