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Evidencia de que los EE.UU. podrían estar perdiendo la Guerra Global contra el Terror
25/4/2005
Ivan Eland

La administración Bush está intentando eliminar información clave que demuestra que su Guerra Global contra el Terrorismo (o GWOT como los burócratas del gobierno la han apodado en inglés) probablemente sea contraproducente. Según Larry Johnson, un ex analista de la CIA y experto en terrorismo del Departamento de Estado, quien todavía cuenta con varias fuentes dentro de la comunidad de la inteligencia, la oficina de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice está suprimiendo información que evidencia que el número de ataques terroristas importantes en todo el mundo estalló de 175 en el año 2003 a 625 en 2004, el número más alto desde que la Guerra Fría comenzara a declinar en 1985. Los funcionarios estadounidenses afirmaron que cuando los analistas del Centro Nacional de Contraterrorismo rechazaron la invitación de la oficina de la secretaria para emplear una metodología que reduciría el número de ataques terroristas, su oficina terminó con la publicación del informe anual del Departamento de Estado “Los Patrones del Terrorismo Global.”

Sin importar que otra cosa haga George W. Bush en su cargo, los historiadores definirán primariamente a su presidencia por su GWOT, iniciada después de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Sin embargo la administración Bush está intentando esconder información importante que muy bien podría conducir a los historiadores y al público estadounidense a concluir que la GWOT ha sido desastrosa para la seguridad tanto estadounidense como global.

En las postrimerías del 11/09, en lugar de concentrarse en una vigorosa y eficaz guerra encubierta contra los perpetradores de los ataques—al Qaeda—la administración manipuló a la opinión pública para lanzar la enormemente publicitada y excesiva GWOT contra cada grupo “terrorista” en el planeta, ya sea que los mismos hubiesen atacado o no a los Estados Unidos. (La definición de un grupo “terrorista” pareció ser la de cualquier entidad armada no-gubernamental que no estuviese de acuerdo con las políticas de los Estados Unidos.) Por ejemplo, bajo la fachada de combatir al grupo Abu Sayef, el gobierno estadounidense usó a los ataques del 11/09 para renovar sus moribundas relaciones de seguridad con el gobierno filipino. El diminuto grupo no era una amenaza para el gobierno filipino y ciertamente tampoco para la superpotencia estadounidense.

Para empeorar las cosas, como parte de la GWOT, la administración luego cínicamente fabricó un vínculo operativo entre dos improbables aliados—al Qaeda y Saddam Hussein—como una excusa para saldar viejas cuentas con Saddam. Cuatro años más tarde, debido a la distracción de la administración, la peligrosa conducción de al Qaeda en general subsiste. En verdad, quizás la invasión de Irak fue pensada, en parte, para distraer al público estadounidense del fracaso de la administración en neutralizar a la peor amenaza para los Estados Unidos continentales desde que los británicos invadieran durante la Guerra de 1812.

Además de distraer de la importante tarea de neutralizar calladamente a al Qaeda, la invasión de Irak ha matado innecesariamente entre 26.000 y 108.000 efectivos estadounidenses y aliados, fuerzas estadounidenses contratadas, soldados iraquíes, y civiles iraquíes y sobre-estirado a las fuerza armadas de los EE.UU. en un al parecer interminable atolladero al estilo del de Vietnam.

Los críticos han sostenido que el hecho de invadir y de ocupar a Irak—un país musulmán—inflamaría una Jihad Islámica radical contra los Estados Unidos, similar a la que afligiera a otra nación “infiel”—la Unión Soviética—cuando la misma invadió y ocupó al islámico Afganistán en 1979. Ya existe evidencia—en la forma de la firma de los ataques con bombas suicidas—de que jihadistas extranjeros desde todo el mundo han marchado hacia Irak para combatir a los Estados Unidos, en gran medida tal como brotaron en el Afganistán ocupado por los soviéticos durante la década de 1980.

La administración Bush ha sostenido siempre que la concurrencia de los jihadistas en Irak es en verdad algo bueno porque así será mejor para los Estados Unidos si se los combate allí, en lugar de en territorio estadounidense. El presidente ha llamado a Irak el “frente central” en la GWOT. Cuando combaten contra naciones–estados, la aproximación usual de los militares de mantener al adversario tan lejos del territorio propio como sea posible tiene sentido. A diferencia de los grandes ejércitos enemigos, sin embargo, los pequeños y ágiles grupos terroristas pueden furtivamente infiltrar todas las capas de la defensa y salir a la superficie en territorio de los EE.UU.. Por lo tanto, perfectamente podemos llegar a tener que enfrentarlos tanto en Irak como en el país. También, la lógica del “combatirlos allá de modo tal que no tengamos que enfrentarlos aquí” asume que el número de terroristas es constante. Los críticos han alegado que la invasión de Irak ha abultado las filas de terroristas al convertir en activos guerreros a muchos más islamistas fundamentalistas. La administración Bush está ahora suprimiendo la información gubernamental que da fe de tal afirmación.

Desde que la guerra de Irak empeoró, la corriente mayoritaria de los medios estadounidenses se siente segura de exhibir de manera prominente algunos de los hechos desagradables vinculados con el conflicto—por ejemplo, las alegaciones de que la administración Bush presionó a las agencias de inteligencia a fin de que exageraran los esfuerzos de Irak por adquirir armas de destrucción masiva. No obstante, el efecto abrasador del 11/09 aún hace que la prensa soslaye criticar la similar presión de la administración sobre los analistas de inteligencia para esconder el aparente fracaso de la GWOT.

Tal temor de los medios es una reminiscencia de su comportamiento previo a la invasión de Irak, cuando no era político cuestionar la marcha de la administración hacia la guerra. Los medios confinaron a sus páginas internas a un informe desclasificado de la CIA que indicaba que era improbable que Saddam Hussein emplease algún arma de destrucción masiva contra los Estados Unidos o que se las entregase a los terroristas, a menos que fuera puesto contra la pared durante una invasión estadounidense. Aparentemente, la destrucción por parte de la agencia de inteligencia líder de la nación de la principal justificación para la desaconsejada y agresiva política de su jefe, no era una noticia de primera plana. Alas, lo mismo esta ahora ocurriendo con la información que indica que la grandiosa GWOT de la administración puede ser perfectamente contraproducente.

Si los medios noticiosos de los Estados Unidos no fuesen tan tímidos acerca de cubrir tales hechos explosivos, quizás el público estadounidense le diría simplemente “no” a las políticas gubernamentales que hacen peligrar al estadounidense y a otros pueblos del mundo.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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