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La aventura abolicionista
1/7/2003
Wendy McElroy

“Se ha determinado que el acuerdo que existe entre el Norte y el Sur es un convenio con la muerte y un pacto con el infierno—involucrando a ambas partes en una criminalidad atroz—, y debería ser anulado inmediatamente.”

Esta resolución, aprobada por la Massachusetts Anti-Slavery Society (Sociedad Anti-Esclavista de Massachussets), fue escrita por el abolicionista William Lloyd Garrison. El acuerdo al cual se refería era la Constitución de los Estados Unidos, la que fue llamada un pacto con el infierno debido a que—en su forma original—consagraba la esclavitud.

El abolicionismo era el ala radical del movimiento estadounidense contra la esclavitud. El mismo exigía la cesación inmediata de la esclavitud, considerando que todos los hombres son dueños de sí mismos. Es decir, cada ser humano tiene un derecho natural a su propia persona y propiedad, sobre el cual ninguna otra consideración moral o práctica prevalece. Este énfasis, junto con fuertes lazos con los cuáqueros, quienes le negaban al gobierno autoridad moral sobre los hombres, significó que el abolicionismo emergiera como un movimiento libertario.

Observada a la luz del debate interno, la conmoción social, la guerra, y las limitaciones políticas, la historia del abolicionismo proporciona tanto inspiración como aleccionadores relatos sobre el intento de reformar a la sociedad de una manera fundamental.

El Movimiento Estadounidense Contra la Esclavitud

Las colonias estadounidenses originarias carecían de una política consistente con relación al tratamiento de los esclavos. Algunas adoptaban el desabrido código de la cercana colonia británica de Barbados. Carolina del Sur, por ejemplo, no imponía ninguna sanción por pegarle a un esclavo hasta morir y definía a la violación de una esclava mujer como una transgresión contra su amo. En las colonias norteñas, donde los esclavos eran menos numerosos, las leyes tendían a ser más suaves.

Antes de la Revolución Estadounidense, poco sentimiento anti esclavista era expresado fuera de los círculos cuáqueros. En esa comunidad, opúsculos contra la esclavitud aparecieron tan pronto como en el Siglo 17 y los cuáqueros que poseían esclavos comenzaron a privarse a sí mismos de dicha “propiedad.” En 1773, Patrick Henry expresó lo que podría haber sido un sentimiento común entre los propietarios de esclavos no cuáqueros. Le escribió a un amigo:

Me dejo llevar por la inconveniencia general de vivir sin ellos. No lo haré, no puedo justificarlo. No obstante culpable mi conducta, yo pagué hasta ahora mi deber con la virtud, en cuanto poseer la excelencia y la rectitud de sus preceptos y lamentar mi propio deseo de conformidad para con ellos.

La Declaración de la Independencia, la cual era universal en su aplicación, sostenía:

Sostenemos estas Verdades como que son evidentes en sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que ellos se encuentran dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, que entre éstos se encuentran la Vida, la Libertad, y la Búsqueda de la Felicidad.

Sin embargo, la Constitución sobreviniente abrigó a la esclavitud en el tejido de los Estados Unidos. El Artículo I, Sección 2—al cual Garrison se oponía tan vigorosamente—indicaba:

Los representantes y los impuestos directos serán prorrateados entre los distintos Estados que puedan ser incluidos dentro de esta Unión, de conformidad con su respectivos Números, los cuales serán determinados agregando al Número total de Personas Libres, incluyendo a aquellos restringidos a servir por un término de Años, y excluyendo a los indios no gravados, tres-quintos del resto de las Personas.

La representación proporcionada por la esclavitud se convirtió en un baluarte del poder político para el Sur. Abandonar la esclavitud significaba ponerlo a merced de los intereses norteños, los cuales favorecían medidas tales como los aranceles que beneficiaban a las industrias del norte en desmedro del sur agrario.

