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La globalización es buena, pero los líderes africanos fallan en comprenderla
7/11/2005
Franklin Cudjoe

El Presidente tanzano Benjamin Mkapa abandonará el cargo esta semana en cumplimiento de los limites constitucionales a su mandato. Será el tercer líder africano en épocas recientes que deja su puesto honorablemente tras la partida de Nelson Mandela de Sudáfrica y Jerry Rawlings de mi país, Ghana.

Al mismo tiempo que Mkapa traspasa el poder tal como lo exige la ley, está urgiendo a sus colegas a que descarten el sistema político y advirtiéndole a otros líderes africanos que sean cautelosos del presente y competitivo orden político y económico global en razón de que la globalización amenaza con “explotar, denigrar, y humillar a Africa.” Pero uno debería preguntarse sí en verdad los problemas del Africa son causados por la globalización.

Este mensaje particularmente huele a un retorno a la retórica previa a la independencia que hizo de la creación de reinos políticos una prioridad mayor que la del desarrollo y que alimentó la abrumadora exhortación de varios líderes a permanecer en el poder mucho después de que los colonialistas se habían marchado. No sorprende que el Presidente Yoweri Museveni de Uganda haya roto astutamente todas las ataduras con la constitución de su país desde que se las arregló para concederse un tercer mandato de facto.

Estas ideas son tan peligrosas hoy día como lo han sido siempre. En un momento en el que continente se esfuerza por liberarse de los poderes expansivos de los gobiernos postcoloniales y de la politización de la sociedad provocada por ellos, la verdadera necesidad actual es la libertad económica. Por desgracia, la situación económica es tan mala en varios países africanos que los jóvenes están escapando de sus propios gobiernos, emprendiendo un largo y difícil viaje a través del vasto y peligroso desierto del Sahara y luchando contra alambres de púas fuertemente custodiados en busca de mejores oportunidades en Europa. Desdichadamente, muchos mueren en esta peregrinación de libertad.

Los países africanos incrementaron enormemente sus exportaciones a los Estados Unidos en 2004, generando ingresos de más de $26 mil millones ese año. Jeans confeccionados en Lesotho son vendidos en las tiendas estadounidenses. Flores de Kenya y vegetales de Senegal se encuentran regularmente disponibles en negocios europeos. El uso de teléfonos móviles y de Internet está creciendo en Africa más rápido que en cualquier otra parte del mundo, según las Naciones Unidas.

Difícilmente se pueda culpar a la globalización por el hecho de que solamente el 10 por ciento del comercio de Africa tenga lugar entre los propios países africanos. Con 750 millones de habitantes que viven en el continente, el potencial para la expansión del comercio debe ser enorme. Muy poco comercio ha sido permitido en este que es el más pobre de los continentes y donde los aranceles llegan tan alto como casi al 50 por ciento, y asaltantes de caminos vestidos como funcionarios aduaneros bloquean el libre intercambio.

¿Qué es lo que motiva a Nigeria, que se autodenomina el gigante de Africa, a prohibir la importación de noventa y seis productos distintos de Ghana cuando ambos países poseen acceso libre de impuestos y libre de cupos a los mercados estadounidenses para 6.500 de sus productos? ¿De qué clase de globalización Benjamin Mkapa desea que los africanos tengan cuidado?

Pero occidente es también culpable aquí en la medida en que existen pocos incentivos para alentar al comercio debido a que la ayuda exterior es apilada sobre los dirigentes que realizan estas políticas económicas.

Es ampliamente conocido que un niño africano muere de hambre y de desnutrición cada tres segundos mientras que en el mismo periodo los líderes africanos le roban a sus pueblos $14.000 y lo colocan en cuentas bancarias del exterior. En palabras de Milovan Djilas, derrochan la riqueza de la nación como si le perteneciera a otro y le echan mano como si fuera propia.

¿No es extraño que exactamente dos semanas después de que el G8 acordara cancelar el 80 por ciento de la deuda de mi país, todos nuestros parlamentarios, que ganan $300 por mes, estén por recibir $25.000 cada uno en concepto de prestamos gratuitos para adquirir un automóvil y $60 diarios como renta? Los llamo créditos para el automotor gratuitos pues cinco años atrás, cada uno de ellos recibió $20.000 pero aún tienen que devolverlos.

Resulta insultante que la factura por este comportamiento malgastador le sea pasada a los pobres faltos de respeto mientras luchan para poder pagar un impuesto del 40 por ciento sobre el combustible que es utilizado en parte para apoyar, entre otras cosas, a entidades gubernamentales que consumen casi un tercio del combustible del país.

Uno hubiese pensado que los dirigentes africanos estarían mejor aconsejados para emplear los recursos en la construcción de la infraestructura que posibilite incrementar el volumen del comercio dentro del continente y de esa manera mejorar la actividad económica. Pero los hombres del Presidente Benjamin Mkapa se encuentran demasiado ocupados cosechando allí donde no han sembrado.

Usted podría preguntarse por qué aquellos en Níger pasan hambre cuando Nigeria, su vecino próximo, posee abundantes alimentos. ¿Y cómo es que Zimbabwe, un país que solía ser la canasta de comida del sur de Africa, tiene en la actualidad miles de ciudadanos hambrientos? ¿Sabe el Presidente Benjamin Mkapa que los agricultores africanos utilizan menos de una veinteava de fertilizantes que aquellos en occidente debido en parte a los impuestos a las importaciones y al papeleo burocrático que hace que los fertilizantes sean ocho veces más caros que en Europa? Por estos mismos motivos, los africanos comunes pagan diez veces más por un viaje en avión que aquellos en otros continentes.

Cada africano común enfrenta innumerables cuellos de botella creados gubernamentalmente en cualquier emprendimiento que intenten. A medida que el gobierno se ha convertido en el empleador mayoritario en estos países, la gama de oportunidades laborales ha sido reducida y el endeudamiento público gubernamental sin límites ha impedido el acceso al capital por parte del sector privado.

Incluso el Banco Mundial, una de las pocas organizaciones que quedan que aún distribuye dinero gratis a los gobiernos, confirma ahora que de los veinte países en el mundo en los cuales es más difícil hacer negocios, diecisiete son africanos.

El capital es un pájaro cobarde. Vuela hacia lugares seguros en los cuales espera ganar mejores dividendos. El 40 por ciento de la inversión privada de Africa tiene lugar fuera del continente, mientras que solamente el 3 por ciento de la inversión de Asia es colocada en el exterior.

Si es que hay alguna esperanza para la prosperidad en Africa en el largo plazo, se les debe brindar a los africanos la previsibilidad que trae aparejada el estado de derecho, la protección de la propiedad privada y los mercados libres, y la administración descentralizada de los recursos. Esto aprovechará el conocimiento local junto con la creatividad, la diligencia, y el ahorro que es natural en los africanos.

Traducido por Gabriel Gasave


Franklin Cudjoe es titular del centro de pensamiento Imani: The Center for Humane Education que tiene su sede en Accra, Ghana, y Asociado Adjunto en The Independent Institute.



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