Por tercera vez, el presidente Joe Biden ha aludido o declarado que los Estados Unidos defenderían militarmente a Taiwán de un ataque de parte de China. En el último ejemplo, Biden lo dijo directamente cuando un periodista le preguntó: "Usted no quiso involucrarse militarmente en el conflicto de Ucrania por razones obvias. ¿Está dispuesto a involucrarse militarmente para defender a Taiwán si se diese el caso?".

"Sí", respondió Biden.

Aunque el presidente no definió técnicamente lo que significaba "implicarse militarmente", en el contexto de la pregunta, en la cual el reportero aludía a que Biden no había enviado efectivos militares estadounidenses a Ucrania, el significado de Biden fue claro. Como es habitual, la Casa Blanca intentó decir más tarde que no había nada que destacar en este asunto al reiterar que la política estadounidense hacia la isla no había cambiado. Por lo tanto, sigue reinando una política de "ambigüedad estratégica", en la que las acciones de los Estados Unidos para el caso de que China invadiese Taiwán se tornan turbias de manera deliberada. En otras palabras, con esa política, los Estados Unidos procuran disuadir a China de atacar la isla sin comprometerse públicamente a enviar fuerzas estadounidenses a una guerra directa con una gran potencia que posee armas nucleares.

Sin embargo, es la tercera vez que Biden ha llevado la retórica más allá de proporcionar armas a Taiwán para que se defienda, que es lo que exige la Ley de Relaciones con Taiwán (TRA es su sigla en inglés) y donde Biden se ha plantado en su política hacia Ucrania.

Aunque los medios de comunicación han dado mucha importancia a las declaraciones de Biden, el cambio retórico puede no significar tanto en la práctica como ellos creen. Los Estados Unidos no tienen una alianza formal con Taiwán y sólo se rige por la ley. La política de ambigüedad estratégica técnicamente le da a los Estados Unidos una forma de mantenerse al margen de cualquier guerra entre China y Taiwán, pero la realidad, incluso antes de los diversos comentarios de Biden, es que el mundo ya se encontraba esperando que los Estados Unidos enviaran efectivos militares a cualquier refriega entre China y Taiwán, arriesgándose así a una escalada nuclear.

En una situación similar, antes de la Primera Guerra Mundial el gobierno británico había hecho, sin saberlo el parlamento y el público británicos, una Entente, o alianza informal, para ayudar a Francia si era atacada por Alemania. Después de que Francia movilizara provocativamente su ejército y Alemania atacara, Gran Bretaña se vio arrastrada a una guerra costosa y catastrófica, que agotó sus recursos hasta tal punto -cuando se combinó con los costos de la aún más grande Segunda Guerra Mundial, que el primer conflicto acabó provocando- que perdió su vasto imperio. Del mismo modo, los acontecimientos y las emociones que rodean la agresión armada pueden llevar fácilmente a una política estadounidense de ambigüedad estratégica hacia una guerra caliente con China, especialmente si un Taiwán ahora demasiado confiado y con un mayor respaldo de los Estados Unidos provoca a China, como hizo Francia con Alemania con posterioridad a la Entente. Al principio, Biden parecía ser consciente de los peligros de la escalada en Ucrania, pero ahora está haciendo comentarios más imprudentes e inundando el país con aún más armas, lo que hace que la escalada siga siendo posible.

Pero, ¿por qué parece que Biden desea arriesgarse a abrir un segundo frente aumentando la retórica en torno a Taiwán? Es probable que Biden esté intentando disuadir a China de arrebatar Taiwán mientras la atención de Occidente se encuentra desviada hacia Ucrania.

Al igual que los presidentes que le precedieron, Biden está tratando de pivotar hacia Asia (sin utilizar esa frase), ya que esas economías llevan algún tiempo creciendo más rápido que Europa y otras partes del mundo. No obstante, aunque la ambigüedad estratégica no es una buena política -es probable que la realidad no sea tan ambigua- Biden debería conducir a la política estadounidense en otro sentido y dejar que Taiwán se defienda como lo está haciendo Ucrania

Taiwán, por el tamaño y la naturaleza de su economía, puede ser más importante para los Estados Unidos que Ucrania. Sin embargo, ¿vale la pena equiparar retóricamente al país con los aliados formales de los Estados Unidos, como Japón, Corea del Sur y los miembros de la alianza de la OTAN? Después de todo, ¿por qué Biden no se compromete a defender militarmente a Indonesia, un país con una economía mayor que la de Taiwán y Ucrania? Los analistas militares podrían sostener que Taiwán sería útil como el equivalente a un gigantesco portaaviones en caso de una guerra con China. Además, la guerra con este estado con armas nucleares es lo que la política estadounidense debería tratar de evitar, y comprometerse a defender militarmente a Taiwán no ayuda porque a China le importa mucho más Taiwán de lo que le importa o debería importarle a los Estados Unidos.

Al igual que la desastrosa política de expansión de la OTAN y la extravagante ayuda a Ucrania (50.000 millones de dólares y subiendo), que solicitaron los lobbies de las naciones de Europa del Este, Taiwán siempre ha tenido un poderoso lobby en Washington. Así, entre bastidores, las políticas exteriores de Estados Unidos suelen estar impulsadas por esa compra de votos interna. Taiwán no es más estratégico para los Estados Unidos de lo que lo es Ucrania, y los compromisos estadounidenses con ambos países deberían reevaluarse y reducirse.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior en el Independent Institute y Director del Centro Para la Paz y la Libertad del Instituto.