Una serie de acontecimientos elevaron el conflicto. Los mismos incluían: la admisión de Kentucky como estado esclavista, lo que aumentó la representación del “esclavo” en el Senado; la Ley del Esclavo Fugitivo, que exigía a los estados “libres” retornar a los esclavos fugados a sus dueños; y la invención de la ginebra de algodón, la cual hizo a las plantaciones de algodón—y, así, pues, al trabajo esclavo—mucho más rentables.

Mientras tanto, el trabajo libre en el Sur enfrentaba dificultades para competir con el trabajo esclavo, provocando que muchos blancos emigraran. Un residente de Carolina del norte comentó:

De mis vecinos, amigos y parientes, casi la mitad han abandonado el Estado desde que tengo edad suficiente para recordar. Hace mucho tiempo me encontraba parado junto al vagón cargado de emigrantes y les daba la mano de despedida a aquellos cuyas caras nunca más volvería a ver. Se iban en busca de hogares en el Oeste libre, sabiendo, como lo sabían, que el trabajo libre y el esclavo no podían existir y prosperar en una misma comunidad.

A medida que las tensiones económicas, sociales y políticas alcanzaron un tono febril, una voz se distinguía como la conciencia moral contra la esclavitud.

William Lloyd Garrison

En 1805, William Lloyd Garrison nacía en Newburyport, Massachusetts, en circunstancias modestas, las que empeoraron con el abandono de la familia por parte de su padre. Llevado por la necesidad, un joven Garrison encontró su vocación en la vida como periodista cuando trabajaba como aprendiz en la oficina de impresión del Newburyport Herald.

Las pasiones anti esclavistas de Garrison fueron encendidas por el cuáquero Benjamin Lundy, editor del periódico Genius of Universal Emancipation. Los dos hombres se hicieron rápidamente amigos. Pero a efectos de trabajar juntos, necesitaban resolver un conflicto. Lundy era un gradualista y un colonizacionista; es decir, deseaba eliminar la esclavitud gradualmente y establecer colonias extranjeras a donde pudiesen ser enviados los negros libres y liberados. Garrison rechazaba de plano este enfoque. En la primera edición del nuevo Genius, co-dirigido por los dos hombres, Garrison declaró:

Estas, por lo tanto, son mis posiciones:

1. Que los esclavos se encuentran facultados a la emancipación inmediata y completa;

2. Que la cuestión de la conveniencia no tiene nada que ver con la del derecho, y no corresponde a aquellos que tiranizan decir cuándo ellos pueden romper con seguridad las cadenas de sus subyugados. Del mismo modo podría un ladrón determinar en qué día o mes particular dejará de robar;

3. Que, en base a la conveniencia, sería más sabio dejar libres a todos los esclavos hoy que mañana.

4. Que, dado que una proporción muy grande de nuestra población de color nació en suelo estadounidense, están en libertad de elegir su propio lugar para vivir, y no tenemos derecho alguno de utilizar medidas coercitivas para su remoción.

Los dos hombres firmaban sus propios artículos y no asumían ninguna responsabilidad por las opiniones expresadas por el otro.

La sociedad de Garrison y Lundy estuvo condenada por un pleito legal. Después de que un esclavo gravemente golpeado buscara refugio con ellos, Garrison publicó un furioso ataque sobre Francis Todd, cuyo barco transportaba esclavos desde África a Nueva Orleans. Todd respondió con una demanda por difamación y la ganó. El empobrecido Garrison fue encarcelado durante más de seis semanas hasta que un abolicionista comprensivo pagó. En alguna parte durante el proceso, el Genius se dejó de publicar.

El 1 de enero de 1831, The Liberator surgió de las cenizas, con el lema “Nuestro país es el Mundo—nuestros Compatriotas son la Humanidad.” Garrison e Isaac Knapp eran los editores; Garrison, el director. El semanario cuidadosamente impreso se editaba en Boston, en un cuarto pequeño que hacía las veces tanto de oficina como de hogar para los dos hombres. Durante la noche, el piso se convertía en una cama. Un amistoso gato mantenía alejados a los ratones y acariciaba la calva cabeza de Garrison mientras él escribía los editoriales. Un visitante describió a Garrison trabajando:

Nunca estuve más asombrado. Todas mis preconcepciones estaban en falta. Mi ideal del hombre era el de alguien fornido, tosco, de oscura apariencia,—semejante a como representamos a un pirata. Aquí estaba un hombre reservado, apacible, y podría decirse buen mozo,—de hecho un caballero, en cada sentido de la palabra.

