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Bush nombra un nuevo Presidente de la Reserva Federal—¿Pero en verdad necesitamos a la Fed?
26/10/2005
Benjamin W. Powell

George Bush ha nominado a Ben Bernanke, Presidente de la Junta de Consejeros Económicos de la Casa Blanca, como el sucesor de Alan Greenspan para encabezar a la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal. Esta es sin dudas la designación más importante de Bush. De ser confirmado, las políticas de Bernanke tendrán un impacto primordial, no tan solo sobre nuestra economía, sino también sobre la economía del resto del mundo. Incluso meras palabras del Presidente de la Fed, tales como “exuberancia irracional,” tienen la capacidad de hacer bajar o subir a los mercados. Una considerable cobertura noticiosa se le dedica a las comparaciones entre Greenspan y Bernanke en virtud del poder de ese cargo. Sin embargo, deberíamos también aprovechar esta oportunidad para formularnos interrogantes más fundamentales acerca de nuestras instituciones monetarias.

La mayoría de las comparaciones se centran en si Bernanke seguirá o no objetivos inflacionarios o si tomará un enfoque más discrecional de la política monetaria tal como lo hizo Greenspan. A pesar de que estas preguntas son interesantes, la cuestión más importante es la de si una economía que depende tanto de las decisiones de un hombre puede permanecer estable en el largo plazo.

Durante casi treinta y cinco años hemos estado en una nueva era monetaria. Desde que el Presidente Nixon “cerró la ventana del oro,” ninguna de las monedas más importantes comercializadas en el mundo han estado respaldadas por un “commodity”. El actual sistema monetario mundial carece de precedentes históricos. El valor que usted le atribuye a un billete de dólar, o a cualquier otra moneda, es creado por sus expectativas de cuánto los demás le proporcionarán a cambio del mismo. Las expectativas pueden ser muy variables, por lo cual hay tanta preocupación respecto de la habilidad de un presidente de la Fed para infundir confianza.

Pese a que muchos dan por sentado al sistema monetario existente, otros arreglos que no descansan en algo tan inestable como las expectativas nos han sido útiles en el pasado y pueden serlo nuevamente en el futuro. Desde el momento en que este país fue fundado y hasta que la Reserva Federal fue creada en el año 1913, los Estados Unidos funcionaron bajo el patrón oro y sin un banco central. El patrón oro nos sirvió bien. A pesar de las guerras y de los descubrimientos de oro, el nivel general de precios de los bienes era aproximadamente el mismo en 1900 que el que había sido en 1800.

No puede decirse lo mismo desde la creación de la Fed. El nivel de precios en la actualidad es casi veinte veces más alto que el que existía cuando la Fed fue creada en 1913. Parte del incremento tuvo lugar mientras aún teníamos algunos lazos con el oro y gran parte aconteció después que todos los vínculos con el oro fueron rotos. En verdad, incluso bajo el ampliamente aclamado mandato de Greenspan, el nivel de precios se ha incrementado un 71 por ciento.

El patrón oro clásico internacional no fue descartado en razón de que el mismo fracasó. El mismo se encontraba considerablemente auto-regulado y nunca dependió de un único presidente que lo mantuviese estable. Fue abandonado porque le ponía limites a la capacidad de los gobiernos para gastar e inflar la cantidad de moneda. El financiamiento de la Primera Guerra mundial provocó que la mayoría de los principales países abandonaran el patrón oro. Después de la guerra, el mismo nunca fue plenamente readoptado.

Antes de involucrarse en la política, el propio Alan Greenspan reconocía la importancia de un patrón oro. En los años 60 escribió, “El oro y la libertad económica son inseparables, el patrón oro es un instrumento del laissez-faire y cada uno implica al y requiere del otro.”

No obstante el éxito del patrón oro, es improbable que sea reintroducido muy pronto por el gobierno estadounidense. Sin embargo, otros arreglos monetarios son aún posibles. A medida que la tecnología evoluciona, formas privadas de dinero pueden desplazar a la importancia del dinero gubernamental. Peter Theil, cofundador de Paypal, sostuvo que en el año 2000 su compañía pensaba que, “vamos a reemplazar a todo el dinero gubernamental del mundo.” Pese a que Paypal es un sistema alternativo de pago, no es un verdadero dinero alternativo dado que el mismo está denominado en monedas nacionales. Si otras empresas, las que denominan cuentas en “commodities” tales como el oro, como la firma E-gold, crecieran como Paypal, la tecnología puede entonces ofrecer alternativas al dinero gubernamental.

El Premio Nobel, F.A. Hayek, sostenía en su monografía de 1976, The Denationalization of Money, que debería permitírsele a las empresas privadas competir con el dinero gubernamental y que esa competencia proporcionaría una moneda más estable y sana. Con la globalización, el cambio tecnológico, y empresas como Paypal y E-gold eventualmente podemos llegar a allí. Mientras tanto, a medida que la Fed cambia personalidades, es importante tener en mente que nuestro sistema monetario moderno, basado enteramente en las expectativas, ha existido durante solamente un breve tiempo y que su estabilidad debería ser cuidadosamente monitoreada.

Traducido por Gabriel Gasave


Benjamin Powell, es Investigador Asociado en The Independent Institute, un centro de estudios sobre políticas públicas con sede en Oakland, California y Profesor de Economía en la Suffolk University.



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