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La política y la CIA
15/11/2004
Ivan Eland

Se ha tornado ahora evidente porqué Porter Goss, un político, fue designado para conducir la CIA, en una Administración que ya ha sido acusada de politizar a la inteligencia durante la guerra de Irak: para saldar viejas cuentas. Algunos funcionarios del área de inteligencia han filtrado a los medios vergonzosa—y fidedigna—información acerca de los tropezones de la administración Bush en Irak. Ahora es el momento de cobrárselo desde la Casa Blanca.

De acuerdo con un artículo de Newsday que cita a un ex funcionario senior de la CIA, quien posee contactos cercanos tanto en la Casa Blanca como en la agencia, Goss se encuentra purgando a los funcionarios del área de inteligencia de quienes Bush sospecha que son desleales o que filtran información. Para llevar a cabo esta purga, Goss ha reclutado a políticos de entre su staff parlamentario para ocupar altos cargos dentro de la CIA. Los políticos están en franco conflicto con los funcionarios de carrera senior, especialmente aquellos en el directorio de las operaciones secretas de la CIA, el cual conduce misiones de espionaje y encubiertas en el exterior. El conflicto dentro de la agencia es el peor que ha existido en muchos años.

Aunque el record de la CIA sobre estimaciones de inteligencia puede indicar profundos problemas institucionales que subyacen en la agencia, algunas cabezas precisan rodar en la CIA por sus recientes fracasos. Cortarlas podría provocar una fricción intra-institucional. Pero esas cabezas se desempeñan en los sectores de la CIA que analizan la información entrante proveniente de los espías y de los medios técnicos de recolección de inteligencia, no en el directorio de operaciones. Después de todo, aquellos analistas toleraron, y a veces asistieron de forma activa, el esfuerzo de la administración para distorsionar y exagerar la inteligencia sobre la supuesta posesión por parte de Irak de armas de destrucción masiva a efectos de justificar una invasión innecesaria. Pero por supuesto, esa no es la gente que está siendo echada. En verdad, las perspectivas para sus carreras se han visto probablemente realzadas por su buena predisposición para “jugar a la pelota” con la administración.

Jugar a la política con la inteligencia es malo para la república. Sin importar cuál sea la agenda política de una administración, la inteligencia ayuda a tener un “control de la realidad” sobre la base de fuentes más objetivas acerca de lo que está realmente aconteciendo en el mundo real. El purgar a algunos individuos de la agencia está pensado para infligir temor en los corazones del resto del personal. El realizar purgas en el área de la inteligencia, a fin de obtener las respuestas que la administración desea, conduciría a desastres políticos tales que los mismos podrían hacer lucir moderado al actual caso de Irak. Por ejemplo, ¿qué ocurriría si los agentes, los oficiales de casos y los analistas asignados a cubrir la información sobre Corea del Norte deciden que sus puestos están en peligro a menos que presenten evaluaciones exageradas sobre amenazas para apoyar una política de halcón de la administración Bush hacia esa potencia que posee armas nucleares?

Más allá de socavar los esfuerzos estadounidenses de recolección de la inteligencia está el deseo de Goss de reducir la dependencia de las conexiones con las agencias de inteligencia extranjeras para la obtención de la información y en su lugar, fortalecer los esfuerzos de recolección de la misma por parte de los EE.UU.. Los Estados Unidos, sin embargo, ganan valiosa y eficaz información manteniendo tales vínculos. De hecho, en ciertas áreas del mundo—de manera más notable en el Medio Oriente—los Estados Unidos han tenido dificultad para desarrollar un eficaz sistema de obtención de información. Pese a que reforzar las capacidades estadounidenses es algo deseable, el reclutar a agentes y oficiales de casos lleva mucho tiempo. Al reducirse la cooperación con las agencias de inteligencia extranjeras, se generará por algún tiempo un vacío de información en el futuro.

Goss podría emplear mejor su tiempo atendiendo el problema central en la agencia. La principal razón por la cual la recolección humana de inteligencia de los EE.UU. no es satisfactoria es porque la misma ha sido minada de forma crónica por una errónea asignación de los recursos conducida políticamente. Durante la Guerra Fría, la agencia invirtió fuertemente en medios técnicos de recolección de información—incluidos los programas de satélites espías de varios miles de millones—los que fueron útiles para mantener la vigilancia sobre las fuerzas convencionales soviéticas. Una vez que la Guerra Fría terminó y que el terrorismo se convirtiera en la amenaza dominante, estos sistemas se volvieron menos eficaces que los agentes humanos para detectar qué estaba ocurriendo en las pequeñas y secretas células terroristas. Sin embargo, los esfuerzos de lobby por parte de las grandes firmas industriales del área de la defensa han hecho que fondos excesivos siguiesen fluyendo hacia estos sistemas técnicos de recolección de la información. A pesar de que en años recientes más esfuerzos han sido hechos para reparar la inteligencia humana estadounidense—a la que se dejó desintegrar durante la Guerra Fría—más fondos precisan aún ser traspasados desde el lado técnico.

Resumiendo, Goss está politizando a la agencia, alienando a la organización, purgando aparentemente a la gente equivocada, reduciendo desacertadamente los contactos con las agencias extranjeras de inteligencia, y de ese modo siendo descuidado con la necesidad de una masiva reasignación de los recursos para combatir más eficazmente al terrorismo. Quedó fuera de un comienzo auspicioso como director de la CIA.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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