The Liberator, sin embargo, no permaneció hidalgamente.

La segunda edición atacó a la American Colonization Society (Sociedad de la Colonización Estadounidense), cuyas visiones eran similares a las de Lundy. La Sociedad, proclamada Garrison, estaba equivocada en sus principios y era impotente en su diseño. Garrison dedicó a The Liberator para divulgar la verdadera naturaleza de la Sociedad, especialmente la circunstancia de que muchos miembros eran destacados propietarios de esclavos, quienes deseaban deportar a los negros libres.

El ataque levantó quejas que serían lanzadas repetidamente contra Garrison. Su lenguaje era demasiado directo. Atacaba a las personas en lugar de a los principios, efectuando así una ofensa personal. En respuesta, Garrison le agradeció a Dios que nadie lo acusara de ser un tibio. A los críticos les dijo, “Tengo la necesidad de estar ardiendo por completo porque hay montañas de hielo a mi alrededor para ser derretidas.”

En cierto sentido, The Liberator apareció en un mal momento. El Appeal de Walker, un panfleto recientemente publicado por un negro libre, había aterrado a los estados esclavistas. Esta panfleto alardeaba de la superioridad negra y convocaba a la insurrección en el Sur. Como un resultado directo, en 1830, Carolina del Norte aprobó una ley para prohibir que los esclavos y los negros libres leyeran y escribieran. A todos los negros emancipados después de 1830 se les ordenó abandonar el estado en el plazo de 90 días.

El 31 de agosto de 1831, un esclavo de Virginia llamado Nat Turner instigó a una rebelión esclava en la cual mataron a un propietario de esclavos y a su familia.

Eventualmente, las víctimas de la banda de Turner excedieron las 50 personas. El Sur estalló con temor y rabia, con muchos que culpaban a los abolicionistas del norte, especialmente a William Lloyd Garrison.

Un periódico de Virginia convocó a ponerle un precio a la cabeza de Garrison; la legislatura de Georgia se hizo del dinero para ese mismo propósito. Georgetown, en el Distrito de Colombia, aprobó una ley que prohibía a cualquier negro libre tomar The Liberator de la oficina de correos bajo pena de una multa de $20 o de 30 días de encarcelamiento.

Garrison respondió tornando a The Liberator aún más radical y colocó un grabado en madera que representaba a una subasta de esclavos en el encabezamiento de The Liberator. Un residente de Georgia aseguró a Garrison que el cuadro alcanzó su objetivo: irritó a los dueños de esclavos.

The Liberator se convirtió también en una voz para los negros libres. Cuando una Sociedad Anti Esclavista de Nueva Inglaterra se formó con la meta de la inmediata emancipación, The Liberator se convirtió en su voz. De las 72 personas que endosaban la constitución de la sociedad, un cuarto de ellas eran negros, un porcentaje notablemente alto para ese tiempo y época.

En su segundo volumen, The Liberator presentó una serie de grabados en madera que ilustraban la esclavitud. Uno de ellos personificaba a mujer esclava arrodillada bajo las palabras “¿No soy una mujer y una hermana?” Este grabado encabezaba el Departamento de Damas del The Liberator y presagió una significativa controversia dentro del movimiento abolicionista—los derechos de las mujeres. Más estrictamente, ¿debería el abolicionismo abrazar la causa de las mujeres o la misma diluiría la cuestión de la anti esclavitud?

