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La legislación sobre la violencia domestica fomenta el gobierno grande
12/1/2005
Wendy McElroy

La Ley de la Violencia Contra las Mujeres (VAWA son sus siglas en inglés), un legado de la administración Clinton basado en mitos sobre el genero, prejuicios anti masculinos y un enamoramiento con el Gobierno Grande, expira este año.

Un nuevo pedido de apropiación por más de $360 millones de dólares sacudirá pronto al Congreso, pero la oportunidad en favor de una sanidad en materia de género se aproxima. La respuesta para renovar a la VAWA debería ser la de un resonante “NO!”

¿Qué es la Ley de la Violencia Contra las Mujeres? En 1994, el Congreso sancionó la ley como parte de una Ley Ómnibus contra el Crimen. La VAWA enfrentó entre sí a los sexos al concentrarse en “los crímenes violentos motivados por el genero”; las víctimas fueron definidas como mujeres y solamente a ellas les fueron ofrecidos los masivos beneficios financiados mediante impuestos.

La VAWA institucionalizó la creencia política de que las mujeres, como una clase, deben recibir una protección especial de los hombres, así como también privilegios de parte del gobierno.

La violencia doméstica fue un foco específico. Cuando los varones victimas protestaron por su exclusión, los defensores de la VAWA desecharon sus reclamos por ser estadísticamente insignificantes. Hoy día, un impresionante cuerpo de investigación muestra que los hombres constituyen entre el 36 y el 50 por ciento de las víctimas de la violencia doméstica. (La situación es similar en los casos de violación. Las mujeres son las víctimas si usted solamente excluye a las prisiones, donde lo que prevalece es la violación de los hombres.)

Pero la VAWA es más que un intento por establecer a las mujeres como una clase protegida a expensas de los hombres. Si este fuese su único defecto, entonces incluir a los hombres bajo su paraguas hubiese resuelto la injusticia de la Ley.

La Ley procura crear nuevas actitudes respecto del género a través de la ingeniería social de la sociedad. El ejemplo más agresivo fue también el mayor fracaso hasta el momento de la VAWA: a saber, su intento de modificar al sistema judicial a efectos de beneficiar a las mujeres.

Una sección clave de la VAWA de 94 le permitía a una víctima de “violación” demandar a su supuesto atacante por daños resarcitorios y punitivos en los tribunales civiles federales sobre la base de que se habían violado sus derechos civiles. La demanda federal no reemplazaba al castigo penal en el ámbito estadual; sino que era un complemento del mismo.

En 1995, Christy Brzonkala interpuso una demanda federal en virtud de una supuesta violación acaecida en el Virginia Polytechnic Institute. Los dos hombres acusados habían sido declarados inocentes tanto por parte de un comité judicial universitario como por un gran jurado penal. Bajo la VAWA, sin embargo, Brzonkala podía llevar adelante una causa que no era admitida por ante un tribunal penal.

Las corte Suprema de los Estados Unidos consideró que los remedios de los derechos civiles y del acceso a los tribunales federales de la VAWA eran inconstitucionales.

La VAWA 2000 fue re escrita para excluir los aspectos inconstitucionales y para ampliar el alcance de la Ley a áreas tales como el “Fortalecimiento de la Educación y la Capacitación a fin de Combatir a la Violencia Contra las Mujeres.”

En síntesis, para cambiar las actitudes de la sociedad respecto del género mediante la educación y los programas de investigación y de entrenamiento. El prejuicio ideológico subyacente es ilustrado por la circunstancia de que, tras gastar millones de dólares en investigación sobre la violencia doméstica, los defensores de la VAWA parecieran no poder encontrar a varones entre las viítimas. O, si lo hicieron, la información no los induce a darle otro nombre a la Ley de la Violencia Contra las Mujeres.

El intento de la VAWA de educar a la sociedad para que adopte nuevas actitudes sobre el género, contribuyó a lo que algunos llaman “la industria de la violencia domestica.”

El periódico The Massachusetts News ofrece una visión de los programas en su estado. “Cada mes, el mismo [el movimiento por la seguridad de las mujeres]...engendra nuevos subprogramas, clínicas, refugios, institutos de investigación, centros de consejería, centros de visitas, campañas mediante afiches. El estado desembolsó alrededor de $24 millones en concepto de servicios para la violencia domestica el año pasado, pero ese ciertamente no es todo el dinero que se gastó... ”

La “seguridad” de las mujeres se ha convertido en una creciente industria financiada a través de los impuestos para los abogados, consultores, investigadores, consejeros, profesores y otros “expertos” quienes siempre parecen concluir que mayores fondos son necesarios.

Los partidarios de la VAWA proclaman que el financiamiento de la Ley es para refugios de la violencia doméstica, y resulta difícil argumentar en contra de ayudar a una mujer golpeada. No queda claro, no obstante, que el enfoque burocrático e “industrializado” de la violencia doméstica sea una manera eficaz de ayudar. Cada dólar gastado en los programas ideológicos es un dólar arrebatado de una victima. Además, la ideología enceguece a los defensores de la VAWA respecto de muchas victimas reales.

The Massachusetts News informa también que el estado posee 37 refugios para mujeres financiados con impuestos, pero ningún “refugio o servicio para los hombres,” a excepción de los homosexuales.

Las líneas de la batalla sobre la VAWA 2005 han sido trazadas. Un prominente website dedicado a los derechos de los hombres sostiene que “de acuerdo con fuentes internas, el Washington Post está próximo a lanzar su campaña publicitaria tendiente a renovar a la Ley de la Violencia Contra las Mujeres (VAWA.)”

La referenciada campaña se hizo evidente en la reciente y fuertemente criticada serie de primeras planas del Post sobre el asesinato de las mujeres embarazadas por parte de sus seres cercanos. El Post, un simpatizante de las VAWA anteriores, está acusado de tratar de infligirles temor a las mujeres y de sostener la imagen de la mujer como la de una víctima de la violencia doméstica.

La acusación recibió credibilidad de parte de la National Organization for Women, la cual se expidió favorablemente sobre la serie de trabajos del Post, destacando que los mismos, “en detalle irresistible exponen el alcance del crimen y de la violencia dirigida contra las mujeres embarazadas y las madres recientes en los EE.UU.. NOW y nuestros aliados les estarán prestando una especial atención a estas necesidades mientras la Ley de la violencia Contra las Mujeres se encuentre en proceso de reautorización.”

Desgraciadamente, muchos opositores a la VAWA se están concentrando en la inclusión de los hombres dentro de la normativa en vez de procurar su derogación. En el Congreso por los Derechos de los Hombres de 2004, el vocero Dave Burroughs recomendó “la reautorización...” y sostuvo que “debería ser titulada nuevamente como la Ley de la Violencia de las Parejas Intimas” mientras que el financiamiento debería “comprender el refugio y los servicios para todas las victimas de la violencia domestica sin importar su género...”

La VAWA es una fallida pieza fundamental para la ingeniería social. La respuesta adecuada no es la de “ˇYo También!” Es un simple “no,” seguido por la instancia de volver a repensar a todo nuestro tratamiento de temas tales como el de la violencia domestica.

Traducido por Gabriel Gasave


Wendy McElroy es Investigadora Asociada en The Independent Institute y directora de los libros del Instituto, Freedom, Feminism and the State y Liberty for Women: Freedom and Feminism in the Twenty-first Century.



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