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La ONU es el foro equivocado para los Derechos de las Mujeres
2/3/2005
Wendy McElroy

Las sombras de los niños supuestamente violados por aquellos miembros de las Naciones Unidas encargados de mantener la paz en el Congo y las mujeres supuestamente abusadas por un alto funcionario de la ONU atraviesan la Sesión 49 de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer.

Desde el lunes pasado y hasta el 11 de marzo, la ONU se reunirá en la Ciudad de Nueva York para revisar el progreso a escala mundial del “acuerdo de los derechos humanos de las mujeres” conocido como la Plataforma de Acción de Beijing de 1995.

Asistirán más de 6.000 defensores de los derechos de las mujeres.

¿Cómo puede una mujer que se respete a sí misma, para no mencionar a una feminista, darle legitimidad a la ONU con su presencia? La Comisión debería ponerse al frente de aquellos que reclaman justicia y la responsabilidad de la ONU. En su lugar, la Comisión casi con seguridad solicitará que se expandan las facultades y el financiamiento de la ONU.

La furia estará en cambio dirigida contra el Presidente Bush, quien ha generado ya una controversia previa al encuentro. El día jueves, la administración Bush subrayó su negativa a renovar un compromiso incondicional con la Plataforma de Acción de Beijing, una declaración de los derechos de las mujeres promovida por los Clinton, a la cual muchos consideran como una agenda global del feminismo radical.

Bush se encuentra reacio al respecto, en virtud de que la declaración es vista como que legitima al aborto como un “derecho humano.” Dados los difundidos informes de que la ONU fue cómplice de la política de abortos forzados de China, la cautela de la administración respecto de cómo será interpretada e implementada la Plataforma se encuentra justificada.

Pero si el aborto está en el centro del escenario, aún persiste un interrogante más fundamental: ¿Sobre la base de qué estándar moral es la ONU un escenario adecuado sobre el cual negociar los derechos de las mujeres? ¿Cuánta sangre y corrupción deben ser regadas antes de que la autoridad moral de la ONU desaparezca?

Su credibilidad sobre los derechos humanos se ha roto sin ser enmendada por el escándalo del petróleo-por-alimentos el que, como lo destacara una serie de informes de FOX News, “culminó con un Saddam Hussein llenándose los bolsillos con miles de millones (billones en inglés) para convertirse en la mayor máquina generadora de sobornos ” de la historia.

Su integridad sobre los derechos de las mujeres fue destruida en 2001 por la oleada del tráfico de prostitutas menores de edad en Bosnia. El tráfico no solamente fue generado por el arribo de decenas de miles de efectivos varones como personal de la ONU, quienes buscaban prostitutas, sino también por la participación tras bambalinas por parte de personal de la Organización.

La mujer miembro del staff que denunció los hechos fue despedida, para ser exonerada más tarde en la medida que la evidencia fue desplegada.

Los años transcurridos no han mejorado el antecedente de la ONU.

Aproximadamente 50 miembros del personal de la ONU enfrentan en la actualidad unas 150 acusaciones de abuso sexual en la República Democrática del Congo, la mayoría de las cuales involucran a niños. La situación ha sido rotulada “el escándalo del sexo-por-alimentos” debido a que los niños intercambiaban sexo por el puñado de alimentos que necesitaban para vivir.

Informes desde el Congo salieron a la luz el pasado año. En diciembre, un artículo del London Times destacaba, “Cuando llegó la policía, el hombre estaba próximo a supuestamente violar a una niña de 12 años de edad.”

El violador serial y pedófilo acusado era un experto de la ONU en el esfuerzo de $700 millones al año para reconstruir a la nación asolada por la guerra. Anneke Van Woudenberg de la organización Human Rights Watch, destaca, “La ONU se encuentra allí para su protección, de modo tal que cuando los protectores se vuelven los violadores, esto resulta particularmente atroz.”

La ONU tiende a obstaculizar tales acusaciones a pesar de su política de “tolerancia cero” hacia el abuso sexual. Cuando el programa televisivo ABC’s 20/20 confrontó a William Swing, jefe de la misión de mantenimiento de la paz de la ONU en el Congo, él le endilgó el problema a un pequeño número de infieles. Enfatizó las medidas correctivas tomadas—tales como el toque de queda y las prohibiciones en contra de la fraternización con prostitutas.

Sin embargo, las cámaras de ABC atraparon a un grupo de mantenedores de la paz con prostitutas en un bar después del toque de queda. Cuando Swing comentó, “Tal vez mi administración senior... no se percataba de ello,” ABC puntualizó que varias personas en el bar pertenecían al plantel senior de la administración.

El periodista investigador David Ross explica que el abuso es un derivado de la inmunidad ante la ley de la que de facto disfruta el personal de la ONU. Escribe Ross, “Las tropas de mantenimiento de la paz provienen de estados miembros de la ONU y solamente son responsables ante sus propios gobiernos. Los empleados civiles de la ONU gozan de inmunidad respecto del enjuiciamiento local y a resultas de ello tienden a no enfrentar cargos en los países donde se encuentran estacionados.”

Quizás esto explique porqué los informes de investigación sugieren en la actualidad que el abuso sexual por parte de los “mantenedores de la paz” de la ONU acontece en todo el mundo.

Esta podría ser una buena noticia. Si existe un “incentivo” estructural para abusar, entonces el abuso podría ser minimizado mediante el cambio de la estructura. Pero la reforma exige algo a lo que la ONU pareciera estar determinada a evitar: el asumir responsabilidad.

Considérese el escándalo de Lubbers que aconteciera a comienzos de este mes.

Ruud Lubbers, el Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU, fue acusado de “contacto físico no deseado” con una mujer miembro del staff en diciembre del año 2003. El escándalo emergió solamente después de que The Independent, un periódico del Reino Unido, publicara detalles de un informe confidencial de julio de 2004 producido por la Oficina de Servicios de Supervisión Interna de la ONU, el cual apuntaba a un patrón de acoso sexual.

Hasta entonces, el Secretario General Koffi Annan había declinado actuar.

La revelación del The Independent fue publicada el 18 de febrero; el 20 de febrero, Lubbers renunció ante el pedido de Annan.

La ONU no se encuentra ya más abocándose al escándalo del sexo-por-alimentos. En respuesta a un comentario arrollador de Michelle Malkin intitulado “U.N.’s Rape of the Innocents” (“La Violación de Inocentes de la ONU”), Jane Holl Lute, Asistente de la Secretaría General para las Operaciones de Mantenimiento de la Paz, repitió la respuesta estándar. Una política de tolerancia cero está siendo aplicada.

Además, ella calificó a Malkin de “negligente” por no informar respecto de las medidas correctivas de la ONU.

Esta no es una agencia que asume la responsabilidad.

Lo cual nos lleva nuevamente al interrogante de ¿por qué las feministas están fingiendo que el de la ONU es un escenario adecuado para discutir sobre los derechos de las mujeres? Ninguna mujer que se respete atravesaría sus puertas.

Traducido por Gabriel Gasave


Wendy McElroy es Investigadora Asociada en The Independent Institute y directora de los libros del Instituto, Freedom, Feminism and the State y Liberty for Women: Freedom and Feminism in the Twenty-first Century.



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