La respuesta de Garrison fue clara: el abolicionismo era una pelea por los derechos humanos, no por los derechos masculinos. Escribió:

Dos errores capitales han prevalecido extensamente, en gran detrimento de la causa de la abolición. El primero es, una propensión por parte de los defensores de la emancipación inmediata y universal a pasar por alto o depreciar la influencia de la mujer en la promoción de la causa; y el otro es, una disposición similar por parte de las mujeres en nuestra tierra a infravalorar su propio poder. Un millón de mujeres en este país se encuentran reconocidas y mantenidas como propiedad—expuestas a ser vendidas o utilizadas para la satisfacción de la lujuria o de la avaricia o la conveniencia de especuladores sin principios—sin la menor protección para su castidad—cruelmente azotada por las más triviales ofensas—y sujetas a. . . ¡severas privaciones y a la ignorancia bruta! ¿No poseen estas reclamos sobre las condolencias—rezos—caridades—esfuerzos de nuestros compatriotas blancos?

La defensa de las mujeres de Garrison fue indudablemente estimulada por tres acontecimientos. Después de que Prudence Crandall le escribiera pidiéndole consejo acerca de la apertura de la primera academia en la nación para niñas negras, The Liberator publicó el anuncio comercial de la escuela.

Crandall fue arrestada, encarcelada, juzgada en dos ocasiones, y cayo en el ostracismo por parte de la sociedad respetable. Eventualmente, la escuela fue incendiada.

Entonces Garrison asistió a la Convención Anual de las Mujeres Contra la Esclavitud en Filadelfia, en donde la sala de reuniones de las mujeres sufrió el mismo destino que la escuela de Crandall.

El acontecimiento central para los derechos de las mujeres fue la Convención Mundial Contra la Esclavitud celebrada en 1840 en Londres. Lucretia Mott, cuáquera y veterana abolicionista, acompañó a Garrison, y ambos asistieron como representantes de la American Anti-Slavery Society (Sociedad Estadounidense Anti Esclavista).

Pero los abolicionistas británicos rechazaron admitir a las representantes femeninas en el piso. Cuando se les permitió finalmente a las mujeres sentarse en la galería, Garrison se retiró del piso de la convención para unírseles.

(Mott y Elizabeth Cady Stanton estaban tan apesadumbradas por el trato recibido que organizaron la primera Convención de los Derechos de la Mujer en los Estados Unidos—en Seneca Falls, Nueva York, en 1848.)

Los abolicionistas varones estadounidenses continuaron discutiendo si correspondía incluir a los derechos de las mujeres bajo la bandera de la anti esclavitud así como también si incluir a las mujeres radicales en las primeras filas de la causa.

Algunos creían que estas estrategias aletargaban el impulso del movimiento para avanzar. ¿Las contribuciones de muchas entusiastas escritoras y voceras mujeres compensaban el retroceso social provocado por su prominencia dentro del abolicionismo? ¿Hubiesen sido los derechos de las mujeres mejor satisfechos separándolos del abolicionismo, por lo cual las mujeres se sintieron traicionadas después de la Guerra Civil? ¿Debería una causa por una sola cuestión jamás procurar expandir su mensaje?

La imposibilidad de comparar las historias paralelas—una en la cual el abolicionismo abrazaba los derechos de las mujeres, la otra en la cual no lo hacía—significa que estos interrogantes no tienen una respuesta clara. Inquietudes similares son frecuentes en los movimientos en la actualidad.

La Actividad Política

La política electoral hizo surgir su propio conjunto de controversias. El credo político del abolicionismo inicial había sido: “No voté por alguien contrario a la libertad.” Los abolicionistas habían preferido hacer circular las peticiones anti-esclavitud antes que postular candidatos, pero cuando el Congreso comenzó a amordazar a estas peticiones marginándolas sin discusión, las sociedades anti esclavistas en Nueva York comenzaron a quejarse acerca de la necesidad de un partido político contra la esclavitud.

Garrison rechazaba la política electoral. Creía que la reforma ocurriría cambiando los corazones y las almas de la gente, no a través de la política o de la ley, las que eran una forma de fuerza. Este enfoque estilo cuáquero fue denominado persuasión moral, y constituyó la base de la estrategia contra la esclavitud. Garrison concedía que si un hombre creía en el gobierno, era apropiado para él votar, pero que él mismo no podía emitir un voto con una conciencia clara.

