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Libre comercio vs. seguridad nacional: ¿Hay realmente una contradicción entre ambos?
21/3/2005
Ivan Eland

Las administraciones republicanas intentan siempre vender la idea del mercado libre, pero cuando la misma colisiona con los intereses percibidos como atinentes a la seguridad nacional estatal—de la cual ellos son tan amantes—el mercado libre sale perdidoso.

El ejemplo más reciente es la amenaza de la administración Bush contra un gasoducto de gas natural licuado que correría desde Irán, a través de Pakistán, hasta la India. La administración desea tomar medidas punitivas sobre cualquier cosa que pudiese beneficiar a Irán—una nación miembro del “eje del mal” del Presidente Bush. Una administración menos jingoísta y más esclarecida advertiría que mediante el libre comercio entre los grupos rivales en esta región, este gasoducto ayudaría a los países pobres a desarrollarse económicamente, al mismo tiempo que reduciría la probabilidad de un conflicto y mejoraría en el proceso a la seguridad de los Estados Unidos.

El sur de Asia, la ruta propuesta para el gasoducto, probablemente sea la región más peligrosa del mundo. En los años recientes, los archí rivales India y Pakistán han realizado ambos pruebas de armas nucleares y han estado cerca de una guerra nuclear. Pakistán apoya a los guerrilleros en la disputada región hindú de Kashmira, un potencial punto álgido para la escalada nuclear.

Pese a que la India desea primariamente al denominado “gasoducto de la paz” para transportar la energía precisada con urgencia por una economía que crece rápidamente, parecería que el rol del gasoducto en mejorar las relaciones con Pakistán fuese el principal beneficio secundario. Los vínculos económicos entre potenciales adversarios pueden crear presiones en favor de la paz en esos países debido a la gran cantidad de dinero que puede llegar a perderse si estallase la guerra. De esta manera, el comercio podría reducir en gran medida las probabilidades del conflicto bélico—en este caso, una guerra nuclear indo-pakistaní con implicancias globales dramáticas.

El comercio internacional puede también abrir a los regímenes despóticos a las ideas occidentales, incluidas aquellas de la libertad y de los derechos humanos. Esto sin embargo, acontece lentamente a lo largo del tiempo, y la administración Bush tiene poca paciencia para esa clase de aproximación. En verdad, la administración desea resultados más rápidos mediante la coerción—tanto económica como militar. Los Estados Unidos desde hace ya largo tiempo han restringido el comercio con Irán y se encuentra aparentemente ultimando los planes para atacar a ese país. De acuerdo con el reportero de investigación Seymour Hersh, la planificación de la administración para un ataque contra Irán se encuentra en las etapas avanzadas y ha incluido a misiones de las Fuerzas Especiales estadounidenses en territorio iraní a efectos de identificar objetivos claves.

Ciertamente, Irán posee un régimen autocrático que ha cometido abusos de los derechos humanos, es probable que tenga un programa secreto para desarrollar armas nucleares, y ha patrocinado ataques terroristas. Pero el régimen es tan solo una amenaza limitada para la seguridad de los EE.UU.. Recientemente, el patrocinio de Irán de ataques terroristas ha sido contra Israel, no contra los Estados Unidos. Además, incluso si tuviese lugar el peor de los escenarios—que Irán obtenga unas pocas armas nucleares—el arsenal estadounidense de miles de ojivas nucleares disuadiría muy probablemente a un ataque nuclear iraní contra los Estados Unidos (es decir, sí Irán llegase a producir alguna vez un misil que pudiese transportar la carga nuclear necesaria hasta distancias tan grandes.) El arsenal estadounidense disuadió a la radical china maoísta de lanzar un ataque nuclear contra los Estados Unidos después de que los chinos obtuvieran armas atómicas en los años ‘60.

El objetivo primario de incluso los regímenes ideológicamente entusiastas es el de la auto-preservación; el conseguir que sus países resulten incinerados es contraproducente a efectos de difundir su ideología.

Cualquier ataque militar diseñado para tener como blanco a las instalaciones nucleares iraníes es improbable que logre destruirlas a todas—debido a que la inteligencia de los EE.UU. sobre dichas instalaciones es limitada—y es posible que haga regresar a los brazos del patotero régimen a una población iraní pro-occidental.

La coerción económica contra Irán es probable que tenga también un resultado contraproducente. Cuarenta y cinco años de sanciones contra el régimen de Fidel Castro en Cuba le han meramente permitido aglutinar a la población cubana contra el “opresor yanqui.” Aún en contra de lo que se pudiese pensar, el permitir el libre comercio tanto con Irán como con Cuba le hubiese posibilitado de manera gradual a los productos, servicios e ideas occidentales menoscabar a las opresivas ideologías de ambos gobiernos.

Pero las implicancias de la coerción económica estadounidense contra el gasoducto son mucho más amplias que sus efectos sobre Irán. A fin de evitar que el gasoducto de gas natural iraní-pakistaní-hindú sea construido, la administración Bush está amenazando a la India con la Ley de Sanciones a Irán y Libia, la cual faculta al presidente para castigar a cualquier empresa que invierta más de $20 millones al año en el sector energético de Irán. Esta sanción es denominada una medida extraterritorial, porque la misma no solamente penaliza a la nación blanco de la medida, sino a también a terceras naciones y empresas que tienen relaciones comerciales con esa nación. Dichas medidas son especialmente perniciosas para el sistema comercial internacional.

El rechazo de la administración Bush a observar a la totalidad de la situación y a percatarse de que el libre comercio es también la mejor política de seguridad nacional es extraño y problemático.

La administración se ha dado cuenta del peligro que representa para el mundo una guerra nuclear en el sur de Asia y ha apoyado el proceso de paz indo-pakistaní. Simultáneamente, sin embargo, se encuentra también intentando bloquear al gasoducto de la paz, el cual fomentaría la cooperación económica entre los dos enconados adversarios, a fin de emprender una nimia vendetta contra un régimen iraní que plantea tan solo una limitada amenaza a la seguridad estadounidense. Se precisa de un pensamiento más claro respecto de la seguridad de los Estados Unidos.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.



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