Henry Stanton (marido de Elizabeth Cady) y Garrison se enfrentaron con esta cuestión en la reunión de 1839 de la American Anti-Slavery Society. La Sociedad se había comprometido a “influenciar al Congreso” y Stanton consideraba esto como un mandato para la actividad electoral, incluyendo el establecimiento de un tercer partido. Garrison sostuvo que había muchas maneras de influenciar al Congreso sin presentar candidatos.

La controversia vino a encabezar la siguiente reunión anual (1840) cuando los abolicionistas políticos se retiraron el primer día porque Garrison bloqueó sus esfuerzos de hacer que la Sociedad endosara una estrategia explícitamente política.

La resolución de compromiso de Garrison proponía que tanto los abolicionistas políticos como los anti-políticos siguiesen su conciencia: la misma fue rechazada.

Los desertores formaron una organización separada de la cual surgió el Partido Libertad. James Birney y Thomas Earle, los candidatos a presidente y vice, predijeron que el Partido Libertad ganaría el control del gobierno en el plazo de 20 años.

La división estableció a la política electoral como un enfoque fundamental para la anti-esclavitud. No obstante ello, la American Anti-Slavery Society resolvió:

que el de la urna de votación no es un argumento anti-esclavitud, sino uno favorable a la esclavitud, siempre y cuando esté rodeado por la Constitución de los EE.UU., la cual prohíbe todo acercamiento al mismo excepto bajo la condición de que el votante entregue a los esclavos fugitivos—suprima las insurrecciones de los negros—sostenga una representación pirata en el Congreso, y mire a los ladrones de hombres como igualmente elegibles con los amigos más verdaderos de la libertad y de la igualdad humanas para alguna o todas las dependencias bajo el Gobierno de los Estados Unidos.

Tales conflictos internos fueron suavizados parcialmente por las presiones externas que mantuvieron unido al movimiento. Las reuniones y las conferencias anti esclavistas continuaban estando atiborradas. Ministros anti esclavistas fueron atacados y arrastrados de sus púlpitos. Los abolicionistas fueron cubiertos de alquitrán y emplumados. Entonces Elijah Lovejoy, el director de un periódico abolicionista, fue asesinado por una multitud. Su muerte hizo que el norte se percatase de cuan lejos los defensores de la pro-esclavitud irían.

Garrison convocó al norte a separarse del sur. Un editorial en The Liberator comenzaba,

Una Anulación de la Unión Entre la Libertad Norteña y la Esclavitud Sureña es Esencial para la Abolición de Una y la Preservación de la Otra.

“¡Ninguna unión con los poseedores de esclavos!” se convirtió en el clamor de Garrison, y las objeciones por parte de los adeptos defensores de la anti-esclavitud inundaron a The Liberator. La desunión era una meta impráctica que lesionaría la influencia de la anti-esclavitud. Además, ¿no era un llamado a la desunión exactamente lo que el sur deseaba oír de los abolicionistas? ¿Y no era esto una bofetada al Partido Libertad, el cual estaba intentando trabajar dentro del sistema? Sin embargo, la American Anti-Slavery Society ratificó el llamado de Garrison a la desunión por 250 votos a favor y 24 en contra.

En este espíritu, Garrrison quemó públicamente un ejemplar de la Constitución, declarando, “Así perecen todos los compromisos con la tiranía.” Gritos de “amen” brotaron de su audiencia.

Ahora, tanto los radicales anti esclavistas del norte como los pro esclavitud del sur esperaban la muerte de la Unión Estadounidense.

La Secesión

Garrison favorecía la secesión del norte pero no la secesión sureña. ¿Por qué? Porque solamente las causas establecidas en la Declaración de la Independencia podían justificar la secesión; solamente la negación de los derechos inalienables podía justificar la desunión. Una disolución sangrienta pudo haber parecido inevitable pero Garrison advirtió contra ella.

Estamos volviéndonos más y más guerreros. En la medida que este espíritu prevalezca, siento que nuestro poder moral está pereciendo y perecerá. Digo esto no tanto como un Abolicionista sino como un hombre. Creo en el espíritu de la paz, y en la sola y absoluta confianza en la verdad y en la aplicación de la misma a los corazones y las conciencias de los individuos. No creo que las armas de la libertad hayan sido nunca, ni puedan serlo jamás, las armas del despotismo. Sé que las del despotismo son la espada, el revólver, el cañón, la bomba; y, por lo tanto, las armas a las que los tiranos se aferran, y de las cuáles dependen, no son las armas para mí, como un amigo de la libertad.

Los sentimientos anti-esclavitud alcanzaron un tono febril con la publicación de Uncle Tom’s Cabin (La Cabaña del Tío Tom) en 1853. Veinte mil ejemplares fueron vendidos en tres semanas, cuatro veces esa cantidad en la decimosegunda semana. Casi 500.000 copias circularon en Inglaterra solamente.

Después de solicitar una copia del The Liberator, la autora de La Cabaña del Tio Tom, Harriet Beecher Stowe, se encontró con Garrison. Ella se convirtió, en sus propias palabras, en una lectora constante de The Liberator.

Entonces un esclavo fugitivo, Anthony Burns, fue arrestado en Boston, y los abolicionistas intentaron detener su extradición al sur. El abolicionista Wendell Phillips urgió toda ausencia de violencia para ayudar a Burns. Pero la apelación al gobierno ya no era posible, porque el gobierno se había vuelto el sirviente de la esclavitud. Phillips declaró,

El futuro parece revelar un vasto imperio esclavista. Nuestra Unión, todos confiesan, debe separarse finalmente con esta cuestión. Es ahora con nueve-decimos tan solo una cuestión de tiempo.

Anthony Burns fue regresado a la esclavitud. Bajo constante presión de los abolicionistas, Massachusetts aprobó la Ley de la Libertad Personal de 1855, dificultando la devolución de esclavos fugitivos. El sur llamó a esto un declaración de desunión.

La atención nacional pronto se centró sobre si Kansas ingresaría a la Unión como un estado libre o uno esclavista—una cuestión que afectaba el equilibrio de poder en el Senado. El inmenso territorio de Kansas-Nebraska había estado cerrado anteriormente a la esclavitud bajo el Compromiso de Missouri. Pero la Ley de Kansas-Nebraska de 1854—un acuerdo pulsado por Stephen Douglas de Illinois para obtener el apoyo sureño para un ferrocarril en su estado—anuló el compromiso. Kansas se encontraba ahora en juego. Dejemos que el pueblo decida, dijo Douglas. Y de esa manera, los votantes residentes determinarían el estatus esclavista de los nuevos estados esculpidos del territorio. Las fuerzas pro y anti-esclavitud inundaron Kansas en un esfuerzo por influenciar la elección. La violencia entró en erupción; las irregularidades en la votación fueron desenfrenadas.

La elección en 1856 del Presidente Buchanan, quien era visto como un amigo de la esclavitud, encolerizó a Garrison. En la primera edición de su 27mo año, The Liberator anunció los planes para que una convención de Desunión del Estado considerase la desunión inmediata. Una resolución reveló el cambio en las actitudes abolicionistas:

Resuelto, que cuanto más pronto la separación tenga lugar, más pacífica será la misma; pero esa paz o guerra es una consideración secundaria en vista de nuestros actuales peligros. La esclavitud debe ser conquistada, pacíficamente si podemos, por la fuerza si debemos.

El pacifismo de un Garrison más joven había desaparecido.

Mientras tanto, las alianzas políticas también estaban modificándose. Algunos demócratas del norte, disgustados por la Ley de Kansas-Nebraska, se habían ido ya del partido y se habían unido con otros para formar el Partido Republicano. Entonces, en 1860, un desorganizado Partido Demócrata dividió su boleta electoral, lanzándole de esa manera la elección al relativamente desconocido candidato republicano, Abraham Lincoln. La reacción sureña fue dramática: Carolina del Sur lideró el camino y se separó. El conflicto en el Fuerte Sumter incitó a Virginia y a otros estados en el Sur superior a seguir el ejemplo.

Algunos historiadores ven a la secesión como una sobrerreacción. Es cierto, que Lincoln se había opuesto a la esclavitud pero él era un gradualista extremo, convocando a su eliminación en aproximadamente unos 100 años. Su principal preocupación era la de preservar la Unión. Lincoln había declarado:

Si yo pudiese salvar a la Unión sin liberar a ningún esclavo, lo haría. Si pudiese salvarla liberando a todos los esclavos, también haría eso. Lo que hago respecto de la esclavitud y de la raza de color, lo hago porque creo que ayuda a salvar a esta Unión.

Incluso si la esclavitud no era la causa próxima de la guerra, los abolicionistas ahora veían a la guerra como una oportunidad de terminar con la esclavitud. Garrison cándidamente le replicó a los críticos de su nuevo espíritu guerrero:

Bien damas y caballeros, ustedes recuerdan lo que Benedict en la obra dice: “Cuando dije que moriría soltero, no pensé que debería vivir hasta que estuviese casado.” Y cuando dije que no sostendría a la Constitución porque era un convenio con la muerte y un pacto con el infierno, no tenía idea alguna de que debería vivir para ver a la muerte y al infierno separarse. Por lo tanto es que estoy ahora con el Gobierno, para permitirle detener constitucionalmente los estragos adicionales de la muerte y para extinguir por siempre las llamas del infierno.

Después de la Proclamación de la Emancipación de Lincoln, The Liberator se convirtió en una virtual hoja de campaña para la reelección de Lincoln. La Decimotercera Enmienda fue ratificada en diciembre de 1865, terminando de esa manera el apoyo constitucional a la esclavitud:

Sección 1. Ni la esclavitud ni la servidumbre involuntaria, a menos que como un castigo para el crimen el cual la parte habrá sido debidamente condenada, existirán dentro de los Estados Unidos, o en cualquier lugar sujeto a su jurisdicción.

El 29 de diciembre de 1865, Garrison compuso la última edición del The Liberator:

El presente número del The Liberator es la culminación de su trigésimo quinto volumen, y la terminación de su existencia. Comencé la publicación del The Liberator sin un suscriptor, y la termino—me da ilimitada satisfacción decirlo—sin una pizca.... Tras haber trajinado en una lucha como nunca ha sido igualada en duración en la vida de reformador alguno, por casi cuarenta años he sido el blanco al cual le han sido arrojados todos los mísiles venenosos y mortales. Podría—me parece—permitírseme tomarme un pequeño descanso en mis años avanzados.

Garrison persiguió las reformas hasta el final de su vida. En abril de 1879, se encontraba recolectando dinero para establecer a ex esclavos en Kansas cuando cayó enfermo. El 23 de mayo, la voz libertaria que había sido “tan áspera como la verdad y tan no comprometida como la justicia” se silenció.

Conclusiones

¿Fue el abolicionismo un éxito o un fracaso?

Este es una pregunta natural a formularse respecto de cualquier movimiento con una meta claramente establecida, pero es difícil de responder, aún si esa meta—ej., la eliminación de la esclavitud—fue alcanzada claramente. Las tensiones provocadas por “la institución peculiar” podían haber sido tan profundas que la esclavitud habría sido eliminada ya fuese que el abolicionismo hubiese o no existido. De hecho, algunos economistas sostienen que la esclavitud fue condenada debido a que la misma se estaba tornando económicamente inviable.

Un mejor acercamiento es identificar las contribuciones que los abolicionistas realizaron a un mayor debate en curso sobre la esclavitud. Durante décadas, estuvieron a la vanguardia de identificar a la institución como ante todo una cuestión moral, no una de conveniencia política o económica.

Establecieron también la no-violencia como una estrategia primordial para solucionar los problemas sociales causados por la esclavitud y el racismo. Esta incluía la formación de sociedades y de escuelas que dieron la bienvenida a los negros como iguales, defendiendo los derechos de los negros libres y de los esclavos fugitivos en los tribunales, proporcionando refugio contra el abuso para los negros, haciendo circular la literatura anti-esclavista a un gran riesgo personal, y peticionando incansablemente a los políticos por la reforma. En síntesis, mientras gran parte de la nación amenazaba a la otra y celebraba oscuros acuerdos, los abolicionistas mantenían los principios a la vista pública y se concentraban en asistir a las víctimas individuales.

¿El abolicionismo alimentó a la hostilidad de la guerra? Hasta los años inmediatamente precedentes a la Guerra Civil, el abolicionismo fue probablemente la voz anti guerra más fuerte de los Estados Unidos. Sus técnicas no violentas enfurecían al Sur pero parece extraño culpar a aquellos que exponen un gran mal por causar la agitación: ese cargo debería ser puesto a los pies de aquellos que hacen el mal y se resisten a corregirlo. Sin embargo, los abolicionistas se unieron eventualmente al llamado para la guerra como una “solución” para la esclavitud y respaldaron vigorosamente el esfuerzo de la Unión.

Discutiblemente, en ese punto, su apoyo no apresuró una guerra que se había vuelto inevitable. Pero mantuvo a la esclavitud a la delantera como un foco político. Cuando Lincoln publicó la Proclamación de la Emancipación en 1863, la misma estaba pensada—en parte—para apuntalar el decreciente apoyo para la Unión afirmando el apoyo para los negros. Tan inadecuada como era la Proclamación, es dudoso que a los derechos de los negros se les hubiese otorgado incluso ese reconocimiento sin la persistencia de los agitadores anti esclavistas. Por otra parte, después de la guerra, abolicionistas tales como Wendell Philips condujeron la exitosa campaña para tener a los derechos de los negros incorporados en la Constitución a través de las Enmiendas Decimotercera, Decimocuarta, y Decimoquinta.

¿Hubiese podido ser eliminada la esclavitud sin el conflicto más sangriento que los Estados Unidos hayan jamás experimentado? ¿Hubiese podido la causa de la anti-esclavitud tener éxito mediante solamente la persuasión moral o el compromiso político? Gran Bretaña prohibió la esclavitud en 1800 sin una matanza. Otras naciones lograron lo mismo. Solamente los Estados Unidos precisaron de una guerra civil para liquidar a su institución peculiar. Las circunstancias dentro de los Estados Unidos pudieron haber dictado un resultado violento, o la guerra puede haber sido una opción elegida demasiado rápidamente. En cualquier caso, el abolicionismo fue una de las pocas fuerzas políticas que batallaban por un cambio en los corazones y en las almas de los hombres, no por una matanza.

El éxito o el fracaso del abolicionismo debe ser juzgado contra el interrogante más amplio de, ¿qué era posible? Al confrontar la cuestión más divisiva de la historia estadounidense, la esclavitud, el abolicionismo proporcionó la voz de la conciencia. Asistió a decenas de miles de individuos negros, dirigió a la nación hacia un reconocimiento de los derechos universales, y fue instrumental para incorporar a esos derechos en la Constitución.

Aún los “errores” del abolicionismo tuvieron consecuencias interesantes. Por ejemplo, debido a que los abolicionista varones no lucharon por incluir la palabra “mujer” en las Enmiendas Decimotercera, Decimocuarta, y Decimoquinta, el movimiento de los derechos de la mujer fue calcinado en una reacción de bronca.

El abolicionismo ¿perdura como uno de los más dinámicos y poderosos movimientos radicales que los Estados Unidos hayan producido. William Lloyd Garrison y The Liberator siguen siendo su voz.

Traducido por Gabriel Gasave


Wendy McElroy es Investigadora Asociada en the Independent Institute y directora de los libros del Instituto, Freedom, Feminism and the State y Liberty for Women: Freedom and Feminism in the Twenty-first Century.




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